Es complicado expresar como funcionan los mercados, como asistimos a máximo histórico tras máximo en la bolsa, como los recursos bajo tierra cada vez son menores y como la economía sigue disparada y a la vez concluir que todo el proceso solo es una huida hacia adelante, una vez comprobada la irreversibilidad del desenlace.
Pero vamos a intentarlo.
Esta semana hemos asistido a una intervención conjunta entre EE.UU. y Japón para defender el yen de los malvados especuladores. Aconsejo leer este artículo que lo expresa con sencillez y del que extraigo este pasaje.
“».
Los gobiernos de Estados Unidos y Japón han actuado conjuntamente para intentar apuntalar el valor del yen en los mercados de divisas globales. La forma en que lo hicieron contiene una pista sobre los objetivos de Estados Unidos y tiene algunas implicaciones preocupantes para los mercados globales… Los dos gobiernos parecen haber utilizado herramientas complementarias. La Reserva Federal de Nueva York, actuando en nombre del Tesoro, supuestamente vendió euros para comprar yenes. Mientras tanto, el Mecanismo de Recompra de Autoridades Monetarias Extranjeras e Internacionales (FIMA) de la Reserva Federal proporcionó a las autoridades japonesas una forma de pedir prestados dólares contra valores del Tesoro en lugar de vender esos valores directamente. En efecto, el Tesoro de Estados Unidos estaba actuando para fortalecer el tipo de cambio yen-euro. Aparentemente logró su objetivo de fortalecer el yen en los mercados de divisas globales, sin que el gobierno japonés vendiera deuda pública estadounidense a gran escala… Un funcionario del Tesoro le dice a Axios que la acción fue una respuesta a la velocidad y el desorden de la venta masiva de yenes, y tenía como objetivo evitar que esa inestabilidad se propagara. 'Los mercados están tratando esto como un problema de divisas, pero es mucho más grande que eso', Nigel Green, director ejecutivo de La firma de consultoría financiera deVere Group escribió: «Cuando dos de las economías más grandes del mundo entran juntas al mercado por primera vez en más de una década, les están diciendo a los inversores algo sobre la tensión que se acumula bajo la superficie del sistema financiero global, no solo sobre un tipo de cambio”
Como se puede ver, Japón tiene un problema. Sus tipos de interés son demasiado bajos para que los extranjeros financien su enorme deuda y al mimo tiempo, tienen un déficit comercial que les supone una necesidad de dólares para comprar sobre todo petróleo y gas. La salida de divisas presiona el yen y este se va devaluando poco a poco. Hay alguna “solución” pero todas son “malas”.
1º) Subir tipos de interés para atraer inversión extranjera. Con la deuda que acumulan es una decisión muy negativa, por el incremento de los costes financieros.
2º) Vender dólares y comprar yenes. Esa venta se puede hacer a partir de los bonos estadounidenses, puesto que Japón es el país extranjero que más importe tiene acumulado en bonos USA, pero claro, si vende, la rentabilidad de los bonos de EE.UU. se dispara.
3º) El sistema de ayuda que ha preparado Bessent. En principio ha vendido euros para comprar yenes pero eso solo es temporal. La parte importante del plan es facilitar un acceso a financiación en dólares para Japón (mediante el FIMA comentado antes), utilizando como seguro la posesión de bonos USA en manos de Japón. Esto permite no vender los bonos, pero evidentemente no resuelve el problema del déficit comercial, ni de la inmensa deuda, solo gana tiempo sin perjudicar a EE.UU. (excepto que siguen emitiendo dólares gratis).
Estamos hablando del sistema financiero de Japón, pero ya podemos imaginar que el resto del mundo endeudado (pongamos Europa , China, EE.UU.) tiene un problema semejante, que no se puede resolver, sino que la impresión repartida entre países, solo contribuye a incrementar la masa monetaria hasta que todo explote.
Esta semana ya hemos comprobado otro impacto asociado a la impresora. El precio de los metales preciosos se ha disparado de nuevo, porque la solución del dinero gratis tiene efectos colaterales.
Entre medias, la factura energética no deja de crecer. Gas, petróleo o sistemas electrificados renovables (cobre) siguen exigiendo su pago y si le sumamos la inversión en centro de datos e IA, con su apéndice energético, la factura alcanza costes dramáticos.
De momento, el sistema financiero mundial sigue proveyendo de las necesidades monetarias. El riesgo está totalmente controlado y el indicador que sigo , está mejor que nunca.
La curva importante está en el gráfico de la derecha. Es el diferencial entre los bonos de riesgo y los bonos estatales USA, cuya curva marca 2,71% de diferencia , en claro mínimo. Los bancos siguen prestando con fluidez, la liquidez es abundante y los mercados pueden evolucionar al alza, porque el suministro de dinero no cesa.
La parte negativa de este proceso es que si el aporte monetario es superior al crecimiento económico, se crea inflación, aunque esta se desvanezca si parte de este exceso monetario acude a mercados que no aportan esa inflación. Vamos que si no le llega al individuo promedio, el efecto de ese exceso se licua convenientemente, durante muchísimo tiempo.
Pero, entonces el problema es la energía.
Mientras el exceso monetario permita extraer los recursos necesarios para sostener el crecimiento, aunque esa producción agote las reservas completamente, el sistema sigue funcionando.
Por eso, las guerras , tanto la de Ucrania-Rusia-OTAN, como la de Irán, son importantes porque limitan la cantidad de gas-petróleo. Hemos utilizado los amplios inventarios que tenía el sistema, pero ya no tenemos suficiente, por lo que la reapertura de Ormuz es obligada para no colapsar el suministro.
Lo que nos está llegando de la zona es que Irán quiere cobrar un peaje y además impedir el paso de transporte estadounidense hasta que no paguen indemnizaciones de guerra. EE.UU. va a aceptar lo que le pongan, con tal de abrir el estrecho, por más que Irán acepta un periodo de 60 días sin cobrar nada, para el desminado de la parte interior del estrecho. Este periodo, permite regularizar de nuevo el suministro, aunque no reponer inventarios.
Los precios caerán, como ya lo hicieron tras la firma del memorándum y eso permite a la administración USA ganar tiempo.
Por otro lado, los precios del cobre se han situado esta semana en nuevos máximos históricos. Estamos tratando de sustituir un suministro de energía que se está agotando (con una tasa de reposición claramente insuficiente) por otro recursos con las mismas dificultades.
El sistema presenta un serie de riesgos insoslayables. Exceso de deuda, agotamiento de los recursos, guerras por el suministro energético y los límites de una complejidad que ya amenazan el funcionamiento de los sistemas.
Esta semana ha quedado patente este último punto. Parece que EE.UU. ha agotado gran parte de su arsenal de interceptores (Ucrania directamente no puede derribar ningún misil ruso por esa escasez suprema) , y la reposición al ritmo requerido para mantener una guerra equilibrada es totalmente insuficiente por esa complejidad.
Parece que las empresas suministradoras de ese tipo de armas, tienen un restricción logística al depender de 400 proveedores. La explicación sirve tanto para las armas , como para los miles de procesos que se encuentran repartidos por todo el mundo, lo que impide su fabricación si falla un solo componente. Tomen buena nota, porque este tipo de problemas se van a acentuar en el futuro, en todos los sectores.
“Una de las principales razones es la complejidad de la cadena de suministro. Un misil Patriot se compone de piezas provenientes de cientos de empresas. Lockheed trabaja con más de 400 proveedores, y muchos de ellos también suministran componentes para otros programas militares. Esto significa que el aumento de la producción de misiles Patriot suele afectar a otros proyectos de defensa que compiten por los mismos materiales y piezas.
Algunos componentes son particularmente difíciles de reemplazar. Ciertos sistemas electrónicos dentro del misil dependen de tecnología antigua que ya no se produce en masa, lo que obliga a los fabricantes a obtener equipos especializados de proveedores extranjeros.
Otro desafío radica en el buscador del misil, el dispositivo ubicado en la sección frontal que ayuda al interceptor a encontrar y rastrear objetivos entrantes. Actualmente, la producción de este componente clave se realiza en una sola planta de Boeing, lo que genera otro cuello de botella en el proceso de fabricación.
Las empresas de toda la cadena de suministro están intentando acelerar los procesos. Boeing afirma haber introducido más equipos robóticos y ampliado su red de proveedores para aumentar la producción de sensores.
L3Harris, proveedor de motores para cohetes, también está trabajando para ampliar su capacidad de fabricación.
Sin embargo, los ejecutivos de la industria afirman que producir más misiles no se trata simplemente de fabricar más de una sola pieza. “Se necesita que todo el ecosistema esté alineado”, declaró Chris Kubasik, director ejecutivo de L3Harris, en una reciente conferencia para inversores, según recoge el WSJ. “Si cuadruplicamos la producción de un misil, tenemos que cuadruplicar las carcasas. Tenemos que cuadruplicar los ignitores, las válvulas, los aceleradores. Es una gran oportunidad”.
En definitiva, estamos al borde del colapso (me da igual si estamos hablando de uno tres o diez años) como consecuencia de la insostenibilidad del sistema, bien sea por agotamiento de los recursos o por la combinación de escasez, deudas y complejidad.
Lo que estamos haciendo es intentar postergar el momento, usando todas las herramientas disponibles (emisión monetaria infinita, guerras por lo recursos, extracción sistemática sin reposición adecuada y uso de todas las fuentes energéticas accesibles), con la intención de encontrar una solución mientras ganamos tiempo.
Pero como se puede ver, las guerras (inicialmente cortas en su previsión) empiezan pero no terminan, los problemas de deuda no solo no se resuelven sino que se hacen más grandes y la complejidad comienza a aplicar la ley de Liebig (dificultando sobremanera el suministro de determinados productos). Este tipo de problemas se van a superponer, hasta que en determinado momento, el colapso no solo sea predecible, sino irreversible.
Muchos analistas discuten el tipo de decrecimiento que viviremos cuando se agoten los recursos, pero estudiando la tendencia hacia el agotamiento total antes de ceder en el mantenimiento del status social, no creo que deba quedar ninguna duda del resultado final. En todo caso, lo iremos viendo …
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