Por Adrián Montesoro — Modo Gluten Free
Hace tiempo que quería encontrar un pan sin gluten de este estilo: artesanal, simple, con buen sabor y que no dependiera de una mezcla industrial.
Después de algunas pruebas, este pan pasó a la lista de recetas que se quedan.
Tiene una corteza dorada, una miga aireada pero firme y un sabor muy equilibrado. Es rico solo, con una buena capa de manteca, con aceite de oliva, con huevos, con queso o como base para algo más armado.
También funciona muy bien para brusquetas o para acompañar una sopa. Tiene cuerpo, se corta bien y no se desarma. Eso, en un pan sin gluten, ya es un montón.
Lo primero: el sabor.
No es un pan neutro, de esos que solo sirven como vehículo para ponerle algo arriba. Tiene personalidad, pero sin ser invasivo. Va bien con dulce, con salado, con untables, con aceite de oliva o simplemente tostado.
Lo segundo: la textura.
La miga queda aireada, pero firme. No es gomosa, no es seca, no se rompe toda. Tiene esa estructura que uno busca en un pan de todos los días.
Y lo tercero: dura varios días fuera de la heladera. Lo probé, lo guardé y siguió funcionando muy bien. Para mí eso es clave, porque muchas veces el pan sin gluten está bien recién hecho, pero al día siguiente pierde todo encanto.
Este no.
Este pan lleva psyllium, que para la panadería sin gluten es un gran aliado.
Ayuda a dar estructura, retiene humedad y permite lograr una masa con más cuerpo. Pero hay un detalle importante: no lo uso seco directo en la mezcla. Primero se hidrata y se forma un gel.
Ese gel es parte de lo que hace que la masa funcione mejor y que la miga después quede más pareja.
Esta versión la hice pensada para horno casero (eléctrico o de gas) y el resultado excelente!
Para compensar, uso vapor al inicio. Ese primer momento de humedad ayuda a que la superficie no se seque tan rápido y le da tiempo al pan a expandirse antes de formar corteza.
Después el pan termina de cocinarse en seco, se dora y queda con una corteza firme.
No es una receta difícil, pero tiene tres puntos importantes: hidratar bien el psyllium, no pasarse con el levado y dejar enfriar completamente antes de cortar.
Esto último cuesta, ya sé. Pero en panes sin gluten es clave. La miga termina de asentarse mientras enfría.
Recién hecho es rico.
Al día siguiente sigue estando muy bien.
Pero tostado es una locura!!!.
El sabor se vuelve más profundo, la corteza se potencia y la miga toma una textura increíble. Es de esos panes que, cuando los tostás, mejoran.
Siempre queda ese restito que es muy chico para una tostada y nunca sabés que hacer. Si cortás ese ¨coquito¨ en rodajas finas y lo secás al horno, salen unas tostis increíbles. Acá te dejo cómo secarlas.
Crocantes, sabrosas y perfectas para guardar en un frasco hermético. En teoría duran hasta cuatro semanas. En la práctica, es bastante difícil comprobarlo porque desaparecen antes.
A disfrutarlo!
Saludos, Adrián

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