Un libro que se lee una y otra vez. Un verano en el que se obsesiona con el libro. Es en la noche, antes de dormir. Se llama El interior de los colores y fue escrito por María José Ferrada. La premisa es visualmente sencilla: páginas blancas, tres o cuatro versos y un círculo de color. Amarillo, celeste, verde, rosado, azul, naranja, café, gris. Cada noche de ese verano lo leemos tres, cuatro, cinco veces. Seis, siete, ocho. Nueve, diez, once. Es un bucle casi interminable, como sus carreras de ida y vuelta en la plaza. En las primeras lecturas degusto y saboreo cada palabra. Memorizo los versos: “Mira el brote. / Imagina lo que sueña / la flor que duerme en su interior”. Pero la repetición hace lo suyo y empiezo a leer como un autómata. Pronto se convierte en el libro que más veces he leído en mi vida. ¿300, 400 veces? En su momento, durante algunas semanas del verano de 2025, fue un libro que a partir de la repetición, la cadencia, la melodía de sus versos, la variedad y la simpleza cromática, arrulló, adormeció y acunó el sueño del pequeño Leonardo. Gracias, colores.
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