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Memorias de Pez · Jul 17, 2026

La Primera Guerra Mundial

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Memorias de Pez · Memorias de Pez

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En la newsletter de hoy vamos a ver:

  • La carrera cololnial

  • Los bloques y alianzas de la guerra

  • Las grandes batallas

  • ¿Cómo se vivía en las trincheras?

  • Fritz Haber: las dos caras de la ciencia

  • Y una recomendación

La historia de la Gran Guerra, también conocida como la Primera Guerra Mundial, comenzó mucho antes de que se disparase la primera bala.

A finales del siglo XIX, el mundo era un gran pastel a repartir entre las grandes potencias europeas. Reino Unido, Francia y el Imperio Alemán competían por controlar cada vez más territorios en África, Asia y Oceanía. Porque claro… Tener colonias significaba acceder a materias primas, abrir nuevos mercados y, sobre todo, demostrar poder frente a los demás.

En apenas unas décadas, casi todo el continente africano fue dividido entre las potencias europeas. Reino Unido y Francia construyeron enormes imperios coloniales, mientras que Alemania, Bélgica, Portugal, Italia y España también intentaban asegurarse su pequeña parte del pastel.

Esta expansión fue tan rápida que, en muchas ocasiones, las fronteras se dibujaron con una regla sobre un mapa, sin tener en cuenta a los pueblos que vivían allí. Muchas de esas fronteras siguen siendo hoy el origen de conflictos en África.

Cuando Alemania se unificó en 1871—logro atribuible al Canciller Otto Von Bismarck—apenas tenía colonias. Mientras británicos y franceses controlaban buena parte del planeta, Berlín consideraba que había llegado demasiado tarde al reparto.

Curiosamente, el principal objetivo de Otto von Bismarck después de unificar Alemania no era conquistar Europa, sino evitar una gran guerra. De hecho, para conseguirlo tejió una compleja red de alianzas destinada a aislar a Francia y mantener buenas relaciones con Rusia y Austria-Hungría al mismo tiempo.

Sin embargo, en 1890 el nuevo emperador, Guillermo II, decidió destituirlo y todo cambió. Alemania comenzó a reclamar más territorios, a construir una gran flota de guerra y a exigir un papel internacional acorde con su creciente poder económico e industrial. Aquello inquietó profundamente al Reino Unido y a Francia.

Uno de los lugares donde esa rivalidad estuvo a punto de explotar fue Marruecos. En 1905, Guillermo II visitó Tánger para desafiar la creciente influencia francesa en el país. La tensión fue enorme y Europa tuvo que celebrar una conferencia internacional para evitar una guerra: la Conferencia de Algeciras, en España.

Seis años después ocurrió algo todavía más grave. Alemania envió un cañonero al puerto marroquí de Agadir como demostración de fuerza. Durante semanas, muchos pensaron que el conflicto era inevitable. Al final no hubo guerra... pero quedó claro que las grandes potencias estaban cada vez más dispuestas a utilizar la fuerza para defender sus intereses.

La competencia no solo se libraba en las colonias. Alemania empezó a construir una enorme marina de guerra con el objetivo de desafiar el dominio británico de los mares. Reino Unido, por su parte, respondió construyendo todavía más acorazados, especialmente los revolucionarios Dreadnought, que dejaron obsoletos todos los buques anteriores.

En pocos años ambos países entraron en una auténtica carrera armamentística en la que cada nuevo barco obligaba al rival a construir otro aún más potente.

A principios del siglo XX, el continente vivía una situación explosiva. Mientras las grandes potencias competían por las colonias, en el sureste de Europa crecía otro problema.

Los distintos pueblos de los Balcanes querían independizarse o ampliar sus fronteras aprovechando el declive del Imperio otomano y las debilidades del Imperio austrohúngaro: Serbios, búlgaros, griegos, rumanos y otros pueblos protagonizaron una sucesión de conflictos que convirtió la región en el auténtico polvorín de Europa.

Y fue precisamente allí, en Sarajevo, donde terminaría saltando la chispa definitiva. Eso sí, el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo no creó esas tensiones; simplemente fue la chispa que hizo estallar un incendio que llevaba décadas preparándose.

En 1914 Europa estaba dividida en dos grandes bloques militares. Sobre el papel, aquellas alianzas debían servir para evitar una guerra: si un país sabía que atacar a otro significaba enfrentarse también a sus aliados, quizá se lo pensaría dos veces. El problema fue que ocurrió exactamente lo contrario.

En 1882, Alemania, Austria-Hungría e Italia firmaron la Triple Alianza. El objetivo de Bismarck era aislar diplomáticamente a Francia y garantizar que, si estallaba una guerra, Alemania no tuviera que luchar sola.

Sin embargo, aquella alianza tenía una particularidad importante: era un tratado defensivo. Es decir, sus miembros solo estaban obligados a ayudarse si uno de ellos era atacado.

💡 Curiosidad: cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Italia sostuvo que Austria-Hungría había sido quien había iniciado el conflicto contra Serbia y decidió permanecer neutral. En 1915 acabaría cambiando de bando y luchando junto a Francia y el Reino Unido.

Francia nunca aceptó la pérdida de Alsacia y Lorena tras la guerra franco-prusiana de 1870-1871 y llevaba décadas buscando aliados frente a Alemania. Primero selló una alianza con Rusia y, años más tarde, mejoró sus relaciones con el Reino Unido mediante la llamada Entente Cordiale. Con el tiempo, esos acuerdos dieron lugar a la Triple Entente, formada por Francia, Rusia y el Reino Unido.

A diferencia de la Triple Alianza, la Entente no era un tratado militar único, sino una red de acuerdos bilaterales que, en la práctica, acercaron a las tres potencias frente al creciente poder alemán.

El 28 de junio de 1914, el heredero del Imperio austrohúngaro, Francisco Fernando, fue asesinado en Sarajevo por el nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip. A simple vista parecía un atentado local. Pero las alianzas transformaron una crisis balcánica en una guerra europea... y, poco después, mundial.

El efecto dominó fue más o menos así:

➡️ Tras el asesinato del archiduque, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia.

➡️ Rusia movilizó su ejército para apoyar a Serbia, su aliado.

➡️ Debido a su alianza con Austro-Hungría, Alemania, declaró la guerra a Rusia.

➡️ Francia, aliada de Rusia, entró en el conflicto.

➡️ Alemania invadió Bélgica para atacar rápidamente a Francia siguiendo el Plan Schlieffen.

➡️ Finalmente, el Reino Unido declaró la guerra a Alemania tras la violación de la neutralidad belga, garantizada por un tratado internacional desde 1839.

En apenas una semana, casi todas las grandes potencias europeas estaban en guerra.

➡️ Meses después, el Imperio otomano se unió a las Potencias Centrales tras bombardear varios puertos rusos en el mar Negro, abriendo nuevos frentes de guerra en Oriente Próximo y el Cáucaso.

➡️En los meses y años siguientes se fueron incorporando nuevos países, como Italia (1915), Bulgaria (1915), Rumanía (1916), Grecia (1917) o Estados Unidos (1917), convirtiendo un conflicto europeo en una auténtica guerra mundial.

En total participaron más de treinta países, lo que convirtió a la Primera Guerra Mundial en el conflicto más grande que había conocido la humanidad hasta ese momento.

Cuando pensamos en la Primera Guerra Mundial solemos imaginar cuatro años de trincheras inmóviles. Sin embargo, la guerra cambió muchísimo entre 1914 y 1918. Pasó de ser una guerra de movimientos a una guerra industrial en la que la tecnología terminó siendo casi tan importante como los propios soldados.

El plan alemán no tenía fisuras... al menos sobre el papel. El famoso Plan Schlieffen consistía en derrotar a Francia en apenas unas semanas atravesando la neutral Bélgica antes de que Rusia terminara de movilizar su enorme ejército. Si funcionaba, Alemania evitaría luchar simultáneamente en dos frentes.

Pero el plan empezó a torcerse casi desde el principio. La resistencia belga fue mucho mayor de la esperada, los británicos desembarcaron rápidamente en Francia y los rusos movilizaron sus tropas con más rapidez de la prevista. Cuando los alemanes estaban a apenas cuarenta kilómetros de París, franceses y británicos lanzaron un contraataque en el río Marne.

El fracaso alemán cambió toda la guerra. Lo que iba a durar unas semanas terminó convirtiéndose en un conflicto de más de cuatro años.

💡 Curiosidad: para transportar refuerzos al frente, el gobierno francés requisó alrededor de 600 taxis parisinos. Militarmente su impacto fue limitado, pero aquellos “taxis del Marne” se convirtieron en uno de los grandes símbolos de la resistencia francesa.

Verdún es probablemente la batalla más famosa de toda la guerra. Y la mayor carnicería. No es para menos, ya que el jefe del Estado Mayor alemán, Erich von Falkenhayn, no pretendía conquistar la ciudad. Su objetivo era mucho más macabro. Quería obligar a Francia a defender Verdún a cualquier precio para desangrar lentamente al ejército francés. Su propia expresión fue hacer que Francia “se desangrara hasta morir”.

Durante diez meses ambos bandos dispararon más de sesenta millones de proyectiles sobre una superficie relativamente pequeña. El resultado fue estremecedor: alrededor de 700.000 bajas para una victoria pírrica francesa en la que el frente apenas cambió unos pocos kilómetros.

Verdún simboliza mejor que ninguna otra batalla el absurdo de la guerra de desgaste.

El primer día de la batalla, el 1 de julio de 1916, el ejército británico sufrió una derrota aplastante con casi 60.000 bajas, de las cuales unas 19.000 fueron muertos.

Nunca antes —ni después— el Reino Unido perdió tantos soldados en una sola jornada. Lo más impactante es que muchos oficiales seguían creyendo que varios días de bombardeo habían destruido las defensas alemanas. Cuando los soldados británicos salieron de las trincheras caminando en formación, las ametralladoras alemanas seguían prácticamente intactas.

Fue una demostración brutal de cómo la tecnología había avanzado mucho más rápido que las tácticas militares.

💡 Curiosidad: Probablemente el horror de esta batalla inspiró al autor J.R.R. Tolkien (que formó parte de un batallón) para crear los horrores de Mordor. Otro famoso combatiente del Somme fue el famoso “pintor austriaco”, quien salió herido de una pierna en esta batalla.

Cuando se habla de los tanques, casi todo el mundo piensa en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, fue en la Primera donde aparecieron por primera vez. Aunque ya se habían utilizado en el Somme, fue en Cambrai donde los británicos demostraron por primera vez que podían emplearse de forma masiva y coordinada. Más de 400 tanques avanzaron al mismo tiempo rompiendo kilómetros de trincheras y alambradas.

La victoria alemana no fue decisiva, pero el mensaje sí lo fue: el futuro de la guerra pertenecía a los vehículos blindados.

Mientras el frente occidental permanecía prácticamente inmóvil, los Aliados intentaron abrir una nueva vía de ataque contra las Potencias Centrales. Su objetivo era conquistar el estrecho de los Dardanelos, tomar Constantinopla (la actual Estambul), sacar al Imperio otomano de la guerra y abrir una ruta marítima para abastecer a Rusia.

Sin embargo, la operación terminó convirtiéndose en un desastre. Las tropas británicas, francesas y, sobre todo, australianas y neozelandesas (los famosos ANZAC), quedaron atrapadas durante meses en unas playas dominadas por las posiciones otomanas. Finalmente tuvieron que evacuar la península tras sufrir más de 250.000 bajas, una cifra similar a la del bando otomano.

Aunque fue una derrota para los Aliados, Gallípoli convirtió en héroe nacional al comandante otomano Mustafa Kemal, el futuro Atatürk, fundador de la Turquía moderna.

Después de años de trincheras, la guerra recuperó el movimiento. Alemania lanzó una última gran ofensiva aprovechando que Rusia había abandonado el conflicto tras la Revolución Bolchevique. Durante unos meses pareció que podía ganar la guerra.

Pero entonces llegaron cientos de miles de soldados estadounidenses, cuya entrada en el conflicto había cambiado por completo el equilibrio de fuerzas. Los Aliados lanzaron una serie de ataques conocidos como la Ofensiva de los Cien Días, combinando por primera vez aviación, tanques, artillería e infantería de forma realmente coordinada.

Muchos historiadores consideran que ahí nació la guerra moderna.

Cuando pensamos en la Primera Guerra Mundial solemos imaginar soldados disparándose unos a otros desde las trincheras. Pero si los soldados hacían algo en las trincheras era… esperarn. Esperaban bajo la lluvia, entre el barro, rodeados de ratas, soportando el frío, el hambre… imagináos la presión psicológica que esto suponía. Para muchos soldados, sobrevivir al día a día era casi tan difícil como sobrevivir a una batalla.

🌧️La lluvia las convertía en auténticos lodazales donde el agua podía llegar hasta las rodillas. Dormir seco era un lujo, moverse resultaba agotador y, en ocasiones, los soldados quedaban literalmente atrapados en el barro durante los bombardeos.

🐀 Las ratas se alimentaban de los restos de comida... y también de los cadáveres que quedaban entre las líneas enemigas, en la llamada tierra de nadie. Algunas alcanzaban el tamaño de un gato. A ellas se sumaban millones de piojos, responsables de constantes infecciones y de la conocida “fiebre de las trincheras”, una enfermedad que podía dejar fuera de combate a un soldado durante semanas.

🦶El “pie de trinchera”. Uno de los grandes enemigos no era el ejército rival, sino la humedad. Pasar días con las botas empapadas hacía que la piel se reblandeciera, aparecieran infecciones y, en los casos más graves, se produjera gangrena. Miles de soldados tuvieron que ser amputados sin haber recibido un solo disparo.

😰La mayoría de las bajas de la Primera Guerra Mundial no las provocaron los fusiles, sino la artillería. Durante días enteros podían caer miles de proyectiles sobre una misma posición. El estruendo era tan constante que muchos soldados desarrollaban lo que entonces se llamó “shell shock”: temblores, ataques de pánico, parálisis o incapacidad para hablar. Hoy sabemos que muchos de aquellos casos correspondían a lo que conocemos como trastorno por estrés postraumático.

☕ Entre ataque y ataque, la vida seguía. Los soldados cocinaban, escribían cartas a sus familias, reparaban sacos terreros, limpiaban las armas o jugaban a las cartas para matar el tiempo. En muchos sectores, los días transcurrían sin apenas combates, aunque todos sabían que en cualquier momento podía llegar la orden de salir de la trinchera.

🎄 Y, para terminar, una de las historias más sorprendentes de toda la guerra. En la Navidad de 1914, miles de soldados británicos y alemanes dejaron de dispararse espontáneamente en algunos sectores del frente occidental. Salieron de las trincheras, intercambiaron comida, tabaco y pequeños regalos, enterraron juntos a los muertos e incluso jugaron improvisados partidos de fútbol.

Si tuviéramos que elegir a una sola persona capaz de representar el claroscuro entre las muertes y los avances tecnológicos de la Primera Guerra Mundial, probablemente sería Fritz Haber.

Este químico alemán consiguió uno de los mayores avances científicos de la historia: desarrollar, junto a Carl Bosch, un proceso para fabricar amoníaco a partir del nitrógeno del aire. Gracias a este descubrimiento fue posible producir fertilizantes sintéticos a gran escala, algo que hoy permite alimentar aproximadamente a la mitad de la población mundial.

Sin embargo, el mismo proceso también permitió fabricar enormes cantidades de explosivos. Y eso solo fue el principio.

Convencido de que una guerra rápida salvaría millones de vidas (o, quien sabe, quizás iluminado por su potencial mortífero), Haber impulsó el desarrollo de armas químicas para romper el estancamiento de las trincheras.

El 22 de abril de 1915, durante la Segunda Batalla de Ypres, el ejército alemán liberó unas 170 toneladas de gas cloro sobre las posiciones aliadas. Miles de soldados murieron asfixiados o sufrieron graves lesiones pulmonares. Había comenzado la era de la guerra química.

Con el tiempo aparecerían gases todavía más peligrosos, como el fosgeno o el gas mostaza, capaz de provocar graves quemaduras en la piel, ceguera temporal y daños respiratorios incluso días después de la exposición.

La Primera Guerra Mundial supuso un enorme salto tecnológico. Muchas armas ya existían, pero nunca se habían utilizado de forma tan masiva ni tan coordinada.

Entre las principales novedades destacaron:

  • 🚜 Los tanques, introducidos por el Reino Unido en 1916 para intentar romper las líneas de trincheras.

  • ✈️ La aviación militar, que pasó rápidamente del reconocimiento aéreo a los combates entre cazas y al bombardeo de ciudades e infraestructuras.

  • 🔥 Los lanzallamas, utilizados sobre todo por el ejército alemán para limpiar trincheras enemigas a corta distancia.

  • 🌊 Los submarinos, especialmente los U-Boot alemanes, que revolucionaron la guerra naval atacando buques mercantes y militares sin necesidad de enfrentarse a ellos directamente.

  • 💥 La artillería pesada, auténtica responsable de la mayoría de las bajas del conflicto, capaz de bombardear posiciones enemigas durante días enteros.

En 1918, Fritz Haber recibió el Premio Nobel de Química por el proceso de síntesis del amoníaco. Sin embargo, su legado sigue siendo uno de los más controvertidos de la ciencia.

Paradójicamente, Haber era judío. Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, fue expulsado de Alemania por las leyes antisemitas y murió exiliado poco después. Años más tarde, los nazis utilizarían un pesticida derivado de sus investigaciones —el tristemente famoso Zyklon B, aunque distinto de los gases que él desarrolló durante la guerra— en los campos de exterminio.

Pocas vidas reflejan mejor la doble cara del progreso científico: la misma investigación que permitió alimentar a miles de millones de personas también contribuyó a hacer la guerra mucho más letal.

Hoy voy a ser muy básico. No soy especialmente de shooters, pero Battlefield 1 me parece una auténtica maravilla. Si quieres hacerte una idea de cómo pudo sentirse un soldado durante la Primera Guerra Mundial, hay pocas experiencias mejores.

Si hay alguien que aun no lo ha probado, recrea de forma espectacular la ambientación, las armas y el caos de las batallas más importantes de la Gran Guerra.

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