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Santiago capítulo 5, a partir del versículo 7. Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia y afirmar vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros para que no seáis condenados. Y aquí el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. Y aquí tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.
Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento, sino que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación. ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras y oró fervientemente para que no lloviese y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.
Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto. Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados. Una palabra muy adecuada para que podamos ir ahora a Efesios capítulo 4 y leamos los dos últimos versículos del capítulo. Efesios 4, versículos 31 y 32. Quítese de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia. Antes, sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. El apóstol Pablo, en esta sección de su carta, de su mensaje, vuelve una vez más a algo que ya había tratado, y lo hemos leído en unas líneas anteriores, como podéis ver en el capítulo 4, que hemos leído 25.
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad. O el 29, ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca. Y como hemos dicho, cada una de esas partes que hemos estado viendo comienza con una parte negativa, continúa con la parte positiva u óptima que deberíamos de buscar y de una aplicación. Aunque en estos dos versículos tenemos un giro un poco diferente, pero sigue más o menos la misma línea y enfatizando algo que ya hemos señalado. Ahora bien, aunque aquí en estos dos versículos se está hablando de lenguaje, va a ir más a la actitud que produce ese lenguaje, que produce ese carácter o esa situación. que se nos describe tan claramente en el versículo 31. Veréis.

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