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Oficio al Medio · Jun 20, 2026

#150: Libros del Cosmonauta // El castillo de los animales

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Bienvenidos a una nueva entrega de Oficio al Medio, un newsletter sobre historietas. Cada quince días, Gonzalo Ruiz y Matías Mir analizan algún cómic o alguna temática relacionada al mundo de las historietas, buscando repensar sus lecturas y conectar con otros fanáticos. En este nuevo contacto, Gonzalo celebra las últimas publicaciones de una editorial de sci-fi y Matías llama al levantamiento de las masas oprimidas.

Por Gonzalo Ruiz

Vengo con una racha de lecturas más que flojas, pero las últimas dos elevaron la puntería. Da la casualidad que vienen de una misma casa editorial, la magistral Libros del Cosmonauta. Y por supuesto que quiero hablar de ambas lecturas, una de publicación reciente y otra que pasó por debajo del radar para muchos (de hecho, Ale Comics la recomendó en un reel, y me recordó que la tenía en mi biblioteca lista para leerla), pero no sin antes un pequeño hilo de pensamientos sobre las editoriales.

Las editoriales, a esta altura sabemos, son un interesante crisol de razas. Su intención de curaduría por lo general puede partir por un género, si no por diferentes búsquedas, como la de un prestigio autoral, la de rescatar obras con más de 30 o 40 años, o simplemente la de abrazar las exploraciones experimentales de dibujantes y guionistas que van más allá de los que pasa entre viñetas y gutters. Sin embargo, la misión de Libros del Cosmonauta es totalmente clara: celebrar la ciencia ficción. Mejor aún, celebrar su versión más lúdica, más cercana a Douglas Adams que a Frank Herbert.

Desde ya, el caballito de batalla corresponde a la macroserie Roque y Gervasio, realizada por la gloriosa dupla Reggiani-Mosquito. Prometen más de 40 historias, ya van publicadas diez. Sin embargo, dentro de su catálogo, la colección más grande es la “Astronave”, dedicada a novelas cortas sci-fi, un total homenaje a los míticos bolsilibros de Bruguera, cuyas gigantescas colecciones de terror, acción y ciencia ficción en un momento estaban muy disponibles en librerías de saldo (mis respetos al ser humano que estaba detrás del seudónimo Curtis Garland, me hizo feliz más de una vez y con menos de $100). Entre rescates interesantes (H.G. Wells, Stapledon y Čapek) y publicaciones de autores locales y aledaños que firman con nombre y apellido o pseudónimo, otro guiño a la vieja Bruguera.

Dentro de esa colección hay una historieta escondida: Desacople. Diario de viaje de la astronauta Gisella O. (2024) de Hernán Cañellas, una reversión muy interesante de la idea del diario hecho historieta, como The loneliness of the long-distance cartoonist de Adrian Tomine. Por lo general, en un diario (hoy los angloparlantes le dicen “journaling”) uno anota vivencias más mundanas, personales, graciosas o no tanto (recomendación al paso: lo que hace Juampa Camarda con su “Delivery de historieta” acá en Substack). Bueno, acá tenemos fotocopias de una libreta Brügge donde, a modo de sketchbook, Gisella relata la previa y su posterior viaje al espacio, en medio de una investigación de la cual no sabemos nada excepto que está acompañada por un robot llamado OX. En el medio, se cuelan textos que dan forma al relato: algo raro pasó al momento de encontrar unas especies vegetales extrañas. No sabemos qué, pero Gisella se encuentra angustiada, totalmente incómoda con su compañía, y sabe que la misión está saliendo mal y que no va a terminar de una mejor forma.

Sin embargo, la segunda parte del libro, titulada “El informe OX”, confunde: ¿quiénes son en realidad Gisella y OX? Hablar de más sería arruinar una lectura más bien breve, porque la mayoría de los dibujos son doble splash y sin narrativa, simplemente atestiguamos lo que ve la protagonista, además de diseños de robots para despejar la cabeza. Si bien el relato, lo que mueve la historia, son textos, hay en los bocetos y en los pasajes una forma de narrar, vemos cómo la cabeza del narrador se hastía, cómo sucumbe ante lo que ignora y asusta. Uno no sabe con qué se va a encontrar y terminamos con un relato de terror sci-fi que no muestra nada, pero la inquietud pesa más. De golpe, algo tan anodino como el “diario biográfico” se convierte en un vehículo original, inteligente, para contar otra cosa. Las historietas pueden ser buenas o malas, pero me gustan cuando saber dar buenas vueltas de tuercas.

Una de las últimas novedades del Cosmonauta es El disco de oro de Fran López, otrora dupla de Federico Reggiani en la mítica Autobiógrafo de Historietas Reales1. Lamentablemente es el segundo libro que se puede conseguir y el primero “solista” del dibujante radicado en Estados Unidos, aunque aportó unas ilustraciones para un cuento de Verne publicado por esta misma editorial. Y es una pena porque López es, perdón la repetición, muy original en su estilo. Me recuerda más (y perdón una vez más y esta vez por una cipayeada) a ciertos yanquis “unders” o más bien en la tónica Fantagraphics como Noah Van Sciver o Sammy Harkham, una forma de narrar y trazar muy poco vista en este país. Esto no es algo ni bueno ni malo, simplemente una sensación personal.

El disco de oro tiene una semejanza a Pulp Fiction, analogía un poco tirada de los pelos: relatos que parecen inconexos pero, si uno presta atención (y si no, al final del cómic hay una línea de tiempo que te va a hacer decir “ah, mirá, cómo no me di cuenta”. No es ficción, me pasó), se da cuenta que “todo tiene que ver con todo”. Pero en el recorrido uno se encuentra con historias intimistas que usan en cierta forma la ciencia ficción o la fantasía, pero no es lo que termina importando. Hay viajes espaciales, pero el astronauta a la deriva prefiere quedarse con los extraterrestres que se encontró en su periplo. Hay criaturas del espacio exterior, pero que terminan adoptadas como mascotas tiernas de una pareja sin hijos. También una historia muy divertida donde un hermano ponticiano aparece posando inmóvil en formas insólitas, creyéndose parte de un designio divino. En fin, una ciencia ficción más relajada, un tanto wholesome (a falta de una mejor palabra en español) pero sobre todo con un buen timing: historias cortas que saben dónde terminar con un remate preciso, como un chiste o anécdota bien contada, repleta de delirio y dibujos de buen gusto.

La ciencia ficción, además de ser, por lo general, muy solemne con lo que cuenta, es un género muy marginado. Y uno puede decir que Star Wars y, en los últimos años, Dune, se volvieron historias más que populares, pero su enganche viene por otro lado (sobre todo Star Wars), más allá que Dune sea, a esta altura del partido, un best seller y una obra maestra a la vez. Está bien que hoy Minotauro le pertenece a un gigante como Planeta y de golpe los libros de Dick o Bradbury se consiguen con total facilidad, pero estamos hablando de figuras totémicas que eclipsan a otros autores que estuvieron ahí también pero que quedan totalmente de lado. Y tampoco es que uno hable de Bradbury como si fuera Borges, es más bien una recomendación ya redundante o de “lugar común”. Entonces, apostar por el género con originalidad es una rareza, incluso en la historieta. No estoy diciendo que no existan cómics de acá y de allá (acá tenemos bastante de hecho, con Lucho Olivera o Emilio Balcarce) que celebran al género, pero son obras que tienen, al menos, 40 años de antigüedad. No hay mucho en la novedad total (Es decir, artistas jóvenes/debutantes). Pienso rápido y está Efecto Malena o Mikrosha de Minaverry, una obra muy linda pero bastante eclipsada por la ya clásica Dora.

Libros del Cosmonauta constituye un acto de resistencia y amor hacia el género. Sea con gracia, parodia, seriedad o solemnidad, no importa. Sus puertas están abiertas para cualquiera sea la variedad del género que te atraiga. Es importante recalcar esto, así nadie se queda afuera de esta nave espacial. Por más alunizajes historietísticos.

Por Matías Mir

El castillo de los animales (Le Château des Animaux) arranca con una escena intrigante: las autoridades de la granja acusan y condenan a una gallina por “robarse un huevo”. El concepto es absurdo, y se refuerza con sus últimas palabras antes de que un pelotón de perros la descuarticen: “Era el mío”. Con esa escena de contradicción moral visceral, Xavier Dorison sienta las bases de su serie: no existe tal cosa como una gallina que se roba sus propios huevos, eso está claro. Y aun así.

Allá por el 2023 me crucé de casualidad con el Castillo, cuando habían salido tres de los cuatro álbumes que componen la serie completa, y me obsesionó por un tiempo. Esta historia de animales parlantes realistas que conviven en una fortaleza mucho tiempo después de que los humanos “se fueran” es fascinante, y no solo por los trazos impecables de Félix Delep. No podía parar de pensar en lo aguda que era la observación social de Dorison, cómo sus animales, ahora libres para establecer sus propias reglas, caen tan fácil en el fascismo, y lo difícil que se les hace salir de ahí.

La inspiración en la obra de Orwell es admitida y obvia. Incluso hay algún diálogo al pasar que plantea al Chateau como una secuela espritual de Rebelión en la granja, pero el giro fundamental que le da Dorison es que su tesis es la de la revolución no violenta.

“Quería contar una historia que demostrara que no todas las revoluciones terminan tan mal como las de Rebelión en la granja u otras. [Además,] quería hablar sobre la no violencia, y una historia de animales era perfecta para ello”.2

Pero para salir de la jaula, primero hay que ver los barrotes. En esta realidad apenas caricaturizada, el Ur-fascismo de Umberto Eco es casi un manual de uso: los animales trabajan cosechando, sembrando, construyendo o aportando su propia materia prima (huevos, lana, etc.) para llenar unas arcas que nunca pueden explorar a cambio de un sistema económico oscuro basado en botones. Su gobernador es el toro Silvio, una figura imponente, carismática y caprichosa, que ejecuta su poder a través de la fuerza y el orden, que mantiene su milicia de perros, y que insiste con que su rol es de protector de los animales contra la amenaza externa de unos “lobos” a los que nadie vio jamás (lo que Eco llama la “obsesión con una conspiración”). Ante la amenaza de una rebelión, Silvio empieza a manipular a los animales con propaganda disfrazada de educación para las crías y de entretenimiento para los mayores.

El punto de inflexión aparece con la llegada de una rata errante al castillo. A través de la ficción y la comedia, fascina a los animales con la idea de que su condición no es natural, que otras formas de organización social más justas son posibles, y eso enciende la chispa de la rebelión en Miss B, una gata blanca que busca un futuro mejor para sus hijas. A partir de ahí, empieza una historia precisa y trágica sobre resistencia ante el autoritarismo entre los muros de la granja.

La clave está en el énfasis de Miss B (y del guionista) en la no violencia. Sería demasiado fácil escribir una historieta sobre la lucha encarnizada entre dos bandos, pero el desafío está en cómo hacerlo cuando tu protagonista tiene que seguir yendo a trabajar todos los días e insiste en construir un mundo mejor sin que se derrame sangre. ¿Qué herramientas tiene el animal de corral contra sus opresores más grandes y fuertes? ¿Cómo convencer a otros de que vale la pena sufrir por una causa justa? ¿Podemos imaginar una sociedad mejor que esta? Dorison no les tiene miedo a las preguntas difíciles, y tampoco se achica ante el desafío: constantemente les pone a Miss B y sus amigos todas las piedras en el camino que puede. Nunca el lector piensa “ah, bueno, así cualquiera”, nunca las cosas son convenientes para los personajes, y siempre hay más sacrificios por hacer en el camino hacia la libertad.

Desde que leí la serie originalmente hasta ahora, que finalmente se recopiló completa en español, hay dos conceptos de El castillo de los animales que me quedaron muy marcados. Primero, el del “sufrimiento digno”, la idea de que el dolor y el castigo van a ser inevitables en el enfrentamiento virtuoso contra la injusticia, y que mientras más rápido uno lo acepte (e incluso lo minimice), más fácil va a ser atravesarlo con dignidad. Y segundo, el convencimiento de Dorison de que nuestros opresores no son un “otro” ajeno a nosotros, sino que también son parte de la sociedad, la más enferma de todas. Miss B habla con los perros convencida de que ellos tienen más miedo que nadie, y hasta ve a Silvio como un animal más, uno corrompido que está llevándose puesta a toda la granja con él pero que podría aportar, como todos, al bien común. En la granja no hay enemigos, solo animales descarriados.

Hay un detalle particularmente ominoso que se presenta en el primer álbum y es que, para mantener su estilo de vida lujoso y su poder sobre los perros, Silvio hace trueques con un enigmático humano, el único que se muestra en toda la historia. Ahí la metáfora es interesante:

“Quería demostrar que las dictaduras solo sobreviven porque encuentran maneras de hacerlo desde afuera. Las dictaduras petroleras no existirían sin el oro negro. Siempre hay quienes se aprovechan de la dictadura para enriquecerse. Quería mostrar todo esto por eso. Toda esta miseria solo por unas baratijas”.

Podría seguir escribiendo sobre esta serie y tirándole flores todo el día. Lo cierto es que me inspira tanto como me frustra. La revolución de los animales es digna, y su sociedad mejora cada día por ello, pero su mundo también es pequeño, cuantificable. Por fuera de esta pared de texto, el mundo es vasto, amplio, y sus redes de poder son difusas y terribles. El toro Silvio enloquece cuando ve el símbolo de la rebelión, la margarita, pintado en sus muros, pero nosotros tenemos la libertad de pintar todas las margaritas que queramos sin que ello marque un cambio real. Estas historietas hermosas, estos textos que escribimos, no son el terreno donde ocurrirá el cambio real, pero como la rata de Dorison y Delep, pueden ayudarnos a imaginar un mundo mejor.

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¡Nos leemos en quince días!

1

En nuestro segundo libro hay una entrevista a ambos donde hablan de esa época, fin de espacio publicitario. Autobiógrafo lo consiguen gracias a Maten al Mensajero.

2

Las citas salen de esta entrevista de 2019: https://www.ligneclaire.info/xavier-dorison-2019-90377.html

Read the original on oficioalmedio.substack.com

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