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Luces eXtrañas · Aug 9, 2025

#80 - Cúmulos abiertos: retratos fugaces de la infancia galáctica

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Lee el podcast de #80 - Cúmulos abiertos: retratos fugaces de la infancia galáctica

Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Buenos días, tardes, noches y bienvenidos al episodio número 80.

Quienes lleváis tiempo a bordo sabéis que cada decena hago un alto en el camino, dejo por un momento las crónicas a pie de telescopio y me pongo el mono de faena para profundizar en un objeto o técnica que merezca una reflexión más sosegada.

En el 70 destripamos las nebulosas planetarias, hoy la tarea es abrir en canal a los cúmulos abiertos, lo hacemos de una forma somera sin meternos en demasiados berenjenales para tener un episodio de referencia sobre este tipo de objetos.

Para profundizar más aportaré algún enlace a trabajos científicos que intentan desnudar algunos de los secretos que aún guardan este tipo de objetos.

Ah, y los cúmulos abiertos, parecen el hermano pobre de los objetos de cielo profundo.

Hay una cantidad importante de ellos al alcance de telescopios de aficionado.

Hay una variabilidad enorme en riqueza, en formas, en tamaños aparentes y en contundencia.

Si enlazamos uno tras otro los lejanos, los despoblados, los pobres, los dispersos y en general los débiles, pues sí, es muy probable que no nos causen esa chispa que sí hacen otros objetos, que no nos hagan tilín.

Muchos aficionados les tienen manía, no les ven la gracia, pero volviendo otra vez a la diversidad que hay entre ellos, es tal la cantidad de abiertos con mucho que ofrecer que no es siquiera racional llamar a estos objetos aburridos.

El episodio de hoy es un intento de ver qué son los cúmulos abiertos, su naturaleza, evolución, influencia en la galaxia, intentar comprender lo mucho que son y lo mucho que ofrecen.

Vale, yo no soy un entusiasta de los abiertos, no lo he sido nunca.

Probablemente sea porque los telescopios que uso no están pensados para ofrecer una puntualidad exquisita en estrellas, pero hay muchos que son un espectáculo, que dan para mucho tiempo a lo ocular.

Y en lo que a nosotros respecta, los astrófilos visuales, de eso se trata, de disfrutar de cada objeto, siendo conscientes de sus particularidades y del papel que desempeñan en la dinámica celeste, en la dinámica de la galaxia en la que estamos.

Los podríamos llamar archipiélagos estelares o islas juveniles de la Vía Láctea.

Son agrupaciones de decenas, a veces millares, de estrellas hermanas que aún comparten domicilio gravitatorio.

Su potencia visual radica en el contraste.

Tras varios minutos de navegación por un campo que parece anodino, de pronto irrumpe ante el ocular un puñado de brillantes azules, blancos y dorados, que exalpican el fondo negro como chispas.

Ese fogonazo inesperado provoca el clásico guau, que, bueno, admitámoslo, es la adicción secreta de todo astrófilo, de todo cazador de fotones.

Además de estética, ofrecen versatilidad.

Hay cúmulos tan anchos que para que quepan en el campo del ocular necesitamos unos sencillos prismáticos y otros tan compactos que exigen aperturas generosas y aumentos ya respetables para resolverse en estrellas individuales.

Algunos nos regalan color, otros siluetas imaginativas que inspiran nombres populares y ayudan a orientar nuevas formas de mirarlos.

En noches mediocres, cuando las grandes galaxias se esconden detrás de la contaminación lumínica, un cúmulo abierto bien situado puede rescatar la sesión y poner una sonrisa al observador.

Y aquí, su truco maestro, evolucionan deprisa a escala cósmica.

Observarlos es asomarse a laboratorios de formación estelar.

Vemos la infancia de las estrellas antes de que la dinámica galáctica las disperse para siempre.

Por eso, aunque ese wow inicial sea estético, la fascinación perdura cuando te das cuenta de que cada puntito azul es un sol en pañales, todavía sacudiéndose el polvo de la nebulosa donde nació.

Así que afinemos los buscadores y preparemos las listas de observación, porque esta noche sacaremos brillo a esas pequeñas joyas que salpican el plano galáctico y que, con suerte, volverán a arrancarnos más de un gesto de asombro.

Confieso, no sin cierto rubor, que durante mucho tiempo...

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