Hace años, seis, con la excusa de salir para que me pasaran cosas y contarlas, me abrí cuenta en medium. Solo publiqué una entrada porque (menudo ojo) un mes después nos confinaron y ya no se podía salir y mejor que no te pasaran cosas. En ese texto compartí mi deambular urbano preguntando a la gente por una calle (inexistente) a mi nombre.
Con aquella premisa original sobrevolando cojo el C3 y luego el 7. Bajo en La Fonteta. Almuerzo en el Mari. Al salir, venzo la tentación de cruzar al parque que hay enfrente y que (muchos) años atrás fue un campo de fútbol, sabiendo que luego volveré. Me doy un paseo. Dejo atrás la calle del joc de Pilota, la juguetería (y más cosas) Garter, unos cuantos negocios ya cerrados y llego a la plaza del Músic Cuesta. Es uno de los límites de la ciudad, marcado por el muro de las vías del tren. Impresiona saber que allí se acaba. Animado por la tranquilidad que se respira sigo caminando hacia la periferia de la periferia por la vía Pare Presentat. Hasta que me topo con una carretera selvática y vuelvo sobre mis pasos
Me cruzo con más higueras y apartamentos turísticos que personas. Se complica que pasen cosas, más allá del caminar sin rumbo, que no es poco. Sonrío para dentro al descubrir la practicidad de que en una misma calle (Carretera de Artés se llama), y en pocos metros, estén el hogar del jubilado, una escoleta infantil y el centro de salud.
Con 14 años jugué a fútbol en el Fonteta con mis amigos del instituto (que siguen siéndolo hoy en día) Raúl y Óscar. Después de media hora de flâneur de regional toca volver al lugar de los hechos. Lo que fue el campo es ahora un parque (con canchas para practicar futbito o baloncesto). Me siento en un banco y no tardo en tener compañía. Una mujer con carrito hace escala de camino a la compra. La conversación surge en nada. Que si todo ha cambiado mucho en La Fonteta, que si algunas cosas para bien (la zona verde en la que estamos), que si otras para mal (los adosados y los bajos turísticos). Le pregunto por un bar al que íbamos antes o después de los partidos (y que no sé por qué en mi imaginería es el lugar donde se sabía quienes iban convocados cada semana). El Zahor, me dice. Cerró cuando se jubiló su dueño. Ocho carteles de se alquila (algunos se caen a trozos y trizas) decoran la fachada.
Un hombre que rondará los noventa años, con una chaqueta azul de chandal, fumando y tan pausado al hablar que hay veces que crees que ha terminado de hacerlo pero no, se nos une. Cuenta que aquellos dos inmensos árboles que ahora nos dan sombra ya estaban en el campo de fútbol. Y que si quiero ver una fotografía del mismo vaya al horno Desamparados, que tiene una bien grande en una de sus paredes. Me despido rumbo a este obrador artesano abierto en 1968, ahora convertido (también) en cafetería, y mientras espero que me sirvan dos caracolitas pequeñas rellenas de chocolate, me planto ante aquel pedazo de historia en blanco y negro. Al final siempre acaban pasando cosas.
Por la noche salgo a por una pizza sin esperar que ocurra nada más. Después de cruzar un semáforo de la Avenida del Puerto se me pone a hablar un hombre mientras andamos en la misma dirección. Es legionario, me dice. El día anterior cumplió 49 años, se fue a celebrarlo y aún no ha vuelto a casa. Ya avisó a su mujer, con la que lleva desde los 17 y discuten bastante, de que la cosa se alargaría. Le pregunto cómo celebrará los 50 y mientras lo imagina, sonríe, parece flotar, y me contesta que con un fiestón. Me cuenta, y estoy seguro que exagera, un incidente que ha tenido cerca de (Nueva) Casa Calabuig con un conductor de cabify. Al pasar por la puerta del bar del de al lado en el que un pitbull casi mató al bichón maltés (esa Lil indestructible) de mi hermana, desaparece. Me voy a casa, por hoy ya ha habido suficiente.
Puede sonar exagerado, pero no recuerdo tanta efervescencia musical en València desde hace mucho tiempo. Prácticamente todas las semanas hay algo que celebrar. Una canción, un álbum entero, el anuncio de lo que llegará pronto. De distintos estilos y generaciones.
Ahí están Las Víctimas Civiles que, por fin, tienen disco nuevo, el magnífico Dulce exceso del progreso, repleto de himnos de galopante y espasmódico rock and roll, en una cuidada edición en vinilo que en Tulsa puede ser tuya por 20 €.
O Rey don perro (Lluisen Capafons, de Gazella), con Mansión Castillo, un EP ¡de nueve temas! donde el pop más intimista y el ruidismo más invasivo conviven en una suerte de invitación a no parar de moverse.
También son recientes los lp’s de Tumba Swing (más melódico y pantanoso que nunca en Escenas y costumbres del esperpento, con lujazo de edición), AnimalPersona (exhalando mediterráneo y ritmos negros en esa suerte de cant d’estil del siglo XXV que es Bestiari), Mala Gestión (tan arrolladores como inclasificables en Hacemos lo que podemos), Frida (música urbana sin complejos en Kintsugi), Carolina Otero & The Someone Elses (enérgico pop guitarrero que no esconde influencias al tiempo que les imprime su propia personalidad en Lilith lo sabe) o Malifeta (tecno tan bailable como reivindicativo en Brega).
Sin olvidar álbumes tan personalísimos como los de Samuel Reina (Manual de amor en modo oscuro), Júlia (Oscil·lobatent), Luna Valle (Cazador, te engañé) o Julio Bustamante (Constelator)
En el apartado de canciones sueltas, esta misma semana, Negocios Bikini, punk pop altamente contagioso, han compartido su primer single, “Homicidio a domicilio”; y Yo Somos se han unido a Stanley Brinks & Freschard para facturar “Ponernos a bailar”, otra rodaja fresca de su power pop soleado.
Tórtel (“Tongwen”), La Habitación Roja (“Volver a casa”) o Naen (“Not Your Afro Bitch”) han compartido, también temas, que en algunos casos son el principio de algo.
💥 València se ilustra cumple diez años y lo celebra con una exposición con los más de 120 artistas (un quién es quién local total) que han ido plasmando, en cada edición, su visión de la ciudad. Un listado que ríete tú de la pre-lista esa del Mundial. El 15 de mayo se inaugura (a las 19h en La Rambleta) y se podrá visitar hasta el 31 de julio.
💥 Hoy es uno de esos jueves favoritos en los que con suerte se hace doblete. A las 19h, Julià Guillamón presenta su libro Rascaparets (acompañado de Vicent G. Devís) en el Octubre. Y a las 21.30h se intuye conciertazo de Salvar Doñana en el 16 Toneladas.
💥 Ya estáis tardando en suscribiros a la newsletter de la librería Bartleby. Deliciosa como uno de esos panes que lleva mucha y rica miga.
Esta naino se empezó a escribir una tarde después de haber tomado un helado en la puerta de Antigua Lechería, en Ruzafa, por la que pasó Jorge Tórtel en bici y después nos saludó Ernest, de Las Víctimas Civiles. La València que sí. El próximo jueves más.

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