“Así son las cosas en México.” Lo hemos escuchado todos. A veces para explicar un trámite absurdo, un servicio malo, una industria que no cambia, una oportunidad que se queda atorada, un proceso que podría ser mucho más eficiente, un cliente que acepta una mala experiencia porque no hay alternativa, una pyme que no tiene acceso a tecnología, una persona que no consigue crédito o una empresa que sigue operando como hace veinte años.
Pero muchas veces esa frase no describe una realidad permanente. Describe una oportunidad esperando a que alguien la ataque.
Y cuando alguien emprende, muchas veces descubre que lo que parecía una limitación estructural en realidad era un problema sin resolver. Eso es lo que hace tan poderoso al emprendimiento: cambia la conversación de resignación a posibilidad.
Cuando empezamos Nascent y comenzamos a pensar dónde veíamos las oportunidades más interesantes para construir el futuro de la región, yo pensaba que una parte muy importante del fondo —quizá 80%— se invertiría en México. No porque no viéramos oportunidades en otros países. Al contrario: Latinoamérica está llena de talento, mercados enormes y problemas urgentes por resolver. Pero sí porque tenía la convicción de que en México había una nueva generación de emprendedores lista para construir compañías ambiciosas.
Hoy, después de nuestras primeras inversiones, la realidad ha sido distinta. De las primeras cuatro compañías en las que hemos invertido, solo una tiene equipo mexicano. No lo digo como crítica. Lo digo como una señal que me ha hecho reflexionar.
Estamos viendo cada vez más talento de fuera venir a México, entender el mercado, detectar oportunidades y animarse a construir empresas aquí. Y eso es buenísimo. México debe ser un país abierto para el mejor talento del mundo. Pero al mismo tiempo, en conversaciones con otros inversionistas, operadores y emprendedores de la región, varias veces me han hecho una pregunta que honestamente no he sabido responder del todo: ¿por qué no estamos viendo a más emprendedores mexicanos construir compañías de tecnología ambiciosas?
No lo pregunto desde un lugar de juicio. Yo más que nadie sé lo difícil que es emprender y el riesgo que implica. También sé que no siempre es la mejor decisión para todos ni para todas las etapas de la vida. Lo pregunto desde otro lugar: desde la convicción de que México necesita que más personas pensemos que las cosas se pueden mejorar.
Durante mucho tiempo hemos esperado que el país cambie desde arriba. Que llegue una nueva política pública, una nueva etapa, una nueva administración, una nueva reforma, una nueva visión. Y claro que el contexto importa, pero también hay otra forma de cambiar un país: construyendo.
Construir empresas. Crear empleos. Resolver problemas. Desarrollar talento. Generar tecnología. Competir contra industrias que llevan años haciendo las cosas igual. Ofrecer mejores productos, mejores servicios, mejores precios y mejores experiencias. Y hoy México necesita mucho más de eso.
No necesitamos copiar Silicon Valley. Necesitamos construir soluciones desde México, para problemas que conocemos de primera mano, con una ambición que pueda trascender México. Y además, el contexto cambió.
La inteligencia artificial probablemente es el cambio de plataforma más importante que vamos a ver en nuestra vida profesional. Cada gran cambio tecnológico ha creado nuevas compañías: internet, mobile, cloud y redes sociales. Pero AI tiene algo distinto: no solo cambia cómo distribuimos productos; cambia cómo trabajamos, cómo programamos, cómo vendemos, cómo analizamos información, cómo atendemos clientes y cómo tomamos decisiones.
Nunca había sido tan barato probar una idea. Eso no significa que construir una gran empresa sea fácil. No lo es. Pero sí significa que el costo de empezar bajó radicalmente. Un equipo pequeño hoy puede prototipar, automatizar, investigar, diseñar, vender y operar con herramientas que hace pocos años hubieran requerido mucho más capital y mucha más gente.
Pienso mucho en la gente que está regresando de maestrías, después de haber visto otros ecosistemas, otras formas de pensar y otros niveles de ambición. Pienso en quienes ya trabajaron en startups grandes, ya vestearon y ya aprendieron cómo se escala un producto, un equipo, una cultura o una operación. Pienso en quienes están dentro de corporativos y todos los días ven procesos rotos, software viejo, clientes mal atendidos y oportunidades que nadie está tomando. Pienso en ingenieros, product managers, financieros, operadores, abogados, marketers, vendedores y expertos de industria que conocen problemas reales desde adentro.
No todos tienen que emprender. No todos deben tomar ese camino. Tampoco quiero romantizarlo. Emprender implica riesgo, incertidumbre, presión y muchas veces fracaso. Pero sí creo que hay mucho talento mexicano que podría estar construyendo y todavía está esperando el momento perfecto, la idea perfecta, el socio perfecto, el plan perfecto o la señal perfecta.
Y quizá esa señal no va a llegar. No hay una sola forma correcta de empezar. Pero sí hay algo en común: hay que moverse.
Entonces la próxima vez que escuchemos “así son las cosas en México”, quizá valga la pena preguntarnos algo distinto: ¿y si no tuvieran que serlo?
El mercado está. El talento está. La tecnología está. El capital está. La comunidad está creciendo.
Ahora necesitamos más personas dispuestas a construir. Ahora necesitamos más emprendedores mexicanos.
Si esta publicación te resuena, nos encantaría charlar!
Bernardo@nascent.vc
No posts

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.