29 de noviembre de 2019. Es la fecha que aparece en la primera página de un texto titulado «Individualismo y dignidad en las relaciones laborales» que presenté en una de esas asignaturas tontas en mi primer año de universidad. Fue, probablemente, una de las primeras veces que escribí sobre una de mis obsesiones del momento y, como habéis visto los que lleváis por aquí todos estos años, estaría lejos de ser la última. Recuerdo esa obsesión en ese año concreto: buscar libros en tiendas físicas sobre trabajo, pero no encontrar ninguno con el enfoque que buscaba (lejos del emprendimiento, más lejos aún de la autoayuda); encontrar alguna que otro último ejemplar de libros editados en los 2000 en alguna librería de gran tamaño; acabar (inevitablemente) comprando libros de segunda mano en librerías online. Esto último me lo recuerda mi historial de pedidos en mi correo. La colección en casa abarca ya unos 30 títulos, de trabajo escribí hilos larguísimos en Twitter en algún momento de la pandemia, en otro blog previo a Substack y en algunas entradas en esta newsletter. Nunca han sido suficientes.
La obsesión con el trabajo es previa a 2019, pero no sabría deciros en qué momento surge y cómo crece hasta acabar buscando títulos en cualquier lugar en ese año precisamente. Puedo justificar, a posteriori, la obsesión en algo que siempre me ha resultado marciano porque no lo tengo: la vocación. Puedo entender también, porqué fue 2019 el año que me ofusqué con todo esto del mundo del trabajo: no iba a crecer dónde estaba, y no era muy capaz de aceptarlo. Mi discurso personal de que yo solo quería hacer lo mío, ganar dinero para vivir e irme a casa se tambaleaba. ¿Cómo? ¿Qué quería estar orgullosa de lo que hacía? ¿Qué quería aprender más? ¡Acabáramos! Esto os lo cuento ahora, que la Lara de 2019 aún no lo había entendido.
Muchos que leéis esta newsletter no sabéis cómo surgió, ni el porqué de este nombre, ni la razón de la falta de «línea editorial», pero sabéis que, a menudo, menciono mis obsesiones. No me gusta especialmente esta palabra, pero me gustan menos aún las alternativas. La idea era sencilla: me obsesionaba con tantos temas dispares que creía que era capaz de escribir sobre todos ellos cada semana y repetir muy pocos. En algún momento me di cuenta de que, por muy diferentes que puedan parecer estas obsesiones, al final todos escribimos sobre los mismos cuatro temas. Y sobre mi fascinación con el trabajo había escrito ya allá por 2023:
Un martes cualquiera (XXIII): Tiempo
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March 5, 2023
Me fascina el trabajo. No trabajar, eso me gusta hacerlo bien pero en su justa medida. Me fascina el trabajo como concepto, hacer cosas inventadas por el ser humano durante 8 horas para tener dinero inventado por el ser humano para comprar cosas que otros han hecho como primer paso. Tengo una parte de mi biblioteca dedicada al trabajo, las clases social…
Me he forzado un poco a mí misma estos años a no escribir demasiado sobre ello por aquí por la sencilla razón de que el tema es tan inabarcable que me habría comido todo Un martes cualquiera con una única obsesión. La primera vez que me planteé empezar a escribir sobre ello me encontraba en un trabajo que me habría hecho escribir desde la rabia, y no queremos eso, así que lo llevé al fondo de la mente y ahí se quedó durante unos añitos. «Llegará el día en el que tu propia situación laboral no suponga ningún impedimento para escribir de forma regular sobre trabajo» me prometí. Y ese día ha llegado.
Un martes laborable (guiño guiño) nació tímidamente hace varias semanas y he decidido no hablar mucho por aquí hasta no estar del todo segura de que me había metido en este «fregao». No solo lleva ya tres semanas, sino que tengo unas 15 entradas ya planificadas y en diferentes estados de escritura. Un martes cualquiera se escribía muchas veces a las 7:30 de los domingos junto con el primer café, solo dos horas antes de darle a enviar. El cambio es llamativo incluso para mí, que me sorprendo en las mañanas de sábado afinando las entradas de los martes. Mi búsqueda específica de libros sobre el trabajo que se alejaran del lector más evidente y de los temas más resabidos es lo que hace que la newsletter surja como ha surgido. Los grandes gurús de los Recursos Humanos escriben para los directivos, no para mí, y eso está bien, porque yo tampoco escribo para ellos.
Inevitablemente Un martes laborable va a ser menos personal, pero también, aunque suene incoherente, va a ser más real (empezando por el apellido de verdad, con el que firmo por primera vez en internet). Este martes comienzo una serie de 4 entradas sobre el convertirse en manager, algo que, claro está, no podría escribir sin haber pasado por ahí. La finalidad de esta entrada es la de invitaros, si queréis seguir leyéndome cada semana, a suscribiros por allá. Un martes cualquiera no va a desaparecer, pero las entradas surgirán muy esporádicamente y solo cuando tenga algo de verdad que contaros. Tanto si os movéis allá, como si os quedáis solo aquí, os agradezco la lectura y el apoyo constante. Una tiene la duda de que haya otras 750 personas que quieran leer sobre trabajo, pero, por suerte, aún no adivino el futuro. Si queréis un adelanto, por aquí os dejo la primera entrada y, si gustáis, nos leemos en un par de días:

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