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El noble arte de no querer rendirse · Jun 3, 2026

#91 La soledad: ¿amiga o enemiga?

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Pedro Galván París · El noble arte de no querer rendirse

Estas líneas no están hechas para las personas mayores que están solas. A esas por favor, si las tenéis cerca, dedicadles un momento porque si los que somos un poco más jóvenes nos sentimos algo perdidos con tanto cambio, imaginen a alguien mayor.

La soledad escogida voluntariamente es maravillosa, la soledad obligada es una enfermedad que las farmacias no tienen pastillas para curar y hay muchos factores que la pueden producir.

Por otra parte, en las organizaciones modernas aparece una forma silenciosa de aislamiento: la soledad del profesional que trabaja rodeado de otros, pero que siente que no puede confiar del todo, ni compartir del todo. El miedo a que te copien, a perder valor, o a que la inteligencia artificial haga tu trabajo, está creando una cultura invisible de protección y distancia.

Que se rían de ti porque lo has intentado te hace recluir en tu soledad. Las organizaciones deben crear procesos para que los valientes no tengan miedo sino premios.

En ese contexto, muchas empresas están llenas de actividad, pero vacías de reflexión. Se hacen cosas constantemente para no parar, porque parar implica pensar. Y pensar, hoy, se ha convertido en un riesgo emocional.

Veo muchos profesionales que tienen miles de reuniones y cuando les pregunto ¿y tú cuánto tiempo usas para pensar? Y la mayoría se me quedan mirando con una sonrisa complicada sin encontrar una respuesta que no les avergüence.

Pensar es recordar lo que no hicimos, imaginar lo que podríamos ser, planificar lo que aún no sabemos si seremos capaces de lograr.

Pero el verdadero problema no es solo organizativo, es humano. Hay personas que no soportan el silencio porque en él aparecen sus pensamientos, sus dudas y sus “fantasmas”. Por eso llenan cada minuto de reuniones, tareas y estímulos. No por productividad, sino por evitación. Evitan encontrarse consigo mismos y a lo mejor decirse “pues debería mejorar en esto o en lo otro”

Sin embargo, la madurez profesional y personal no llega cuando eliminamos esos fantasmas, sino cuando aprendemos a convivir con ellos. No todos los miedos desaparecen, ni todas las inseguridades se resuelven. Pero sí podemos aprender a mirarlas sin huir, incluso a entenderlas, y a reconocer que también forman parte de nosotros y de los demás.

El primer paso es no tener miedo a escuchar el silencio.

Quizá la gran transformación de nuestro tiempo no sea tecnológica, sino interior: recuperar la capacidad de estar en silencio sin miedo, de pensar sin escapar, y de construir relaciones donde no solo se comparten resultados, sino también dudas, fragilidades y humanidad. Porque solo cuando dejamos de huir de nosotros mismos, dejamos de estar realmente solos.

Podría ser que si nos viéramos más el interior, podríamos abrazar la soledad y no verla como una enfermedad.

Read the original on pedrogalvan.substack.com

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