Por Leandro Pérez, María Eudoxia Arango, Laura Robayo, Paul Almeida, Javier González (CCINEC /Circuito de Cineclubes Cali, DeBorondo Cultural, Cineclub Las Mujeres Hablan de cine, CineQuanon, Calimateca)
Describimos de manera general el proceso ciudadano del Circuito de Cineclubes de Cali (CCINEC) entre 2022 y 2025, como una experiencia clave de exhibición alternativa que fortaleció la circulación del cine y su acceso democrático en Cali. El CCINEC surge tras el Paro Nacional de 2021, cuando el cine ocupó calles y espacios comunitarios como herramienta de encuentro, reflexión, expresión social, política y cultural.
En este proceso se priorizó la exhibición de cine colombiano y latinoamericano, se gestionaron los derechos de las obras incluidas en sus programaciones y se establecieron alianzas nacionales e internacionales para su circulación. Entre 2022 y 2025, se propusieron 20 carteleras conjuntas y 3 muestras experimentales, a través de las cuales se realizaron 273 proyecciones en cerca de 40 Pantallas Alternas. En estos espacios circularon más de 300 obras entre largometrajes y cortometrajes, de las cuales el 53% correspondió a producciones colombianas, que fueron vistas por aproximadamente 3.200 espectadores. En cuanto a la gestión de derechos de exhibición, se pasó del 51% en el primer periodo (2022–2023) al 71% en el segundo (2024), hasta alcanzar el 100% en el tercer periodo (2025).
Más allá de proyectar películas, el CCINEC abonó el terreno para consolidar el proceso de Pantallas Alternas y posicionar la exhibición alternativa, dándole la palabra al público, a través del intercambio de ideas y el desarrollo de propuestas sobre los temas planteados en las películas, buscando formar un movimiento cultural sentipensante necesario en Cali, con eco a nivel nacional y latinoamericano.
Introducción
En Colombia, el Cineclub1 ha desempeñado un papel relevante en la historia cinematográfica del país. Las primeras iniciativas de este tipo de espacios se remontan a la década de 1940, cuando surge en Bogotá el Cine Club Colombia, uno de los pioneros en Latinoamérica. En otras ciudades, ese espíritu en torno al cine se fortaleció en las décadas siguientes. Por ejemplo, en la década de 1970 apareció el Cine Club de Cali, el cual marcó un punto de inflexión en el desarrollo del cine a nivel nacional y latinoamericano (Galindo-Cardona, 2024). Paralelamente, quienes integraban los cineclubes en el país promovieron la apropiación, preservación y difusión de la cultura y el patrimonio fílmico. Este proceso tuvo incidencia en la política pública y se materializó en el surgimiento de diversas instituciones y organizaciones, especialmente entre las décadas de 1970 y 1980, como las cinematecas en distintas regiones del territorio nacional (Arévalo y Alomía, 2014; Blanco-Adarve, 2015; Pont y Vasalle, 2019).
Actualmente, se ha gestado un nuevo tiempo para el movimiento de los cineclubes en Colombia, en un contexto de globalización y acceso masivo a las nuevas tecnologías, donde brotan cada vez más este tipo de iniciativas de participación ciudadana vinculadas a la creación y exhibición alternativa de audiovisuales. Muchos cineclubes en Colombia le apuestan a estimular la apreciación del cine nacional y latinoamericano, pero también a involucrar una especie de militancia audiovisual en los procesos comunitarios, para potencializarlos como expresión política desde el cine.
Aunque a simple vista el impacto de estos procesos puede pasar desapercibido, su contribución a la transformación social y a la ampliación progresiva de la circulación del cine en el país es significativa. Ya no se trata únicamente de exhibiciones en edificaciones cómodas o comerciales, sino de proyecciones que habitan canchas, parqueaderos, talleres de trabajo artesanal, bibliotecas públicas, casas comunales y culturales, terrazas, plazas, salsotecas, librerías y cafés independientes, entre muchas otras tipologías de espacios barriales y rurales. Esta descentralización demuestra que el cine no solo es una práctica artística, sino también un agente de construcción de paz y de fortalecimiento de la cultura ciudadana.
Particularmente en Cali, dentro del ecosistema cultural emergente y popular, ha tomado fuerza en años recientes una nueva ola de exhibición alternativa de cine. El movimiento actual del cineclubismo caleño emerge en diferentes puntos cardinales del territorio, para retomar esa gran posibilidad de encuentro y reflexión humana a través del audiovisual. A continuación, partiendo del legado histórico de la cinefilia en Cali y su vocación comunitaria, exponemos de manera general el proceso del Circuito de Cineclubes de Cali (CCINEC) entre los años 2022 y 2025, como uno de los casos que hacen parte de la exhibición alternativa local y que han contribuido al fortalecimiento de la circulación del cine y la democratización de su acceso en la ciudad.
Surgimiento y consolidación
Del encuentro entre caleños en el suceso histórico del Paro Nacional de 2021, una de las maneras de expresar la denuncia y el goce fue mediante el arte y la cultura. Los grafiteros se tomaron los muros de la ciudad, los músicos también dejaron testimonio de su sentir junto con artistas de las danzas, el teatro, la literatura, la poesía, etc., todos ellos teniendo presencia activa en los barrios populares. Por el lado del séptimo arte, en aquellos días de incertidumbre y álgida actividad política en las calles, las proyecciones de cine lideradas por diversos gestores culturales permitieron a las personas momentos de disfrute y reflexión en los andenes y parques a través de las imágenes en movimiento.
Un año después, en 2022, surgieron los primeros documentales como una forma genuina de revelar los hechos, relatos y narrativas que rodearon el estallido social (p. ej., Prohibido Protestar2). En paralelo emergió la necesidad de exhibir estas obras. En este contexto fue clave la aparición de una amplia variedad de programadores independientes que, desde un ejercicio intuitivo de curaduría y exhibición (principalmente de cine callejero), comenzaron a integrarse de manera sólida al (re)naciente ecosistema cultural y popular de Cali. En este escenario de búsqueda por ampliar la participación democrática en el ámbito audiovisual de la ciudad, a mediados de 2022 surgió como iniciativa ciudadana el Circuito de Cineclubes Cali (CCINEC), cuyo comité dinamizador estuvo conformado inicialmente por Isis y Leandro (fundadores), y Pablo (artista visual). Meses después, se articuló una convergencia de voluntades entre diversas colectividades (barriales, comunitarias, creativas, educativas, ambientales y de género) con espacios tanto fijos como itinerantes. Desde entonces, estas iniciativas han promovido la circulación alternativa del audiovisual y su acceso democrático en sectores urbanos y rurales, al tiempo que han dado visibilidad a distintos proyectos artísticos y culturales de la ciudad.
Inicialmente, cuando sus fundadores comenzaron a mapear y convocar el encuentro entre programadores alternativos de cine, la intención se orientaba principalmente hacia el ocio y la experiencia colectiva del espectáculo audiovisual. El propósito era ampliar el acceso a las proyecciones conjuntas, garantizando la participación de personas provenientes de zonas rurales y barrios populares, sin que la identidad de género, la pertenencia étnica, las posturas ideológicas o el nivel de formación en cine representaran una barrera. El objetivo era, ante todo, ofrecer un espacio seguro de exhibición y encuentro en torno al séptimo arte, promoviendo una experiencia cercana y sin pretensiones, o como se dice coloquialmente en Cali, “sin visaje”.
Dada la naturaleza política hacia la vocación comunitaria de cineclubes, gestores culturales, parches, colectividades y espacios que comenzaron a ser parte del CCINEC, la intención del ocio trascendió hacia posturas más definidas sobre el papel del cine, no sólo como un tema estético y de goce, sino como un medio de comunicación artístico que permitiría a las colectividades a través de los mensajes de las obras exhibidas proponer temas importantes de discusión en diferentes ámbitos con relación a la naturaleza y la sociedad. Es aquí cuando incluso la mediación da un salto, porque al inicio muchos no teníamos herramientas suficientes para poder generar interlocución con el público.
Cabe mencionar que no todos los que se han articulado en el CCINEC han tenido posturas políticas de vocación comunitaria; por ejemplo, se articularon en diferentes momentos: instituciones, teatros ( Sala Audiovisual, Cinemateca de UV, Alianza Francesa, Salamandra, Casa de los Títeres) y modelos de negocio como librerías independientes, casas creativas o culturales, cafés, gastrobares y hasta salsotecas (como La Esquina Caliente del barrio Obrero), que destinan dentro de sus instalaciones, espacios para la exhibición cinematográfica, y con las cuales incentivan el consumo de productos que ofertan, para garantizar una sostenibilidad. Por lo tanto, lo que principalmente ha permitido posibilitar la convergencia entre dichos procesos son las carteleras conjuntas (programación) donde se muestran las diferentes obras o contenidos que estarán en circulación en un mes determinado, y de esta manera la gente asista a los espacios, que siguen una lógica de autodeterminación y autogestión, con propios códigos de ética, que incentivan el respeto para no propiciar ningún tipo de violencia hacia y dentro del público.
En julio de 2022, el CCINEC comienza operaciones con dos cineclubes articulados: Fancineros Cineclub, en la librería Oromo (en ese tiempo se ubicaba en el barrio Capri) y DeBorondo Cineclub (Itinerante). Se seleccionaron 4 películas, tres de ellas de ficción extranjeras (animación, terror y ciencia ficción) y un documental local de Carlos Mayolo (Cali, Cálido, Calidoscopio; 1985).
La manera de convocar para este momento era más de atraer a las amistades, pues no se tenía mucha idea del manejo de redes sociales digitales para ampliar la difusión y también había poca experiencia en cómo desarrollar las proyecciones.
Para septiembre de ese mismo año se habían articulado cuatro nuevos espacios de cineclub: CineQuanon (San Nicolás), Casa Mangle (El Hoyo), EnBiciArte (Santa Elena) y CasaArq (Cristales). Durante ese mes se realizó el primer encuentro local de cineclubes (Figura 2a; ver en redes), en el cual se manifestó la necesidad de coordinar una cartelera conjunta con proyecciones programadas en distintos momentos del año y de crear un perfil en redes sociales para fortalecer la difusión de las actividades. En octubre se integró La Truca (Salomia), que además realizó un taller titulado “Cómo dirigir un cineclub” (Figura 2b; ver en redes). Para noviembre se sumaron Café Macondo (San Antonio), Sala Audiovisual (San Pedro) y la Alianza Francesa (Versalles). De este modo, al finalizar el año, diez cineclubes conformaban el núcleo inicial de este ecosistema cultural.
En 2023 se aliaron otros procesos, entre los que se destacan: Cali Terror (San Antonio), Cinerrante de los Pueblos (corregimiento de La Leonera), Cineconciencia (Puerto Resistencia), Casa Alejandría (San Antonio), Café Parlante (Bretaña) y Cinestribos (Centenario). En ese mismo, año otros proyectos colaboraron con el CCINEC, no como espacios de exhibición sino para organizar otro tipo de actividades: Cinexplora, Corrinche Creativo, Jambrina Producciones y El Gabinete de los Teros, con quienes se realizó el documental “Cineclubismo Caleño, a 50 años de Caliwood”. Una de las entrevistadas que aparecen en este documental, María Eudoxia Arango de la Corporación del Nuevo Cine Latinoamericano, teje sus reflexiones entre el cineclubismo caleño de antaño y el actual. Con este documental se celebró en el mes de agosto el primer aniversario del CCINEC, con una exhibición en el Centro Cultural (en el marco de una muestra que se organizó), y posteriormente en la Cinemateca de la Tertulia, en la versión No. 15 del FICCALI, en más de 10 espacios de la propia red del Circuito y en la casa cultural MayDySpace de New York.
A finales de 2023, cuando ya había alrededor de 15 proyectos articulados, se acuña el término de “Pantallas Alternas”, porque las tipologías de los procesos de exhibición en Cali son diversas (no necesariamente son un cineclub), pero de manera común ofrecen una experiencia de apreciación del cine con una relación más estrecha e intrínseca con el público y el territorio.3
Para 2024 se habían articulado alrededor de 40 Pantallas Alternas en diferentes puntos de la ciudad (Figura 4): el cineclub Las Mujeres Hablan de Cine (San Antonio), Calimateca (Calima), Libertienda (San Cayetano), Posá Suto (Guayaquil), Casa Ninfa (Miraflores) y Cine es Telar (Alfonso Bonilla en el oriente); es importante mencionar que en este mismo año surge el cineclub Espectra (San Antonio), con el que no se han establecido colaboraciones hasta el momento, pero ha hecho un importante trabajo en términos de curaduría enfocada a temas de género y diversidades.
En 2025 algunos proyectos también desaparecieron por diversas razones (principalmente económicas), pero surgieron otros como la Casa del Poeta (San Antonio), El Rito (itinerante), Viñeta (itinerante), Sonido Popular (San Antonio), molécula (San Bosco) y se articuló con el cineclub del “círculo policultual de los viernes” (que lleva varios años en el edificio Zaccour del barrio San Pedro).
Lo anterior pone en evidencia no solo el universo de posibilidades de circulación para todo tipo de cine por las características de identidad de género, composición etnográfica y socioeconómica de una ciudad como Cali, sino también el esfuerzo económico que hacen estos procesos para garantizar una oferta cultural abierta a la ciudadanía, y cuya sostenibilidad en el tiempo resulta de gran complejidad.
Como se puede apreciar, antes, durante y después del CCINEC, la actividad cineclubista en Cali está presente, y a partir de su surgimiento se dio cuerpo y forma al movimiento cultural arraigado en la ciudad, siguiendo un modelo de “agremiación” que ha desempeñado de manera orgánica y autogestionada, el papel de articular diferentes ecosistemas culturales liderados por ciudadanos comunes en torno a la exhibición cinematográfica.
El CCINEC no ha sido un evento o espectáculo puntual del cine en la ciudad; más bien, por su génesis, las características de quienes lo han conformado y su actividad permanente en los sectores populares desde que se fundó, hace que sea tanto un proceso ciudadano con un trabajo de base en el escenario cultural, una plataforma que ha contribuido al fortalecimiento de la circulación del cine y la democratización de su acceso en Cali.
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Este artículo continuará en el post “Parte II”.
El cineclub no es únicamente una "sala de cine" alternativa, sino una manifestación de un grupo de personas y el público organizado que toma decisiones de manera democrática en su interior, independientemente de si están constituidos o no legalmente. Su base fundamental radica en el interés, ya sea de una persona o de un colectivo, que promueve el cine como medio para crear espacios de participación activa. En estos escenarios, se desarrollan diversas actividades en torno a las películas, tales como: debates, conferencias, cursos y publicaciones, contribuyendo directamente a la formación de públicos (términos en constante redefinición). Red de Cineclubes de Bogotá (2024).
Cuyos realizadores fueron Cindy Ordoñez, Valentina Calvo, Camila Munévar
José Antonio Ormeño y Lina Guerrero.
Estos espacios audiovisuales, por su naturaleza, no tienen que ser regulados como si fueran salas de cine, lo ideal es que se puedan establecer acuerdos para realizar exhibición con derechos en el marco de alianzas con otros actores de la circulación independiente, directores y casas productoras, así como tener apoyos que aporten a su sostenibilidad.

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