No sé si las empresas están hablando de la cultura del propósito por encima de sus posibilidades, pero lo que sí sé es que algunos de sus ejecutivos y líderes deberían abandonar este momento Sidharta de búsqueda espiritual de uno mismo que protagonizan sin rubor. ¿Por qué? Porque la sobredosis de frases almibaradas con la que nos torturan en sus intervenciones públicas tiene un efecto boomerang que es contraproducente para sus intereses.
Lo que hacen este tipo de directivos no es comunicación ni transparencia y mucho menos es una defensa real de la cultura del propósito, sino un greenwashing de manual que, además, tiene un punto ridículo y hasta risible, de tan hueco que suena.
Se nota demasiado que sus discursos son artificiosos y que están destinados a trasladar una imagen comprometida de la empresa a la que representan. Y esto, lejos de ayudar, se vuelve en contra de ellos, pues predispone a quien les escucha y les hace estar más atentos, no vaya a ser que detrás del discurso socialmente impoluto haya un comportamiento que dista de ser mucho de ser razonable.
Estos directivos disfrazados de profetas del amor a la comunidad usan estas estrategias porque alguien les ha dicho que así quedarán bien ante los demás y que en consecuencia venderán más que esos demás. Pero olvidan que la base de cualquier estrategia de comunicación de sus marcas es la de imprimir un sello de credibilidad que llevará a sus empresas a conseguir esa especie de elixir de la confianza que les permitirá vender mejor sus productos, bienes o servicios.
Y sí, las empresas deben comprometerse con la sociedad en la que prestan sus servicios, han de tener un propósito y han de contarlo. Pero sin aspavientos y sin la pose falsa de quien dice ser un discípulo de la madre Teresa de Calcuta a la vez que se comporta en el trabajo como el bisnieto de Hannibal Lecter. A la credibilidad se llega a través de la autenticidad y de la honestidad, virtudes que, además, deben ser practicadas a lo largo del tiempo, no sólo un par de tardes en los que termina pareciendo que a esos señores y señoras les ha invadido el espíritu del bardo Asuranceturix.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.