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El Substack de Niki · Jul 10, 2026

Lo que he tenido que aceptar para poder comprar mi primera vivienda

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Niki the black cat · El Substack de Niki

¿Estás preparad@ para leer esto?

Te advierto que lo voy a soltar así sin más, «a palo seco».

Bien, que conste que yo te he avisado: a mis 35 años me he comprado un piso. Mi primera vivienda —y también la última—. Ya está, ya lo he dicho. De hecho, me dieron las llaves el miércoles pasado.

¿No estás flipando? Porque yo sigo sin creérmelo.

Y es que es muy diferente habitar un piso sabiendo que es tuyo. Mío, este piso es mío.

Es raro, como poco. Para empezar, se me hace raro que todo el mundo me felicite por ello.

«¡Felicidades propietaria!» me dicen o el clásico «¡Enhorabuena!». Y yo sigo sin entender por qué exactamente....

Entiendo que comprar una vivienda es una buena noticia y que, tal y como está el panorama, casi parece un milagro. Pero lo cierto es que la felicitación me produce sentimientos encontrados. Porque si acceder a una vivienda ya ha sido complicado, lo verdaderamente difícil empieza ahora: primero la mudanza, luego el acondicionamiento y finalmente, los pagos de la hipoteca cada mes sin falta.

Pero bueno, vamos al meollo del asunto: el tema de la vivienda da para largo y son muchas las personas que lo han tratado.

Hace cosa de un mes, por ejemplo, leí un artículo muy interesante de Gala Castro (@girlpope) acerca del doomspending: cómo las nuevas generaciones poníamos en práctica eso de lidiar el estrés mediante compras impulsivas no planificadas. Y también habla de la diferencia de estabilidad económica existente entre nuestra generación y la de nuestros padres, no voy a entrar en detalles —el artículo merece mucho la pena—, pero me dejó pensando.

De hecho, dejé un comentario que a día de hoy sigue volándome la cabeza. Pero, para que esto se considere un artículo y no una Note, voy a empezar desde el principio, como en los cuentos infantiles. Así es más fácil de digerir.

Pese a que prácticamente llevo más de una década con la cantinela de «En casa del herrero, cuchillo de palo. En casa de la arquitecta… ah, espera que yo no tengo casa. De hecho, por no tener, no tengo ni piso». Lo que sí tengo es un contrato de alquiler.

Lo cierto es que hasta hace bien poquito esquivaba metódicamente el tema de la vivienda, porque lo veía como algo inalcanzable, casi un mito, no te voy a engañar.

Y en abril, contra todo pronóstico, me planté en el banco junto con mi pareja para salir de dudas.

La decisión la tomamos a bote pronto, tras la renovación del último contrato de alquiler, que venía con subida de 70€, más gastos atrasados de basuras y ajustes varios que el arrendador había ido posponiendo.

Estábamos enfadados.

Así que nos dirigimos a nuestro banco de confianza —si es que existe alguno— bajo el mantra «me he cansado de pagarle la hipoteca a otro».

Yo ya era consciente de que a día de hoy muy pocos bancos financian el 100% de la compra de una vivienda y, mi banco, no era uno de ellos.

Así que eché mano de mis opciones: cambiar de banco o buscar ayudas.

Y me decanté por la que ya conocía de oídas: ICF Vivienda Emancipación (para el resto de la península, los avales ICO, que disponen de otras características).

No es exactamente una «ayuda». En realidad, es un préstamo: el ICF (Instituto Catalán de Finanzas) te permite financiar la entrada de tu primera vivienda hasta el 20 % del importe de compraventa, con un límite de 50.000 €. Y tú, no tendrás que devolver ese dinero hasta haber terminado de pagar la hipoteca con el banco. Después, dispondrás de cinco años para devolverlo en cuotas mensuales, con un interés del 0 %.

Suena bien, ¿verdad?

Lo sería si no fuese porque va en contra de las dos primeras reglas de la vida adulta:

  1. En esta vida NADIE regala NADA.

  2. Si te están regalando ALGO, es solo porque esperan ALGO A CAMBIO.

Sí, sé que apesta. Pero así es la vida.

En este caso, la condición aparece en la descripción del préstamo:

La vivienda que adquieras pasará a ser vivienda de protección oficial (VPO) PARA TODA LA VIDA o hasta que cambie el gobierno*.

Por si nunca habías escuchado el término, una vivienda de protección oficial es un inmueble cuyo precio máximo de venta, calidades de acabados y, condiciones de acceso, están regulados por la administración pública.

El objetivo es facilitar el acceso a una vivienda digna a personas con ingresos limitados, ofreciéndola a un precio inferior al del mercado.

Lo habitual es que ese régimen tenga una duración limitada llamada «periodo de protección oficial» que suele oscilar entre diez y treinta años. Durante ese tiempo no puede venderse libremente al mejor postor, sino a un precio máximo fijado por la administración y a compradores que cumplan determinados requisitos.

El problema no está en comprar una vivienda de protección oficial. El problema aparece cuando se aplica a una vivienda comprada a precio de mercado.

Voy a ponerte un ejemplo:

Mi persona allegada B se compró una vivienda en 2005. Un pisito de 90m2 útiles recién horneado —lo compró bajo plano—. Sacado de fábrica con ascensor y dos plazas de aparcamiento con trastero incluido. La adquirió bajo régimen de protección oficial durante un periodo de diez años, después de demostrar que cumplía con todos los requisitos. Pasados diez años y siendo su vivienda habitual, B podía decidir venderla en el mercado libre.

Hasta aquí, normal.

La diferencia es que, en mi caso, ese régimen NO CADUCA.

Y entonces, te preguntarás: ¿qué saca la administración catalogando las viviendas como VPO permanentemente?

Verás, la vivienda de protección oficial nació para responder al grave problema de acceso a la vivienda que sufrió España durante buena parte del siglo XX. Sin embargo, construir este tipo de viviendas nunca ha resultado especialmente atractivo para muchas promotoras debido a las limitaciones de precio. Aunque la normativa obliga a reservar parte del suelo para VPO, la oferta sigue siendo insuficiente y muchas promociones han ido perdiendo su régimen de protección con el paso del tiempo.

*Además, aunque no tenga pruebas, no dudo de ello: los periodos de protección de este tipo de viviendas varían según el gobierno del momento. Por lo que bajo el mando de un gobierno conservador los periodos son más cortos y viceversa bajo el mando de un gobierno más progresista.

La idea actual de «protección permanente» intenta evitar que estas viviendas vuelvan al mercado especulativo.

Y después de ponerte en situación y soltarte toda esta chapa, ha llegado el momento en el que te cuento las características básicas de la vivienda que voy a adquirir y bajo qué condiciones, para que compares —lo sé, las comparaciones son odiosas— y a ti también te vuele la cabeza.

La vivienda en cuestión es un pisito de unos 81m2 útiles, del año 1987 —vamos, que tiene casi 40 años—. Dispone de ascensor adaptado que se instaló después de construirse el edifico. Para poder encajarlo en el hueco de la escalera fue necesario reducir ligeramente la anchura de paso. También dispone de plaza de aparcamiento con unas buenas dimensiones y trastero comunitario para guardar los bártulos que no me quepan en el piso.

Y sí, lo he comprado gracias a la financiación conjunta de mi banco y del ICF.

¿Ahora entiendes por qué me voló la cabeza si lo comparo con B?

Desde luego, el piso no es nuevo.

Tampoco era mi intención comprar una vivienda nueva o con pocos años.

Estructuralmente me fio más de las viviendas de hace unos años que las de ahora (donde abunda el pladur y los periodos cortos de ejecución). Si hablamos del confort térmico y acústico, es otra historia.

Pero la vivienda que he adquirido ya lleva alguna que otra reforma encima de cara al confort: sustitución de ventanas existentes por otras con rotura de puente térmico, doble acristalamiento con cámara de argón, máquinas de clima recién instaladas, etc.

Así que puede que mi adquisición y la forma en la que la he obtenido no sea la mejor —no me han faltado los comentarios de «en tal banco financian al 100%» o «pero no te la quitarás de encima porque no te saldrá a cuenta venderla» o «cuando me compre una casa, será una nueva, no te ofendas…»—, pero era a lo que yo podía aspirar y, al final, es lo que me ha funcionado.

Para mí, es más que suficiente. Sobre todo, porque, ahora sí puedo decirlo: mío, este piso es mío.

No todo está perdido para los jóvenes**: si el precio de tu piso de alquiler no deja de subir, quizá sea hora de plantearte un cambio. Ya ves que en este artículo te he dado varias opciones.

** jóvenes hasta los cuarenta años, sí. Al menos para Catalunya la normativa ha dado un vuelco recientemente: han abordado el tema al percatarse de que los jóvenes retrasamos cada vez más la compra de la primera vivienda, así que una de las características para obtener la financiación del Instituto Catalán de Finanzas, es tener entre 18 y 40 años.

Si has llegado hasta aquí, te doy las gracias por leer este artículo y, si te ha parecido interesante, no dudes en dejar un comentario o compartirlo.

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Mirian.

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