La leche ha ido perdiendo protagonismo en la alimentación de muchos adultos, desplazada en algunos casos por bebidas vegetales o por la idea de que su consumo deja de ser necesario con la edad. David Céspedes, médico, cuestiona esta tendencia y pone el foco en un componente concreto de este alimento: el triptófano y su relación con el descanso nocturno.
El especialista aborda esta cuestión al hablar de los hábitos que pueden ayudar a dormir mejor. Céspedes explica que la melatonina participa en la regulación del ciclo circadiano y señala que esta hormona se forma a partir del triptófano, un aminoácido presente en distintos alimentos. Entre las opciones que menciona aparecen los huevos, el pavo y, especialmente, la leche.
"La leche es uno de los alimentos que tienen más triptófano de todos los que comemos y la estamos quitando de en medio", sostiene el médico. Céspedes recupera así una costumbre que durante décadas fue habitual en numerosos hogares: tomar un vaso de leche antes de acostarse. Según recuerda, era algo que muchas madres y abuelas daban a los niños antes de ir a dormir.
Partiendo de esta relación con el triptófano, el médico plantea que volver a introducir un vaso de leche después de cenar podría ser una opción a considerar dentro de unos buenos hábitos de descanso. "A lo mejor nos convendría volverlo a introducir para tener mejor sueño", apunta, planteándolo como una reflexión y no como una solución aislada para los problemas de sueño.
Su defensa de la leche forma parte, además, de una crítica más amplia a algunos de los mensajes que se han popularizado alrededor de determinados alimentos. Céspedes recuerda que durante años se demonizaron primero las grasas y después el azúcar, mientras que productos tradicionales como el pan o la leche también fueron perdiendo terreno. En el caso de esta última, contrapone el consumo habitual de leche entera de décadas anteriores con la actual presencia de versiones desnatadas, sin lactosa y bebidas de soja, arroz o avena.
El médico también rechaza como un mito la afirmación de que la leche sea necesariamente mala durante la edad adulta. Durante su intervención alude a estudios sobre el consumo moderado de lácteos enteros y cuestiona que se descarte este grupo de alimentos de manera generalizada. Su planteamiento encaja con una de las ideas que repite durante la charla: evitar convertir alimentos concretos en culpables universales de los problemas relacionados con el peso o la salud.
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Céspedes tampoco reduce el descanso a lo que se come. Para organizar las últimas horas del día propone lo que denomina método 3-2-1: cenar tres horas antes de acostarse, evitar durante las dos horas previas actividades con pantallas que puedan mantener el cerebro activado y dejar de beber líquidos una hora antes de dormir para reducir las interrupciones nocturnas.
La alimentación aparece así como una pieza más dentro de unos hábitos sostenidos en el tiempo. De hecho, Céspedes desconfía de buscar soluciones rápidas mediante suplementos y defiende revisar primero las costumbres cotidianas.
La leche ha ido perdiendo protagonismo en la alimentación de muchos adultos, desplazada en algunos casos por bebidas vegetales o por la idea de que su consumo deja de ser necesario con la edad. David Céspedes, médico, cuestiona esta tendencia y pone el foco en un componente concreto de este alimento: el triptófano y su relación con el descanso nocturno.

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