Arrancamos con una buena noticia.
Hace una semana lanzamos el primer benchmark de costos de producción porcina primaria de Latinoamérica y ya tenemos diecinueve respuestas de siete países, más abajo los resultados y primeras conclusiones "orientativas”. Empresas y productores que se tomaron dos minutos para aportar su información y construir algo que no existe en nuestra región.
Todavía no es una muestra estadísticamente significativa por país. Lo digo con transparencia porque prefiero decirlo yo antes que alguien me lo cuestione. Pero incluso con estos primeros datos ya empiezo a ver cosas que orientan el análisis y que confirman hipótesis que traía de mis viajes.
Necesito llegar a sesenta respuestas. Con ese número tenemos una base sólida para publicar resultados por país y por tamaño de operación. Y una vez que tengamos eso, seguimos avanzando hacia benchmarks de costos de procesamiento, de transformación, hasta cubrir toda la cadena de valor porcina de la región.
Quiero pedirte algo específico. Si crees que tu costo de producción es alto en tu país, aporta. Si crees que es bajo, aporta también. Justamente los extremos son los que más valor entregan al análisis, porque son los que muestran hasta dónde llega el rango real de competitividad en nuestra región. Los promedios sin dispersión no dicen nada útil.
Son dos minutos y es anónimo. Y el resultado te va a servir para saber exactamente dónde estás parado. Al final de este correo verás los resultados preliminares…
Ahora vamos a Paraguay, porque ahí está pasando algo que merece atención.
Este país está atrayendo inversiones a una velocidad que no veíamos antes en la región. La semana pasada se anunció un frigorífico de USD 40 millones en San Pedro, de la mano de Estrellita Foods, que va a empezar faenando doscientos bovinos diarios con un plan modular para llegar a seiscientos. Es el primer frigorífico de exportación de ese departamento y viene con el respaldo directo del Gobierno.
Pero lo que más me interesa contarles es lo que está pasando en el porcino.
El Grupo Costa está ejecutando una inversión de USD 300 millones en la cadena porcina paraguaya. Más de cincuenta mil nuevas madres reproductoras se están instalando en distintos puntos del país con desembolsos que superan los USD 250 millones solo en la fase de crianza. Sumando logística, frigoríficos y ampliación de infraestructura industrial, la inversión total ronda los USD 500 millones. La Cámara Paraguaya de Industrias Porcinas proyecta que el sector va a crecer 20% este año.
Y no es solo cerdo. JBS anunció una inversión de USD 135 millones en el sector aviar paraguayo. El capital que está llegando viene principalmente de Brasil y de Europa, y está apostando por la cadena de proteína animal completa.
¿Por qué Paraguay y no otro país?
Aquí está el punto que quiero dejar claro y que va más allá de la coyuntura.
Paraguay tiene un flat tax de diez por ciento. Diez por ciento de IVA, diez por ciento de impuesto corporativo. Simple, predecible, sin capas de excepciones ni regímenes especiales que cambian cada dos años. Un empresario que quiere invertir cien millones de dólares en una planta que va a operar durante treinta años necesita saber cuál va a ser su carga tributaria en el año quince. Y en Paraguay lo sabe.
Eso se llama seguridad jurídica. Y no beneficia solo al inversionista extranjero. Beneficia sobre todo a las empresas pequeñas y medianas locales, que son las que menos capacidad tienen de absorber cambios regulatorios impredecibles o de contratar estructuras legales complejas para navegarlos.
Lo que estamos viendo en Paraguay no es suerte ni un momento afortunado. Es el resultado de reglas claras sostenidas en el tiempo.
Y esto conecta con algo más amplio que está ocurriendo en la región.
Colombia acaba de estrenar nuevo gobierno. Ecuador viene transitando su propio proceso de ajuste. Argentona y Chile enfrenta el suyo. Cada país con sus matices, sus tiempos y sus velocidades. No me interesa entrar en el terreno político de ninguno de ellos porque no es mi rol ni mi competencia.
Lo que sí me interesa es lo estratégico. Nuestros países tienen recursos naturales extraordinarios, tienen talento profesional de primer nivel y tienen empresarios dispuestos a arriesgar capital. Lo que muchas veces falta es un marco de reglas que permita que ese talento y ese capital se encuentren durante veinte o treinta años sin sobresaltos.
Porque los proyectos que transforman una industria no se deciden en un año. Un frigorífico se paga en quince. Una granja de 3000 madres se paga en muchos años y planta de transformación con marca propia necesita al menos una década para consolidarse. Y nadie compromete ese capital si no puede proyectar el escenario regulatorio y tributario en el que va a operar.
Paraguay entendió eso antes que muchos. Y hoy está recibiendo inversión de Brasil y de Europa mientras otros países de la región, con mejores condiciones productivas en algunos casos, siguen esperando.
La lección para nuestra industria es directa. La competitividad no se construye solo en la granja. Se construye también en el marco donde esa empresas porcina opera. Y ese marco lo definen decisiones que muchas veces sentimos lejanas pero que terminan determinando si el capital llega o se va a otro lado.
Ojalá que cada uno de nuestros países encuentre su camino. Tenemos todo para ser regiones desarrolladas. Solo falta que las reglas acompañen al talento y las ganas que siempre las veo en muchos jóvenes empresarios...
Y hablando de construir con datos y no con impresiones, te dejo nuevamente el link del benchmark. Sesenta respuestas es mi meta ¿ayudas a nuestra comunidad?
A tu lado en el mercado del cerdo,
Reinaldo Cubillos

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