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LWS Financial Research · Jul 19, 2026

Resumen semanal 19/07

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Albert Millan · LWS Financial Research

LWS Financial Research NO ES un servicio de asesoria financiera, ni su autor está cualificado para ofrecer este tipo de servicios.

Todo el contenido de esta web y publicaciones, así como todas las comunicaciones por parte del autor, tienen un propósito formativo y de entretenimiento, y bajo ninguna circunstancia, expresa o implícita, deben ser consideradas asesoramiento financiero, legal, o de otro tipo. Cada individuo debe llevar a cabo su propio análisis y tomar sus propias decisiones de inversión.

Esta semana ha habido muchos eventos interesantes que analizar en el panorama geopolítico y económico. A continuación, listo las noticias más destacadas. Vamos allá:

  • La inflación estadounidense se moderó con más fuerza de lo esperado en junio, aunque la lectura dista mucho de ser una victoria definitiva para la Reserva Federal. El IPC cayó un 0,4% mensual (su primer retroceso desde abril de 2020) y desaceleró hasta el 3,5% interanual, frente al 4,2% de mayo. La inflación subyacente también dio un respiro, con un avance del 2,6% interanual y una lectura mensual plana. A primera vista, el dato parece claramente dovish. El problema es que gran parte de la mejora vino de la energía, cuyos precios cayeron un 5.7% en el mes, con la gasolina desplomándose casi un 10%. Esta caída reflejó la tregua temporal entre Estados Unidos e Irán, pero el escenario ya ha cambiado. La reanudación de los ataques en el Estrecho de Ormuz, el nuevo bloqueo naval y el rebote del petróleo hacen probable que buena parte de este alivio desaparezca en julio.

    Es decir, el dato de junio mira al retrovisor. La inflación mejora porque la energía cayó, pero el principal catalizador de esa caída ya se ha revertido. Si el crudo y la gasolina siguen subiendo, el impacto acabará trasladándose no solo al componente energético, sino también al núcleo mediante transporte, logística y costes de producción. Por ahora, el mercado espera que la Fed mantenga los tipos en el rango del 3.50% - 3.75% en su próxima reunión, aunque sigue descontando una probabilidad cercana al 60% de una subida en septiembre. Kevin Warsh reforzó esta lectura al insistir en que el banco central no tolerará una inflación persistentemente elevada.

    También hubo señales positivas en servicios y vivienda. Los alquileres equivalentes de propietarios crecieron solo un 0.2%, el alojamiento registró su menor avance mensual desde 2021 y los precios sanitarios descendieron ligeramente. Los bienes subyacentes cayeron por segundo mes consecutivo, lo que podría indicar que el traspaso de los aranceles a precios está perdiendo fuerza.

    Sin embargo, hay motivos para mantener la cautela. Parte de la debilidad vino de componentes volátiles o poco sostenibles, como los seguros de automóvil, el tabaco o algunos servicios médicos. Además, las estimaciones apuntan a que el PCE subyacente todavía habría crecido alrededor de un 3.3% interanual en junio, muy lejos del objetivo del 2%. En conjunto, el dato es un alivio táctico para la Fed, no una señal de que el problema esté resuelto. La inflación subyacente se enfría, pero el shock energético vuelve a ganar protagonismo y amenaza con reabrir la presión sobre precios en los próximos meses. Mientras el mercado debate si junio marca el inicio de una tendencia, la geopolítica vuelve a recordar que la desinflación energética puede desaparecer tan rápido como llegó.

  • Corea del Sur empieza a mostrar algunas de las señales clásicas de un mercado dominado por el apalancamiento minorista. Los préstamos con margen sobre acciones del KOSPI y KOSDAQ han superado los 35 billones de wones, muy por encima de los máximos del anterior ciclo especulativo de 2021. La subida ha sido especialmente vertical durante 2026, lo que indica que una parte creciente del rally no estaba sostenida solo por fundamentales o flujos de largo plazo, sino por deuda. La consecuencia ha llegado con la reciente corrección. Las fuertes caídas en productos apalancados han provocado pérdidas masivas y han obligado a los reguladores a convocar una reunión de emergencia. Lo más preocupante es la composición de los afectados, ya que los inversores de entre 20 y 39 años representan el 62% de las cuentas prácticamente borradas. Es decir, el segmento con menor experiencia y, probablemente, menor capacidad patrimonial ha asumido la mayor parte del riesgo. De hecho, se estima que 1 de cada 30 coreanos ha recibido un margin call este mes.

    No es un problema exclusivo de Corea, sino otra muestra de cómo la democratización del acceso a mercados también ha democratizado el apalancamiento. Cuando sube el mercado, el margen amplifica rentabilidades y refuerza la sensación de que el riesgo ha desaparecido. Cuando gira, ocurre lo contrario, con ventas forzadas, liquidaciones y más presión sobre los precios.

    El gráfico no marca necesariamente un techo inmediato, pero sí refleja un mercado mucho más frágil. Cuanto mayor es el peso del dinero prestado, menos hace falta para convertir una corrección normal en un episodio de desapalancamiento violento. Y, como suele ocurrir, quienes llegan últimos a la fiesta son también quienes terminan pagando la mayor parte de la cuenta.

    De hecho, gran parte del problema nace de no entender el ciclo de capital, donde encajan perfectamente las empresas de semiconductores. Estas últimas semanas se ha popularizado una tabla como la que adjunto donde se ve lo ópticamente “baratas” que están las principales empresas de memoria, cuya revalorización este año se acerca al 1000%, sin comprender las implicaciones reales de esa aparente ganga. En el pico de ciclo, con déficit de memoria y precios artificialmente elevados, los beneficios se disparan, pero ya se está construyendo nueva capacidad que se espera que revierta esta época de márgenes extraordinarios. Por supuesto, hace falta ver si los mínimos de ciclo superan los anteriores y se estabilizan en valores más constructivos, pero comprar empresas cíclicas cuando más baratas parecen es una receta que pocas veces ha funcionado.

  • La rentabilidad de una acción depende bastante menos de la empresa concreta de lo que solemos pensar. Históricamente, más de la mitad del retorno viene explicado por el sector, la industria o el subsector al que pertenece, frente a alrededor de un 26% atribuible a factores específicos de la compañía. En negocios cíclicos, por tanto, acertar con el posicionamiento sectorial suele ser incluso más importante que encontrar al operador perfecto.

    Y ahí es donde las mineras de oro empiezan a resultar especialmente atractivas. Con estimaciones para 2026, el sector ofrece un FCF yield cercano al 7,7% y cotiza alrededor de 7,3x EV/EBITDA, por debajo de la mayoría de sectores del mercado. Lo interesante es que esta valoración deprimida convive con una expansión relevante del EBITDA, algo difícil de reconciliar con el descuento actual. El mercado sigue tratando a las mineras solo como negocios de baja calidad, intensivos en capital (que lo son) y con un largo historial de mala asignación de recursos. Y, en parte, esa desconfianza está justificada. Durante años, muchas compañías destruyeron valor con adquisiciones en máximos de ciclo, proyectos con sobrecostes, balances débiles y dilución constante. Pero el sector actual llega a esta fase con estructuras financieras más saneadas, mayor disciplina de capital y, en muchos casos, una clara prioridad por devolver caja al accionista.

    Además, la opcionalidad es enorme. Si el oro sigue subiendo y los costes permanecen relativamente contenidos, gran parte del incremento adicional en el precio cae directamente a beneficios y flujo de caja. A 5.000$/oz, el FCF yield del sector se acercaría al 8%; a 6.000$/oz, superaría el 11%; y a 7.000$/oz rondaría el 14%. No hace falta asumir estos escenarios para que la tesis funcione, pero sirven para visualizar el apalancamiento operativo del negocio.

    Por supuesto, no todas las mineras son iguales. Jurisdicción, vida útil de los activos, ley del mineral, costes, balance y disciplina de capital siguen siendo determinantes.

    De hecho, no es una cuestión específica de las mineras de oro, sino de todo el complejo de materisa primas que, pese haber rebotado con fuerza relativa desde los mínimos de 2020, sigue a niveles históricamente muy bajos, lo que se vuelve especialmente intrigante e interesante en una era de devaluación del dolar e inversión máxima en infraestructura.

  • La guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a situar al petróleo en el centro del tablero geopolítico, pero la reacción del mercado está siendo sorprendentemente contenida. En cualquier otro contexto, una combinación de ataques a petroleros en el estrecho de Ormuz, cierres de producción en Oriente Medio, enfrentamientos directos entre Washington y Teherán y la interrupción de una de las principales arterias energéticas del planeta habría provocado una subida vertical del crudo. Sin embargo, el Brent apenas ronda los 85 dólares y el WTI sigue en el rango de 80.

    La situación física es mucho más delicada de lo que reflejan los precios. Los inventarios globales de petróleo se encuentran unos 900 millones de barriles por debajo de los niveles de finales de febrero, los stocks de productos refinados están tan deprimidos que los márgenes de refino cotizan en máximos históricos y los inventarios comerciales estadounidenses se aproximan a niveles operativos mínimos. China, además, ha levantado las restricciones a la exportación de productos y empieza a absorber buena parte del almacenamiento flotante disponible. Es decir, no existe un colchón abundante con el que afrontar una disrupción prolongada.

    Al mismo tiempo, la producción cerrada en Oriente Medio vuelve a acercarse a 7.5 millones de barriles diarios y podría escalar hacia los 11 millones si se restringe Fujairah y queda inutilizado el corredor marítimo de Omán. A este riesgo se suma ahora el frente del mar Rojo. Irán habría pedido a los hutíes que estén preparados para interrumpir el tráfico por Bab el-Mandeb si Estados Unidos ataca su infraestructura eléctrica. El grupo ya habría desplegado drones y misiles cerca del estrecho, una vía por la que transitan aproximadamente 4 millones de barriles diarios de crudo y otro millón de productos refinados.

    El problema no es solo la posibilidad de cerrar Bab el-Mandeb, sino que esta amenaza llega con Ormuz ya bloqueado. La región se arriesga así a perder simultáneamente sus dos grandes rutas de exportación energética. Arabia Saudí ha desviado cerca del 70% de sus exportaciones hacia Yanbu, en el mar Rojo, precisamente para sortear la crisis del Golfo. Si los hutíes atacan esa infraestructura o vuelven a hostigar el tráfico marítimo, la principal vía alternativa quedaría también comprometida.

    La estrategia iraní parece evidente. Teherán busca elevar el coste económico de cualquier escalada estadounidense y convertir el suministro energético global en su principal herramienta de presión. No necesita hundir todos los barcos ni cerrar físicamente los estrechos durante meses. Basta con aumentar el riesgo, disparar las primas de seguro y obligar a navieras y traders a evitar la zona. En un mercado con inventarios mínimos, cada barril que tarda más en llegar importa.

    Lo realmente extraño, por tanto, no es que el mercado esté tensionado, sino que el precio todavía no lo refleje. La explicación más probable es que los inversores siguen tratando el conflicto como una disrupción temporal, confiando en una desescalada rápida o en la capacidad de otros productores para compensar los barriles perdidos. Pero esa confianza descansa sobre una base cada vez más frágil. La capacidad ociosa efectiva es limitada, los stocks están drenados y las rutas alternativas se encuentran también amenazadas.

    El petróleo no necesita que desaparezcan 11 millones de barriles diarios durante mucho tiempo para subir. Solo necesita que el mercado deje de creer que esos barriles volverán mañana. La complacencia actual puede mantenerse mientras los traders sigan mirando el conflicto como un episodio político. En el momento en que empiecen a verlo como un problema físico de suministro, el ajuste puede ser muy rápido. El barril, como siempre, acabará imponiendo su propia aritmética.

La rentabilidad de la cartera modelo es de +17.8% YTD vs +12.56% para el S&P500 ( S&P en €) y del +203.7% vs +69.1% para el S&P500 desde inicio (septiembre 2022). A cierre del viernes, la composición es la siguiente:

⚠️ Las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. La evolución histórica de la cartera modelo se muestra con fines exclusivamente informativos y educativos, y no constituye una recomendación de inversión ni una oferta de compra o venta de valores. Las rentabilidades mostradas pueden no incluir comisiones, impuestos u otros costes asociados.

Read the original on lwsfinancialresearch.substack.com

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