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Los talentos, sin por de negociar en nuestra vida, como si el mismo Dios nos hubiera dado el encargo de hacer fructificar nuestros talentos, negociar con ellos. El talento era una antigua moneda romana, de gran valor, y precisamente a causa de la popularidad de esta parábola de Jesús se ha convertido, a lo largo de la historia, en sinónimo de dote personal. El texto de San Lucas habla de un noble que al ausentarse llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda. El hombre de esta parábola representa a Jesús mismo.
Los siervos son los discípulos y los talentos son los bienes que se les encomienda. Estos talentos no sólo representan las cualidades naturales, sino también las riquezas que Jesús nos ha dejado como herencia. Las enseñanzas del Evangelio, su manera de orar, con la que nos dirigimos a Dios como Padre, los sacramentos por los que el mismo Jesús nos concede su ayuda, desde el comienzo de nuestra vida hasta el final de ella, sobre todo la Eucaristía, en la que se contiene a Dios mismo.
Todos estos son los talentos recibidos, el tesoro que Jesús entrega a sus amigos al final de su breve existencia terrena. Con la parábola de los talentos el maestro nos enseña la actitud interior con la que debemos acoger la riqueza que Dios nos ha entregado, confianza y audacia. En definitiva, la valentía que nos lleva a amar entregando lo que somos y tenemos. El holgazán, el siervo que entierra el talento y no lo hace fructífica, dice que actúa así por miedo hacia su Señor. El mismo siervo explica el motivo de su comportamiento.
Señor, sabía que eres exigente, que ciegas donde no siembras y recoges donde no esparces. Tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Por sus palabras se ve que no tiene con su patrón una relación de confianza, más bien le tiene miedo y esto le desalienta para tomar iniciativas, porque el miedo lleva a refugiarse en soluciones seguras garantizadas. Este hombre termina por no hacer nada de provecho. Esta parábola nos hace entender lo importante que es tener una idea verdadera de Dios, porque no debemos pensar que él es un señor duro y severo.
Siempre pendiente de nuestros fallos para castigarnos si nos equivocamos en nuestras decisiones.

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