Llevo días resfriada. De esos en los que el cuerpo solo quiere estar en silencio, beber té caliente y comer algo que huela a horno y calma. No tengo energía para cocinar recetas complicads, pero sí para encender el fuego y dejar que una olla haga el trabajo.
O el honor, o el ayrfrier.
Hay frutas que parecen estar ahí solo para cuando no queda nada más. Aunque a mi mo me sienten crudas bien del todo, y mucha gente no las tome por intolerancia a la fructosa, eso no quiere decir que el resto no le podáis sacar todo el partico posible.
La manzana es una de ellas: resistente, barata, disponible todo el año y con más posibilidades de las que parece.
Cuando está dulce suaviza un plato salado. Cuando es ácida equilibra una receta grasa. Y cuando está madura, se convierte en el mejor espesante natural gracias a su pectina.
La pectina es una de esas maravillas que la manzana trae de serie, sin que tengamos que hacer nada. Está en su pulpa y en su piel, y es la responsable de que muchas mermeladas y compotas cuajen sin necesidad de añadir espesantes. Al calentarse con un poco de líquido y algo de acidez, se vuelve gelificante, creando esa textura suave y melosa que hace tan reconfortantes las cremas o las frutas al horno. Es, en resumen, una de esas ayudas naturales que convierten una simple olla de fruta en algo que parece cuidado a fuego lento. [No sabía si usar negritas porque parece hecho con ChatGPT, pero es que aquí creo que quedaban bien]
Esta semana, cinco formas de cocinar con manzanas sin necesidad de hacer tarta. Son recetas sencillas, reconfortantes y que funcionan igual de bien si estás cocinando solo para ti o si vas a llenar tuppers para varios días.

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