Querido Quienseas,
Prepará el café, el té o el mate, querido Quienseas, porque esta carta va a ser larga.
Hace tiempo que sé que me quejo más de lo que hago. Que analizo más de lo que proceso, y que hago menos de lo que me gustaría hacer.
Y pensando mucho (porque de eso si hago en exceso), llegué a una conclusión, y es que tengo miedo.
¿Miedo a qué me preguntarás? Yo creo que miedo a todo. Pero por sobre todo, a crear. Y no a crear por crear. A crear a consciencia.
La última vez que charlamos te conté sobre cómo vengo intentando ser consciente a la hora de consumir contenido (ya sea redes, tele, música, etc). Pero toda esa conciencia desaparece cuando intento crear con un fin específico.
Dibujar para clientes o para pasar el rato no son un problema. Pero cuando tengo que hacerlo para proyectos personales, me genera una resistencia que no terminaba de entender de dónde venía.
Y es que el miedo es esa resistencia a salir de la zona de confort. Para el cerebro todo lo “desconocido” representa un peligro. No importa que sea imaginario, está programado para hacernos sobrevivir. ¿Pero qué pasa cuando ese modo de supervivencia de a poquito te está matando? (The draamah1, pero si).
El año pasado armé mi portfolio, y con el feedback que me dieron, me di cuenta que estaba todo un poco heterogéneo. Le faltaba cohesión, un hilo que de alguna forma cosa todo. Y, si quiero dedicarme a ilustrar libros, faltaban principalmente ilustraciones con narrativa, storytelling y continuidad visual.
Así que empecé mi año experimentando, en la búsqueda de “mi estilo”2. Probé pintar con lápiz de color por capas, hice papercut, probé nuevas formas de pintar en digital, probé mezclando dibujar en papel y pintar en digital. Y si bien muy en el fondo ya sé cuál es el proceso ganador que me gustaría seguir explorando, ilustrar cosas de la misma manera me viene costando un montón. Y no por algo de la técnica en sí. Es una traba mental.
Arranco la mañana motivada, y al final del día, me doy cuenta que me pasé todo el rato hablando más sobre procesos que viviendo mi proceso en si. Incluso ahora, escribiendo esto estoy procrastinando de “hacer la tarea” para seguir en la dirección a la que quiero ir.
Por ejemplo, sé que quiero probar un estilo más que me intriga mucho ver qué sale. ¿Vos me viste sentarme a probarlo? Porque yo no. Y lo vengo pensando hace meses.
Hace al menos un mes que vengo dándole vueltas a la ilustración de un ratón. El boceto en miniatura lo hice hace por lo menos dos meses. Tardé un mes entero en decidir si lo quería hacer en digital o en analógico, en vez de sentarme y probar. Tardé dos semanas en dibujarlo entero, y dos semanas más en terminar de pasarlo a Procreate. De pintarlo mejor ni hablemos porque me mata la indecisión sobre cómo proseguir.
Y acá es cuando me pregunto qué es lo que me genera esa resistencia gigante a sentarme a hacer. ¿Por qué paso más tiempo analizando que haciendo?
Hace un tiempo me di cuenta que venía haciendo esto mismo, pero con terapia y mi vida en general. Me es muy fácil hablar hasta por los codos de dónde salen las cosas, buscar razones y motivos y tratar de entender y racionalizar todo. Pero a la hora de vivir, quedaba todo en pausa hasta la siguiente sesión.
Con la creatividad vengo haciendo lo mismo. Y a eso le sumo el peso de no saber muy bien a dónde direccionar las energías. Me cuesta balancear las pocas horas extra del día y ver qué es prioritario, en qué hacer foco ahora, y qué puede esperar a después.
Tengo objetivos a corto plazo, a mediano plazo, y a larguísimo plazo. Y de todos esos, algunos son laborales y otros personales. Y no te miento, la lista es interminable (acá es cuando me decís que vos también sos un ser humano exagerado que también está lleno de cosas para hacer así no me siento tan demente).
Y tal vez, todos esos objetivos poco realistas, la falta de claridad y la resistencia a la hora de hacer (o exceso de distracciones y sobre análisis), son simplemente miedo a elegir un rumbo. Porque generalmente, establecer una dirección, implica que dejas otras atrás. Y tenemos solo una vida, sé qué no voy a llegar a hacer todo. Y como buena -o mala- multipotencial que se quiere dedicar a todo3 termino no haciendo nada.
Por momentos me quiero engañar y pienso en que por ahí, no quiero tanto las cosas que digo que quiero. Pero en realidad, no, en realidad, solo me falta foco y claridad mental.
La última vez que te escribí te conté que me estaba organizando con un calendario semanal en mi planchita de corcho porque Notion ya no me servía para algunas cosas. Estas últimas semanas redoblé la apuesta, y empecé a usar una plataforma (que ya usaba para mi trabajo full time) que se llama Redbooth4. Básicamente lo que hice fue separar mi vida profesional en distintos espacios de trabajo, y en cada uno fui anotando tareas que estoy o debería estar haciendo, o que quiero hacer a futuro. Y lo mejor es que se sincroniza con Google Calendar.
Hacer esto me permitió ver muchas de las ideas que venían revoloteando en la cabeza y bajó mil cambios mis niveles de ansiedad.
Ojo. Intento también explicarle a mi cerebro que haber organizado todo no es lo mismo que haberlo hecho. Cosa de que no me pase como cuando jugaba a las Barbies de chica que me pasaba horas organizando la casita, eligiendo el outfit y pensando qué iba a pasar, y lo estiraba todo hasta la hora de la cena, cuando ya había que guardar todo, y le echaba la culpa de “no poder jugar” a que justo me llamaron y había que levantar campamento.
La pregunta del título me viene dando vueltas hace rato en la cabeza. Tengo de alguna forma el cassette establecido en el cerebro de que tengo que subir algo a redes todas las semanas. Me la paso divagando pensando en contenidos que podría hacer. Que podría hacer si tuviera material, material que no tengo porque me la paso pensando en vez de actuando.
Reconocí en el último tiempo que aunque en la superficie no lo siento, en el fondo tengo muchos tipos de miedos que me retienen a hacer.
Vivir comparándome: Aunque cada vez consumo menos redes sociales5 ese poco que consumo ya me basta para compararme con otra gente. Gente que tuvo sus propios caminos, y procesos, que tiene años en el rubro, que tiene otros tiempos o condiciones socioeconómicas que desconozco por completo. Pero la cabeza es rápida para omitir todo el resto y solo comparar el resultado.
FOMO: Si, qué cliché. El otro día pensaba por qué no dejo las redes y chau, cosa de dejar de compararme con fulana y menganito, y llegué a la conclusión que más vergüenza me da admitir y que no pensé que me pasaba, y es que me da mucho fomo, o “Fear of missing out” (miedo de quedarse afuera), no estar en redes sociales. Creo que es algo que siempre me pasó, incluso pre redes sociales, no querer perderme el capítulo de la serie, no querer perderme la juntada con amigos, y demás, solo que las redes lo llevaron a otro nivel. Intento pero no puedo encontrarle sentido alguno a este miedo. No sé si es eso, o que me da una falsa sensación de conexión con el mundo exterior. Trabajar full desde casa genera un poco esta cosa de no tener contacto con nadie, viste?
Enfrentar el proceso: (O enfocarse solo en el resultado) Hay algo en la cabeza del perfeccionista de querer hacer todo bien y de una que te evita pasar por la etapa de prueba y error. Fatal para la creatividad. Me comí el cuento de que las cosas hay que hacerlas “rápido y bien”. Alguien que me defina qué significa bien en el mundillo creativo porque por lo menos yo no creo que haya una sola forma de hacer las cosas bien, aunque mi cerebro no lo sepa.
Estas tres cosas combinadas me paralizan la mitad de las veces, y me hacen procrastinar todas las demás.
Charlando con un grupo de colegas ilustradoras que me adopto hace un tiempito como nueva integrante, surgió la pregunta de “¿cuál es la intención u objetivo con el que compartís en redes sociales?”.
Pensando en la respuesta, abrí la cuenta en 2020 para motivarme a dibujar más, hacer todos los dtiys que me encontraba y ver cómo dibujaba mi yo adulto, porque hacía años que no dibujaba de dibujar6. Además porque todo dibujante en ese momento lo estaba haciendo. Fomo? Quién? Volviendo a leer esto último pienso en eso de no ser la única que no compartía en redes, en no enfrentar el proceso propio y copiar procesos o fórmulas ajenas. Pura comparación con los demás.
Me tomé los últimos días para entender por dónde quiero ir, cuáles son mis objetivos reales (no los utópicos e interminables), y tratar de hacer las paces con que lo que a los demás le sirve por ahí a mi no. Que, por ejemplo, si todos pintan con Gouache, no significa que yo también tenga que hacerlo. Y que si quiero probar, puedo probar de usarlo como le venga bien a mi proceso y no como lo haga el resto.
Vengo con esta pregunta ¿Realmente necesito irme a vivir al medio de la nada para poder vivir más lento, o puedo hacer cosas que me hagan bajar un cambio y conectar con el ritmo original del mundo sin tener que dejar a mi familia y amigos?
Parte de querer salir de las redes sociales viene de esa necesidad de evadir de alguna forma toda esta cultura de la inmediatez. Me doy cuenta cuando me siento a dibujar que vengo arrastrando una aceleración que traslado a todo, y que no me doy cuenta pero perjudica mi proceso.
¿Probaste alguna vez sombrear con lápiz? Intentá hacerlo rápido, y volvé a hacerlo pero esta vez lento, consciente de dónde apoya cada trazo. Te juro que hace toda la diferencia del mundo.
Soy muy fan de Beatrix Potter. De chica teníamos varios cuentos en casa que nos leían antes de ir a dormir, y las ilustraciones nunca dejaron de enamorarme. Con los años conocí el trabajo de otras ilustradoras, similares y otras no tanto, Briony May Smith, Anna Wilson, Rebecca Green, Claire Keane, Emily Hughes, Clare Therese Grey, son solo algunas.
Atando cabos, sus ilustraciones, y las de Beatrix, tienen como un algo tranquilo, lento, y fluido que se nota en los trazos. Acá es dónde me doy cuenta que para bocetar rápido no tengo problemas. Pero cuando hay que pasarlo en limpio, cuando el proceso se realentiza para darle lugar al detalle, ahí es donde más me trabo. Y creo que es por esta cosa de vivir acelerada, que me genera mi propia ansiedad, el vivir en la ciudad, la inmediatez de las redes sociales, y hasta los timelapses que te hacen creer que todo se hace en un cuarto del tiempo de lo que realmente llevó.
Contarte todo esto no hace que me de menos miedo, al contrario. Hasta me hace sentir un poco tonta por confiar tan poco en mí, y encima, contarlo. Pero más allá de eso, y resumiendo un poco:
Estar más organizada no me saca el pánico a crear, pero me da claridad. Y es un pasito chiquito más para entender hacia dónde quiero ir, e ir dando esos baby steps.
Aceptar que tengo miedo, abrazar mi lado vulnerable, me hace ser más compasiva, y de alguna forma me hace querer ser más responsable con mi propio proceso.
Contarte esto te vuelve mi accountability partner virtual, y veremos si la próxima vez que te escriba, hice algo al respecto, o si al final del día sigo siendo puro bla bla.
Hay mil miedos dando vuelta en el mundo. Así como Elizabeth Gilbert dice que las ideas nos eligen como portadores para llevarlas a cabo7, los miedos también se nos pegan, como la gripe. Y por ahí, es cuestión de ver qué tipo de miedo es, para ver qué remedio conviene para combatirlo. Un poco como con cualquier problema, el primer paso es aceptarlo.
Y el segundo, disfrazarnos de valientes y salir a tropezar. Porque definitivamente, ser valiente, no implica no tener miedo (:
Habiéndote confesado que soy una miedosa, Querido Quienseas, si me ves menos por Instagram, no desaparecí, seguro estoy dibujando (o, cosiendo muchas cosas para el casamiento, pues faltan menos de tres meses, send help).
Cambio y fuera querido quienseas,
Abrazo,
Nan
PD: Si resonas con algo de todo esto, quiero leerte, te invito a que me escribas ✏️🧡
Si entendiste la refe a Miley Cyrus tenés un lugarcito especial en mi corazón.
Que no creo que una persona pueda tener solo un estilo, pero si creo que si quiero trabajar de esto, el potencial cliente tiene que saber más o menos qué va a recibir cuando piensa en contratar a un ilustrador.
Porque quiero ilustrar cuentos, y escribirlos, y diseñar ropa, y tener una marca, quiero hacer contenido, y editar videos porque me divierte muchísimo, quiero pintar con óleos y hacer mil paisajes, dedicarme a sacar fotos, escribir ficción, hacer invitaciones para casamientos, retratos en vivo, pintar murales. Y la lista sigue, pero por mi salud mental y la estructura de este blog, vamos a dejarla acá.
Disclaimer: cuando escribí esto estaba en período de prueba, y ahora tengo que pagar para mantener los veinte espacios de trabajo que creé para ordenar cada espacio laboral.
Tres horas a la semana viene siendo un récord!
Por suerte mis habilidades para escribir son dignas de la RAE.
Del libro Big Magic (o Libera tu Magia).
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