Día 31 de 31. Llevo treinta y un días dentro de un experimento que nació de una sola pregunta: ¿qué pasaría si dejo de esperar a sentirme listo y empiezo a vivir desde la versión de mí con la que quiero estar en coherencia? Puedes leer el origen [aquí]. La pregunta que me repito cada día sigue siendo la misma: ¿qué haría hoy si eligiera vivir más cerca de quien soy, y no de quien he aprendido a ser?
Hace exactamente un mes publiqué el primer artículo. En ese momento solo tenía una idea rondándome la cabeza: deja de esperar el momento perfecto para empezar a vivir de una forma más coherente con la persona que quieres ser. Eso significaba escribir cada día durante un mes, aunque algunos días no me sintiera inspirado. Significaba cumplir una promesa que me había hecho a mí mismo y descubrir qué ocurría cuando dejaba de negociar constantemente con esa decisión.
Ahora que llego al final, me doy cuenta de que este mes ha sido bastante más que un reto de escritura. También ha sido una forma de observarme, de entender cómo tomo decisiones y de comprobar hasta qué punto muchas de las cosas sobre las que escribo solo tienen sentido cuando las llevas a tu propia vida. Si tuviera que resumir todo este mes en unos pocos aprendizajes, probablemente me quedaría con estos.
La claridad nunca llega antes de empezar
Es curioso porque casi siempre hacemos justo lo contrario. Esperamos a tener claro el siguiente paso para darlo, como si la claridad fuera una condición necesaria para actuar. Durante este mes me ha pasado exactamente lo contrario. Algunos de los artículos que más os han gustado nacieron de ideas que aparecieron mientras escribía. Otros simplemente por temas que me habéis pedido en comentarios. Si hubiera esperado a tenerlo todo pensado antes de empezar, ninguno de esos textos existiría.
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que la claridad no suele estar al principio del camino. Está escondida unos cuantos pasos más adelante y solo aparece cuando ya has empezado a moverte.
La confianza funciona de una manera muy diferente a como imaginaba
Creo que es muy común pensar que algún día nos sentiremos preparados para hacer determinadas cosas. Que llegará un momento en el que desaparecerán las dudas y, entonces sí, actuar será mucho más fácil. La realidad ha sido bastante menos romántica. Las dudas han seguido apareciendo, lo que ha cambiado es la relación que he tenido con ellas.
Después de escribir durante treinta y un días seguidos no siento que haya ganado confianza porque ahora escriba mejor o los textos sean mejores. La sensación es que ahora confío más en mí porque llevo un mes entero demostrándome que lo que me propongo puedo hacerlo. Al final, la confianza tiene mucho menos que ver con sentirse capaz y mucho más con acumular suficientes pruebas de que puedes cumplir aquello que te prometes.
Muchas veces lo que más nos cansa no es hacer algo, sino decidir todos los días si vamos a hacerlo o no
Lo difícil no suele ser el rato que le tienes que dedicar a eso que tienes que hacer. Lo agotador es pasar todo el día dándole vueltas, convenciéndote, buscando una excusa para dejarlo para mañana y sintiendo después esa incomodidad por no haber hecho lo que sabías que querías hacer.
Este mes me ha enseñado que muchas decisiones pesan muchísimo antes de tomarlas y bastante menos después. Una vez dejas de discutir contigo mismo y aceptas que esa es la dirección que has elegido, aparece una tranquilidad muy grande al dejar de gastar energía en una discusión que nunca termina.
Muchas veces tenemos claridad, pero nos cuesta sostener
Me habéis escrito mucho durante este mes. He leído historias sobre relaciones que cuesta soltar, trabajos que hace años dejaron de tener sentido, miedo a empezar de nuevo, ansiedad, culpa y esa sensación de estar viviendo una vida que ya no termina de encajar con la persona en la que uno se ha convertido. Aunque cada historia era diferente, había algo que se repetía constantemente. Casi nadie me escribía porque no supiera qué hacer, la mayoría ya tenía bastante clara la respuesta.
Lo que os costaba era sostener esa respuesta.
Solemos pensar que el cambio consiste en encontrar la respuesta correcta, cuando muchas veces el verdadero trabajo empieza justo después. Empieza cuando toca vivir de acuerdo con esa respuesta durante semanas, meses o años. Ahí es donde la mayoría de nosotros volvemos a las mismas costumbres, a las mismas relaciones o a las mismas decisiones de siempre, no porque hayamos descubierto que estábamos equivocados, sino porque seguir siendo la persona que hemos sido hasta ahora siempre resulta más fácil que convertirse en alguien distinto.
Cambia la imagen que tienes de ti mismo actuando
El aprendizaje más importante es este último. Cuando empecé este reto pensaba que estaba intentando comprobar si era capaz de escribir treinta y un artículos seguidos. Hoy creo que esa nunca fue la pregunta correcta. Lo que quería descubrir era si una persona puede cambiar la imagen que tiene de sí misma simplemente actuando, durante el tiempo suficiente, como la persona que quiere llegar a ser.
Después de un mes, creo que la respuesta es sí.
Hace un mes escribía porque me había impuesto un reto. Hoy me siento delante del ordenador sin la sensación de estar cumpliendo un desafío. Simplemente escribo. Entre una cosa y la otra no ha cambiado el tiempo que paso delante de la pantalla ni el teclado que utilizo. Lo único que ha cambiado es la historia que me cuento sobre quién soy.
Y creo que eso resume bastante bien todo lo que he intentado compartir durante este mes.
Al final, una identidad no aparece de golpe, se va construyendo casi sin que nos demos cuenta. Igual que nadie deja de reconocerse en una relación de un día para otro o se convierte en una persona segura por levantarse una mañana con más motivación, tampoco ocurre al revés. Vamos convirtiéndonos en aquello que repetimos. Las decisiones de hoy parecen pequeñas cuando las miramos por separado, pero terminan teniendo un peso enorme cuando pasan meses o años y descubres que, sin darte cuenta, llevan mucho tiempo diciéndote quién eres.
Supongo que esa es la idea con la que me gustaría cerrar este experimento. Después de treinta y un días poniéndola a prueba es la conclusión que más sentido tiene para mí. Durante este mes no he encontrado una versión nueva de mí mismo esperando al otro lado. Lo único que he hecho ha sido intentar comportarme, un día detrás de otro, como la persona en la que quería convertirme. Y, mirando hacia atrás, creo que esa versión nunca apareció de repente. Simplemente empezó a construirse el día que dejé de esperar a sentirme preparado para darle permiso de existir.
Durante este mes he compartido muchas de las ideas que más han transformado mi forma de entender el cambio, pero escribir sobre ellas y acompañar a alguien a aplicarlas son cosas distintas. Por eso he creado Finge hasta ser, un proceso individual de tres meses para personas que ya saben que algo en su vida necesita cambiar, pero todavía no consiguen sostener las decisiones necesarias para que ese cambio ocurra.
Durante el proceso trabajaremos el autoconcepto, los patrones que condicionan tu forma de relacionarte contigo y con los demás, y las decisiones que necesitas empezar a tomar para dejar de repetir siempre la misma historia entre otras muchas cosas. No se trata de convertirte en alguien ajeno, sino de dejar de actuar desde una versión de ti que ya no representa la vida ni las relaciones que quieres construir.
Si durante estos treinta y un días te has reconocido en alguno de los artículos y sientes que ha llegado el momento de dejar de intentarlo siempre desde el mismo lugar, puedes dejarme tus datos en el formulario que encontrarás a continuación. Me pondré en contacto contigo personalmente para conocer tu situación y valorar si este proceso puede ayudarte en este momento. Si creo que podemos hacer un buen trabajo juntos, te explicaré cómo serán esos tres meses. Si no, también seré el primero en decírtelo.
Gracias por acompañarme todo este mes.
Con mucho amor,
Jose.
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