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Pamplinas · Aug 18, 2026

Agosto,

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María Latorre · Pamplinas

Remiendo un calcetín mientras escucho música. Estoy en penumbra, porque el sol nos impide levantar las persianas. Sudamos, a pesar de los ventiladores. Ya es mitad de agosto y todavía no hemos visto el mar.

Pienso en aquella frase: se necesita todo un pueblo para criar a un niño, y me pregunto cuántas personas se necesitan para cuidar de un anciano. Y cómo vamos a hacerlo con nuestras rutinas, siempre fuera de casa, si queremos respetar su vida doméstica y sus deseos.

Pienso también en qué momento, mientras cuidamos de otros, nos damos cuenta de que debemos cuidar de nosotros mismos: ¿cuando la salud nos da un susto? ¿cuando las obligaciones merman nuestro tiempo? ¿cuando resulta que ya ha pasado más de la mitad del año y seguimos esperando a tener tiempo libre?

Y por último, después de darnos cuenta, ¿cuánto tardamos en dejarnos llevar otra vez, en cerrar los ojos de nuevo y abandonarnos?

Estos días me he sentido frustrada porque personas a quienes no conozco me han acusado de ser algo que no soy y de tener motivaciones que no tengo.

Pero ese sentimiento ha desaparecido en cuanto la muerte y su amenaza, una vez más, han reordenado las prioridades y puesto las cosas en el lugar que merecen.

La mejor manera de separar el grano de la paja, de dejar de preocuparte por lo que no merece ni un minuto de tu atención, es verle las orejas al lobo. Nunca falla.

Creo que voy a colgarme el retrato de uno cerca, quizá un print de la maravillosa Jessica Cioffi, para no olvidar que, aunque esté agazapado y no siempre le vea las orejas, el lobo siempre está ahí.

Ahora se acerca una tormenta de verano. Recogemos en toldo, plegamos las sillas del balcón y sacamos las macetas. Nubes negras que se iluminan desde la barriga. Olor a tierra húmeda.

Esta semilla será corta, estoy divagando mucho. Me pican los ojos y noto el dolor de la migraña tras mi globo ocular derecho. Pero, extrañamente, esta es la semilla que más rápido estoy escribiendo desde hace meses. Quizá a veces solo se necesita esto, ir de una cosa a otra, saltar entre lo físico y lo mental sin concierto. Descansar de las obligaciones y la perfección en el trabajo.

Quizá eso sea agosto y esa sea su finalidad.

Quizá el calor infernal esté pensado para impedirnos fijar las ideas y convertirnos en animales a la caza del frescor, del agua, de las siestas a la sombra. En caminantes nocturnos que abandonan sus cuevas al anochecer en busca de vida y aventuras.

También como lobos.

Dejo aquí esta semilla, mientras tengo la imagen del animal en la cabeza y llueve por primera vez en semanas, porque algo en las yemas de mis dedos me dice que esa es la verdadera semilla del mes, que todo esto que he dicho ya es agosto, y que no hace falta añadir nada más.

Nos leemos de nuevo en septiembre.

Read the original on marialatorre.substack.com

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