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Querido Draculario · Aug 19, 2026

19 de Agosto

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Marla Hectic · Querido Draculario

DIARIO DE MINA MURRAY

19 de Agosto

¡Estoy extasiada de felicidad! Incluso si no todo es Felicidad. Al fin, noticias de Jonathan. Mi querido amigo ha estado enfermo, por eso no ha escrito. No tengo miedo de pensarlo o decirlo, ahora que tengo la certeza. El Señor Hawkins me ha hecho llegar la carta, así como escrito otra él mismo, vaya, tan amablemente. Voy a marcharme por la mañana a visitar a Jonathan y atenderle si así fuera necesario, y para traerlo a casa. El señor Hawkins dice que no sería una mala cosa si nos casáramos allí. He llorado sobre la carta de la Buena Hermana hasta que esta se sentía húmeda contra mi pecho, donde aún reposa. Si es de Jonathan, debe entonces estar junto a mi corazón, pues él mismo está dentro de mi corazón. Mi viaje está totalmente organizado y mi equipaje listo. Solo me voy a llevar una muda; Lucy llevará mi maleta a Londres y la guardará hasta que mande a por ella, por si fuera que… Debo dejar de escribir, debo guardar estas palabras para Jonathan, mi marido. La carta que él ha visto y tocado debe confortarme hasta que nos reencontremos.

DIARIO DEL DOCTOR SEWARD

19 de Agosto

Extraños y repentinos cambios han ocurrido en Renfield la pasada noche. Sobre las ocho, ha empezado a agitarse y oler como un perro asentándose en un territorio. Mi ayudante se ha quedado pasmado por su actitud y, conociendo mi interés en él, me ha alentado a hablar con él. Suele ser muy respetuoso con mi ayudante, incluso servil a veces, pero ayer noche, me cuenta mi hombre, ha sido bastante altanero. No se ha rebajado a hablar con él en ningún momento. Todo lo que decía era:

«No quiero hablar contigo: ahora ya no importas. El Amo está al llegar».

Mi asistente cree que algún tipo de repentina manía religiosa le ha poseído. Si es así, debemos estar prevenidos contra posibles «tempestades», pues un hombre fuerte con manías tanto homicidas como religiosas puede ser peligroso. Se trata de una combinación terrible. A las nueve le he visitado yo mismo. Su actitud hacia mí ha sido la misma que hacia mi asistente; en su auto-determinación sublime las diferencias entre mi propia persona y mi asistente parecían ser nulas para él. Aparenta ser manía religiosa y pronto empezará a pensar en sí mismo como Dios. Estas distinciones infinitesimales entre varios hombres son irrisorias para un ser omnipotente. ¡Oh, cómo estos locos se dejan llevar! El verdadero Dios presta atención al más insignificante de los gorriones al caer, pero el Dios creado por la vanidad humana no ve diferencia alguna entre águila y gorrión. Oh, ¡si tan solo los hombres comprendieran!

Durante media hora o más Renfield ha continuado excitándose más y más. No tenía intención de seguir observándolo, pero he continuado haciéndolo de todas formas. En cierto momento esa mirada furtiva ha invadido sus ojos, la misma que se ve siempre que un loco abraza una idea, acompañado con un sospechoso cabeceo y espasmo que los asistentes del manicomio ya conocen bien. Se ha quedado muy callado, para sentarse en la esquina de su cama con resignación, y su mirada se ha perdido en el infinito, con sus ojos sin lustro observando el espacio. Pensé que podría descubrir si su apatía era real o tan sólo fingida y he tratado de hacerle hablar de sus mascotas; un tópico que siempre ha conseguido atraer su atención. Al principio no ha parecido tener intención de responder, pero finalmente ha dicho, malhumorado:

–¡Haga lo que quiera con ellos! ¡No me importan lo más mínimo!

–¿Qué? –he dicho–. ¿Me está diciendo que no le importan sus arañas? –Las arañas son su actual interés y el cuaderno se está llenando de columnas de pequeñas figuras. A esto, ha respondido enigmáticamente:

–Las damas de honor regocijan los ojos que esperan la llegada de la novia, pero cuando esta entra en escena… Entonces, las damas no brillan por los ojos que ya están plenos.

No se ha explicado mejor, permaneciendo en su lugar obstinadamente sentado en su cama todo el tiempo que he permanecido junto a él.

Esta noche estoy cansado y bajo en ánimos. No puedo salvo pensar en Lucy y en cómo de diferentes las cosas podrían haber sido. Si no consigo ya dormirme… Cloral, el moderno Morfeo (¡C2HCl3O - H2O!). Debo tener cuidado de no convertirlo en un hábito. No, ¡no debo tomarlo hoy noche! He pensado en Lucy, y no debo deshonrarla mezclando ambas cosas. Si así debe ser, permaneceré hoy en la vigilia…

Más tarde

Me alegro de haber tomado esta decisión; aún más de haberla mantenido. Me he tumbado de aquellas maneras y, cuando el reloj había sonado tan solo dos veces, el vigilante nocturno ha venido a verme, mandado desde el pabellón inferior, para comunicarme que Renfield ha escapado. Me he vestido y corrido escaleras abajo a la par; mi paciente es demasiado peligroso para ser parsimonioso. Esas extrañas ideas que tiene pueden resultar en poner en peligro a terceros. Mi asistente me estaba esperando. Me ha dicho que le había visto menos de diez minutos antes, aparentemente todavía dormido en su cama, cuando ha mirado a través de la ventanilla para observar el cuarto desde la puerta. Le ha llamado la atención el sonido de una ventana al ser forzada. Ha corrido de vuelta, y ha visto sus pies desaparecer a través de la ventana y me ha mandado llamar inmediatamente. Renfield lleva tan solo su ropa de noche, por lo que no puede haberse ido lejos. Mi ayudante es un hombre corpulento, por lo que no ha podido atravesar la ventana. Yo soy delgado por lo que, con su ayuda, he salido por la ventana (aunque haya tenido que ser con los pies por delante) y, como tan solo estábamos a unos pocos metros sobre el suelo, he podido caer sin hacerme daño alguno. Mi asistente me ha dicho que el paciente se ha ido hacia la izquierda en línea recta, así que he corrido todo lo rápido que he podido. Mientras atravesaba el anillo de árboles he visto una figura blanca escalar la alta pared que separa nuestros terrenos de los de la casa desierta.

He vuelto lo más rápido posible, encomendado al vigilante que seleccionara a tres o cuatro hombres inmediatamente y me siguiera a los territorios de Carfax, en caso de que nuestro amigo fuera peligroso. He cogido una escalera para mí mismo y, a través del muro, me he dejado caer al otro lado. He podido ver la figura de Renfield mientras desaparecía detrás de un ángulo muerto de la casa, así que he corrido tras él. En el lado más alejado de la casa, me lo he encontrado apoyado contra la vieja puerta de la capilla de roble con fijas de metal. Le estaba hablando, aparentemente a alguien, pero tenía miedo de acercarme lo suficiente como para poder escuchar lo que estaba diciendo, por no hablar de que podría asustarle, haciendo que huyera. Seguir a un enjambre de abejas errático no es problema alguno comparado con seguir a un lunático desnudo, ¡cuando este decide escapar! Tras unos pocos minutos, sin embargo, pude ver que no se fijaba en nada en torno a sí mismo, por lo que me aventuré a acercarme… más aún cuando mis hombres hubieron atravesado el muro y le fueron rodeando. Le pude oír decir:

–Estoy aquí para hacer cumplir su parecer, Amo. Soy su Esclavo y Usted me recompensará, por lo que debo serle fiel. Le he adorado desde el Tiempo y la Distancia. Ahora que está Cerca, aguardo sus Órdenes y Usted no me obviará, ¿verdad, querido Amo, en la Distribución de sus bendiciones?

En definitiva, parece que en el fondo es un mendigo egoísta. Cree en los panes y los peces, incluso si no cree en su Verdadera Presencia. Sus manías se combinan en una sorprendente mezcolanza. Cuando nos hemos acercado a él, ha luchado como un tigre. Es extremadamente fuerte, más cercano a una bestia que a un humano. Nunca he visto a un lunático con tal paroxismo de rabia antes, y espero no volverlo a hacerlo. Ha sido una bendición que nos hayamos dado cuenta del alcance de su fuerza e ira a tiempo. Con una fuerza y determinación como las suyas, podría haber causado verdadero daño antes de ser encarcelado. Ahora está asegurado en todos los sentidos. El mismísimo Jack Sheppard[1] no podría liberarse de la camisa de fuerza que lo mantiene retenido y le hemos atado a la pared de un cuarto acolchado. Sus gritos son a veces terribles, pero los silencios que les siguen son aún más mortíferos, pues todo en él ahora significa muerte violenta.

Justo ahora habla de forma coherente por primera vez:

–Debo ser paciente, Amo. Viene…viene… ¡está llegando!

Así que pillé la indirecta y me marché también. Estaba demasiado excitado como para dormir, pero este diario me da tranquilidad y siento que por fin podré dormir esta noche.

[1] No confundir con el atormentado protagonista de Perdidos (además, en este contexto tendría que haber hablado de Sayid, Desmond o Kate). El Jack Sheppard que podría haber conocido era un criminal inglés famoso más que por sus crímenes como tales por escaparse de múltiples prisiones durante el Siglo XVIII.

Le apodaban Honest Jack, pero muy honest no da la vibra la verdad….

Read the original on queridodraculario.substack.com

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