La RAE puede decir lo que quiera, pero un balcón SIEMPRE (y no, generalmente) tiene que tener prolongación voladiza y barandilla (y suficiente superficie para que quepan dos sillas y dar al exterior y no a un patio interior). Si no, es otra cosa. No hay discusión. El balcón o parece que flota o no es balcón. El balcón es más calle que casa. El balcón se está extinguiendo en las nuevas construcciones en València y no es casualidad. Nadie hablará de los balcones cuando hayamos muerto.
El balcón es un tótem mediterráneo que pertenece al pueblo. Como las sillas en la calle a la fresca, la partida de cartas en la terraza de un bar, la lectura de un libro (o las pipas y cervezas compartidas) en el banco de un parque. El balcón es, muchas veces, segunda residencia, lugar de vacaciones. Y, también, es disfrutable cuando hace mal tiempo, con esa tristeza discreta (que le robo a la poeta Maria Cabrera Callís) de la que hacen gala.
Sí, el balcón tiene conciencia de clase, compromiso, conecta con la gente. Por eso en determinadas casas (que quieren presumir de estatus social) no se sale a él. Hay una clara intención de marcar distancias, diferencias, de no mezclarse, de aislarse en la supuesta exclusividad de su vivienda y posición. Hubo quien lo descubrió en la pandemia y lo olvidó después.
Yo he sido muy feliz almorzando o merendando en un balcón (o cenando); leyendo la revista Boogie, el especial verano de Fotogramas o Nit de foc de Vicent Marqués; escuchando la radio, viendo a la gente por la calle, jugando a los colores de los coches, hablando con mi familia. Viendo y siendo visto.
Pasear València mirando sus balcones es uno de esos pasatiempos que nunca se acaban. A pesar de lo radical que puede sonar el primer párrafo (al que falta añadirle que la barandilla debe de ser siempre de barrotes y que cada balcón debe ser una unidad flotando individualmente), un buen balconólogo no rechaza contemplar otras formas de construcción a las que también se denomina igual. Hay una calle, Salvador Pau, que es una delicia en ese sentido, un catálogo tan variado que se podría hacer una tesis doctoral sin salir de ella. Luego están los extremos, la parte antigua de la calle Sollana (ahí empezó todo) es muestrario de lo que sí, mientras si se quieren ver cosas terroríficas nada como dejarse caer por la calle Finlandia.
👍 Carolina Otero & The Someone Elses publicaron hace dos semanas nuevo disco, Lilith lo sabe, con producción de Paco Loco. Este martes estrenaron vídeo de una de las canciones incluidas en el álbum, “Cara Flan”. Poco más de cuatro minutos que demuestran que una buena idea bien llevada a cabo (lo firman Panque Prods) no necesita un gran presupuesto detrás. Lo podéis ver aquí.
👎 Lo de los catálogos de las exposiciones en esta ciudad es de expediente X. Lo de que estén disponibles cuando se inaugura una muestra es, desde hace años, rara avis. A veces pasan meses desde su clausura (o más) y no se sabe nada de ellos a pesar de haberse anunciado que se publicarían. En otras ocasiones solo hay copias para los elegidos y allegados. Por no hablar de los precios desorbitados absurdos (incluso con ediciones que no lo justifican) cuando se trata de espacios públicos que deberían apostar por todo lo contrario.
Lunes sí, lunes no, me lanzo a la búsqueda de buenas tortillas de patatas por los bares de la ciudad. Por ahora, cada expedición ha sido un fracaso. Salgo sin plan establecido, elijo un barrio y paseo por sus calles hasta que veo un bar que me genera confianza.
Luego, en casa, solía apuntar en un bloc varios datos sobre la experiencia (sabor, valoración del pan, tipo de gasto, decoración del lugar, estado del baño, precio…) y una pregunta final sobre si repetiría en el sitio. Cuando ya llevaba varios noes entendí que carecía de sentido seguir registrando las salidas.
La semana que no salgo a la búsqueda del bocado perfecto, me refugio en aquellos bares donde sé que siempre hay alegría tortillística y me preguntó para qué hacer experimentos.
Escribo esto apelando al carácter interactivo que debería caracterizar a naino. Si alguien tiene sugerencias sobre lugares que debería probar que me escriba por mail, contestando esta newsletter o dejando comentarios o por privado en cualquier de las miles de redes sociales por las que pululo. Prometo compartir por aquí si surge alguna joya.
Eso sí, antes unas pequeñas pistas sobre la tortilla que me gusta para evitarme malos consejos: la tortilla de patatas sin cebolla, ni ladrillo de maicena ni líquida pero sí jugosa, siempre en bocadillo con pan de horno, nunca fui fan de la del Alhambra, me encantaba la del Aquarium cuando la hacían a la plancha ahora no, mi preferida es la de La Bodeguita (en Avellanes, 15) si no contamos la de mi hermana Gina (no lo digo yo solo, mi sobrina Sara, la mejor catadora que conozco, también lo opina), prefiero bares de toda la vida pero no hago ascos a otras opciones salvo franquicias o sitios donde hacen tropecientas al día. Abstenerse de recomendar aquellas personas que llaman tortilla a lo que venden en los supermercados.
A Heavenly nunca le agradecimos lo suficiente las melodías que nos regalaron en los años noventa en plena tormenta noise. Pensábamos que sus canciones nunca se acabarían y, por eso, seguramente las escuchábamos en bucle. El abrupto final del grupo, tras la desoladora muerte del batería Mathew Fletcher, nos demostró que no era así.
Su esencia siguió con otros nombres (como antes había estado en Talulah Gosh): Marine Research, Tender Trap, The Catenary Wires, Swansea Sound o Sportique, siempre con el denominador común de la presencia de Amelia Fletcher (voz y guitarra de Heavenly y hermana de Mathew) y Rob Pursey (bajo).
La banda de Oxford regresó en 2022, con el resto de miembros originales Peter Momtchiloff (guitarras) y Cathy Rogers (teclados, voces), y con la incorporación de Ian Button a la batería. Este año, tres décadas después del último álbum del grupo, han publicado nuevo disco, el excelente Highway to Heavenly, que demuestra que la etiqueta twee pop les sigue sentando tan bien como corta se les queda. El próximo jueves, 7 de mayo, a las 20.30h, , lo presentan en el Loco Club (junto a los valencianos Cápsula de sueños), tal vez sea el momento de darles las gracias por lo de entonces y por lo de ahora.
Un día antes, a las 19h, The Catenary Wires (Amelia y Pursey) ofrecerán un showcase en la presentación del libro These Things Happens. The Sarah Records Story, de Jane Duffus, en la tienda de discos Oldies.
Abril ha sido un abril y cerral, visto y no visto. El verano ya va calentando la banda. Nos leemos en mayo y recordad que no es bueno besar fascistas.

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