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¡Gracias! entró en un pub casi vacío una noche lluviosa de 1977. Dentro había tres personas, dos chicos jugando al billar y una banda de jazz tocando como si estuviera en Carnegie Hall. Lo que presenció terminaría inspirando una de las grandes canciones del rock jamás escritas.
Y es que Mark Knopfler no estaba buscando inspiración aquella noche gris y húmeda en Beckford, al sur de Londres. Simplemente quería tomarse algo. El pub estaba desierto. Quizás tres o cuatro personas desperdigadas.
Un par de chicos jugando al billar, como ya dije, y apartados allí en una esquina. El chasquido de las bolas rebotando en el espacio era tan vacío.
Pero en la otra esquina estaba ocurriendo algo extraordinario. Una pequeña banda de jazz estilo Dixieland se preparaba. Hombres mayores con instrumentos viejos, vestidos con chaquetas gastadas, que habían vivido tiempos mejores. Ellos afinaron.
Ajustaron los micrófonos y empezaron a tocar y no fue de forma casual no tocaron a medias tocaban como si estuvieran ante una sala llena en un club legendario como como si el lugar estuviera repleto de gente pendiente de cada nota como si importara Pero no importaba. Al menos no para casi nadie allí. Los chicos siguieron con el billar. El camarero siguió secando vasos. Nadie prestó atención. Nadie, excepto Nofla. Allí se quedó. Escuchó.
Y mientras la banda tocaba algo, algo se despertó en él. Empezó a pedir temas. Creo Love Call, Mushrat, Rumble… Clásicos del Dixieland que, en 1977, muchos ya habían olvidado. Los músicos se quedaron realmente sorprendidos.
Alguien en aquel paz vacío reconocía su música. A alguien le importaba. Durante dos horas tocaron con el alma para una sala a la que le daba igual y para un hombre al que no. Y luego...
Cuando la noche se apagaba, el líder se acercó al micrófono, sonrió con un orgullo silencioso y dijo Buenas noches y gracias, somos los Sultans of Swing. Knopfler casi se ríe.
Sultans of Swing. En un pub olvidado, tocando para una sala vacía sin nada glamuroso en ello. Y justo por eso, justo por eso, el nombre le golpeó como un relámpago. Volvió a su piso social, que compartía con su hermano David y el bajista John Isley, y iban muy justos de dinero.
Incluso la factura del gas era un problema.

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