«Los escritores hacen literatura nacional. Los traductores, literatura universal».
José Saramago
«Mamá: quiero ser traductora»
¿Se extrañaban, si a los tres años me habían apuntado al kinder de la señorita irlandesa en la Plaza de los Patos? Por no hablar de los veranos en Irlanda y en Champagne, el intercambio con la familia bilíngüe en Ottawa y el verano en Massa Carrara de señorita de compañía. Las vespas italianas son mi debilidad.
Mi padre masculló algo poco convencido: eso de intérprete sonaba a secretaria y su niña, estudiante brillante desde siempre, podía aspirar a más.
Accedieron a condición de que cursase una licenciatura al mismo tiempo. Como siempre me divirtió jugar con palabras, elegí Periodismo: la Complutense de Aménabar por la tarde y el desaparecido Institut Cluny de la Catho francesa por las mañanas.
En la escuela de traductoras —cierto es que había un chico en la clase— pasé cuatro años intensos con la pausa del Erasmus exótico que disfruté en Flandes aprendiendo el gutural neeerlandés que completaría la combinación con la que salí al ruedo a traducir: español (A), francés (B) e inglés (B) y que tantas alegrías me dio.
Entonces empecé a aprender el oficio.
Solo dos de los veinticinco de la promoción nos convertiríamos en traductores.
De esos primeros años recuerdo con cariño las tertulias de traductores del Café Comercial en Madrid donde debatí filosofía traductoril con colegas hoy veteranos como Héctor Quiñones y Carlos Gancedo. En esas reuniones lúdicas nació la actual Asetrad, la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes.
Durante mis años como traductora cada vez más especializada (al periodismo terminé uniendo el márketing y la publicidad, lo digital, la salud y la medicina —herencia familiar y pasatiempo de rara— y finalmente la cosmética, la belleza y la transcreación) aprendí algunas lecciones que creo que pueden servirte:
La tarifa por palabra esconde el activo
Durante años cobré por palabra. Nunca me pregunté qué parte de lo que hacía era irrepetible y qué parte podía hacer cualquier otra traductora de holandés. Cuando empecé a separar las dos cosas, vi que una parte mínima —en tiempo— valía cientos de veces más. Pero yo lo estaba cobrando todo al mismo precio.El cliente que vuelve sabe algo que tú no ves:
Había clientes que me llamaban para preguntarme cosas, sin encargo de por medio. Tardé en darme cuenta de que no llamaban para charlar sino porque les hacía falta mi criterio. Eso nunca lo cobré. Nunca lo nombré. Existía pero para mí era invisible.La IA no me quitó trabajo: me quitó la excusa para no crear activos propios
Cuando llegó la IA generativa al mercado de traducción y contenidos, muchos colegas lo vivieron como amenaza. A mí me hizo despertar. La IA hace lo fácil: alinear palabras. Fuera de su alcance queda el criterio, el contexto, la voz y la experiencia acumulada. Es decir, los activos: mi conocimiento envuelto para regalo a mí misma para poder liberar mi tiempo.
En los últimos meses, en muchos micromercados de traducción, la IA ha eliminado la parte creativa de traducir — pelotear en tu mente buscando cómo transmitir significado y contexto a otro idioma con la mayor exactitud posible— consiguiendo degradar nuestro humilde arte hasta dejar una versión rutinaria y fragmentada que requiere mucha menos especialización y arte que la original.
La cuestión es que traducir o interpretar es mucho más que sustituir palabras o rendir discursos.¿De qué imaginación crees que surgieron las palabras que describen las aventuras de Harry en español? Igual que al disfrutar de una película doblada estás viendo dos actuaciones simultáneamente —el actor que ves y el doblador que escuchas). Dentro de la escritora se esconde la traductora. Ambas escriben.
Imagina que, en vez de corregir una y otra vez textos escupidos por la IA, el trabajo del traductor veterano consistiera en cuidar con mimo una memoria viva: un sistema que guarda decisiones de tono, glosarios, ejemplos aprobados, errores que no se deben repetir, equivalencias culturales delicadas y reglas por tipo de público.
La máquina produciría borradores apoyada en esa memoria, y el traductor no sería un «poseditor» agotado, sino el guardián de la coherencia y del sentido en evolución constante.
Su día a día ya no sería pelearse con frases sueltas, sino supervisar cómo evoluciona la voz de una organización, qué matices nuevos aparecen en cada campaña o cada proyecto, y cuándo hace falta intervenir más.
Los traductores siempre hemos sido, sin saberlo, diseñadores de propiedad intelectual (PI) ajena, porque damos forma, contexto y vida usando nuestro criterio a nueva a ideas que no firmamos. Quizás por nuestra habilidad para el camuflaje intelectual, sin embargo, nos cuesta vernos así.
Traducir es, en el fondo, una tarea de diseño de sistemas de significado. Dentro de unas semanas exploraré aquí un oficio derivado de la traducción interlingüística que se está desvaneciendo que ya está cobrando forma aunque aún no tenga nombre: el traductor de mundos.
Quiero escuchar tu opinión. Déjamela en los comentarios. Nosotr@s, l@s artesan@s traductor@s pasados y presentes debemos tener la última palabra.
Húndete entre sus dos grandes orejas: es hora de curiosear.
Ali te muestra sus activos intelectuales líquidos, portátiles y multiplicables: su PI vendible. Una idea que se convierte en método, que se convierte en curso, un curso que se convierte en licencia. Los tuyos están en tu cabeza (y en tu archivo).
Abre la puerta a expandir tu mente.
¿De traductor a actor? Ya te mueves entre idiomas que «piensan» diferente. Meterte en un personaje no está tan lejos de eso como crees.
Salta entre sentidos.
Un homenaje a todas las horas que pasé persiguiendo mentalmente la palabra justa. Relájate con ella o guárdala para tu siguiente reto cognitivo.
Y recuerda: yo creo en ti.
Ponte a crear otra vez.
M.
Canaria · Políglota · Intérprete simultánea · Arquitecta de activos
Llevo años estudiando cómo una vida aparentemente dispersa puede convertirse en obra, riqueza y servicio. Eso es lo que exploro aquí cada semana, y lo que ayudo a hacer a otros en mi Cartografía de Activos.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.