La buena noticia es que el vértigo infantil y las alteraciones del equilibrio como mareo e inestabilidad en la infancia no necesariamente tiene que ser un problema de salud grave o peligroso La menos buena: que es difícil de diagnosticar como tal. Aunque afecta a cerca del 6% de los menores, muchos casos se pasan por alto. "Los niños, sobre todo los más pequeños, no logran explicar con claridad sus síntomas. Por eso se puede confundir el vértigo con problemas intestinales (náuseas, vómitos), deshidratación o incluso con problemas psicológicos”, explica la doctora Victoria Rivero de Jesús, responsable de la Unidad de Vértigo del Hospital Universitari Quirónsalud Barcelona.
Sobre sus causas, la experta explica que la más frecuente es la vestibular periférica (a nivel del oído interno). “Según los estudios más recientes, el 52,2% de los casos se debe a esta causa, siendo el vértigo posicional benigno de la infancia (VPBI) el más común a nivel individual, que, además, se considera en muchos niños un precursor de la migraña vestibular (MV). La migraña vestibular actualmente, es la primera-segunda causa más habitual de vértigo en niños, dependiendo de la población estudiada. De hecho, la evidencia refleja que aproximadamente el 33% de los niños evaluados por inestabilidad, mareo o vértigo tiene migraña vestibular”. También puede estar producido por una hipofunción vestibular (daño en el oído interno o en el nervio vestibular) o por trastornos funcionales.
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Respecto a los síntomas, la doctora Rivero de Jesús hace hincapié en la importancia de diferenciar bien las manifestaciones implicadas en el vértigo. “El vértigo propiamente dicho se caracteriza por una sensación subjetiva de movimiento (‘todo gira, todo da vueltas alrededor’); el mareo produce una sensación de aturdimiento o malestar; mientras que la inestabilidad es la dificultad para mantener el equilibrio al estar de pie o al caminar”.
Así altera las rutinas y la calidad de vida
Siendo una patología benigna, uno de los aspectos más relevantes del vértigo es el importante impacto negativo que tiene en la calidad de vida del niño a distintos niveles, según detalla la experta:
- Desarrollo motor y equilibrio. “Es el efecto mejor documentado: inestabilidad al caminar, mayor número de caídas, dificultad para correr, saltar o mantenerse sobre un solo pie; problemas para montar en bicicleta…”.
- Rendimiento escolar. Afecta a la estabilidad de la mirada y la orientación espacial, produciendo dificultad para concentrarse, fatiga durante las clases, visión borrosa al mover la cabeza, disminución del rendimiento académico…
- Actividad física. “Muchos niños comienzan a evitar deportes y acudir a parques infantiles, tienen miedo a correr y, en general, participan menos en las clases de educación física, lo que favorece el sedentarismo y limita el desarrollo físico”.
- Vida social. Los síntomas también repercuten en la interacción con otros niños, favoreciendo el aislamiento, la mayor dependencia de los padres y la disminución de la autoestima.
- Bienestar emocional. De acuerdo con la experta, diversos estudios muestran una mayor frecuencia de ansiedad, inseguridad al caminar, irritabilidad, frustración y miedo al movimiento.
La dificultad diagnóstica es otra cuestión determinante en el manejo de este problema, ya que, como subraya la especialista, con los niños es necesario unir una gran experiencia y conocimiento del vértigo con la habilidad y la empatía para interactuar con pacientes que no saben describir sus síntomas con claridad. “Por eso, con frecuencia, hay que saber leer entre líneas, adecuar las exploraciones a la capacidad de colaboración del paciente, respetar sus tiempos y crear una sinergia con él y con sus padres”.
Las pruebas diagnósticas son las mismas que en los adultos, “aunque en el caso de los niños más pequeños, las pruebas vestibulares computerizadas (VNG o VHIT, que evalúan el oído interno y el equilibrio) resultan más difíciles de conseguir, por lo que hay que adaptarlas y simplificarlas. Asimismo, la historia clínica detallada y la experiencia del especialista son sumamente importantes, y pueden orientar con precisión en el diagnóstico diferencial y el tratamiento”, dice la especialista.
Cada diagnóstico requiere un manejo diferente: “Si se trata de una migraña vestibular, los pacientes suelen beneficiarse de la educación, los cambios en el estilo de vida y, en algunos casos, tratamiento preventivo. El VPBI suele resolverse con maniobras de posicionamiento; la hipofunción vestibular responde mejor con rehabilitación vestibular, mientras que los trastornos funcionales pueden requerir una combinación de fisioterapia vestibular y apoyo psicológico”.
Por qué es tan importante el abordaje multidisciplinar
La doctora Rivero de Jesús incide en que, teniendo en cuenta hasta qué punto el vértigo afecta la calidad de vida del niño, es fundamental detectarlo y tratarlo adecuadamente en la infancia. “El objetivo no es solo eliminarlo, sino ayudar al niño a recuperar su vida cotidiana: volver al colegio con normalidad; participar en la educación física y en los deportes; jugar con otros niños, disminuir el miedo al movimiento, reducir el absentismo escolar y mejorar la confianza y la autonomía”.
“Asimismo, algunos trastornos, como la migraña vestibular o el vértigo posicional de la en la infancia pueden cambiar con el crecimiento, y por eso, un equipo multidisciplinar puede adaptar el tratamiento según la evolución del niño, así como detectar precozmente nuevos problemas o recaídas”, añade la especialista.
Tanto las dificultades diagnósticas como las peculiaridades del vértigo infantil ponen de relieve la importancia que tiene el abordaje en una unidad en la que se puede evaluar al paciente desde el ámbito de la otorrinolaringología, la neurología, la psicología y la rehabilitación vestibular. “El vértigo, el mareo y los trastornos del equilibrio en la infancia son síntomas no diagnosticados. Un mismo niño puede presentar síntomas similares por causas muy diferentes (migraña vestibular, hipofunción vestibular, vértigo posicional benigno, trastornos funcionales, enfermedades neurológicas o incluso la coexistencia de varias de ellas). Por ello, las sociedades científicas recomiendan un enfoque multidisciplinario, especialmente cuando el cuadro es complejo y persistente”.
Rivero de Jesús enumera las principales ventajas que tiene tratar el vértigo en una unidad especializada: mayor precisión diagnóstica, menos pruebas innecesarias (“permite seleccionar qué pruebas son realmente importantes, evitando exploraciones y reduciendo la ansiedad familiar”); detección de diagnósticos coexistentes, ya que no es raro que un niño presente más de un problema al mismo tiempo (una migraña vestibular junto con un vértigo posicional benigno, por ejemplo) y un tratamiento personalizado y ajustado al diagnóstico. “Insisto: el vértigo infantil está infradiagnosticado y necesita personal experimentado para detectarlo y tratarlo”, concluye la especialista.
El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para mejorar nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con Hospital Universitari Quirónsalud Barcelona.
La buena noticia es que el vértigo infantil y las alteraciones del equilibrio como mareo e inestabilidad en la infancia no necesariamente tiene que ser un problema de salud grave o peligroso La menos buena: que es difícil de diagnosticar como tal. Aunque afecta a cerca del 6% de los menores, muchos casos se pasan por alto. "Los niños, sobre todo los más pequeños, no logran explicar con claridad sus síntomas. Por eso se puede confundir el vértigo con problemas intestinales (náuseas, vómitos), deshidratación o incluso con problemas psicológicos”, explica la doctora Victoria Rivero de Jesús, responsable de la Unidad de Vértigo del Hospital Universitari Quirónsalud Barcelona.

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