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Javier Borràs Arumí · Aug 17, 2026

¿puede China hacer caer la economia alemana?

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Javier Borràs Arumí · Javier Borràs Arumí

(Publicado el 31/07/26 en el Diari Ara)

Hace unas semanas, tomando un té en una cafetería de Berlín, una sinóloga alemana me explicaba con preocupación la decadencia de la economía de su país. La industria de Alemania, que hace años era de las más potentes del mundo, ahora iba con el agua al cuello para resistir la competencia china. El choque más fuerte era en el sector del automóvil, el principal motor económico alemán —y también europeo—. China se había alzado como el líder mundial del vehículo eléctrico, mientras que el motor de combustión alemán era cada vez más una pieza de museo. Volkswagen ha anunciado que recortará 100.000 puestos de trabajo a nivel mundial. Cada mes se pierden 10.000 empleos industriales en Alemania, buena parte de ellos en el Mittelstand, el tejido de pequeñas y medianas empresas exportadoras del país.

En parte, esta caída industrial de Alemania ha sido causada por China. Las empresas industriales chinas ahora fabrican los productos complejos, caros y avanzados que antes solo manufacturaba la industria occidental. El gobierno chino ha dado subvenciones, devaluado el yuan y extraído transferencias tecnológicas de las empresas europeas que invertían en China. Pero también ha sido fuertemente innovador y previsor a nivel tecnológico. Ante esto, el gobierno alemán quiere que la Unión Europea imponga más restricciones y condiciones a los productos y empresas chinas que llegan a la UE, para así poder proteger su tejido industrial.

Frenar a China, sin embargo, no hará reflorecer la economía alemana. El principal problema del modelo económico de Berlín es interno. Alemania no tiene un Google, una Nvidia o un Huawei: la gran mayoría de sus grandes empresas actuales se crearon a finales del siglo XIX y principios del XX. Durante décadas, ha habido una actitud complaciente en la clase política y la población alemana, creyendo que estas grandes empresas tirarían eternamente de la economía y la innovación. Pero el resultado ha sido el contrario: más enfocadas en pagar dividendos a los socios que en invertir en I+D, las grandes empresas alemanas han perdido carreras clave como la del coche eléctrico. La economía alemana está poco digitalizada y altamente burocratizada, un ambiente donde a las nuevas empresas tecnológicas les resulta difícil hacerse un hueco.

Alemania debería haber reaccionado antes. Hasta hace poco, las empresas alemanas hacían lobby para mantener el mercado chino abierto para sus exportaciones; ahora, buena parte de ellas piden restricciones hacia Pekín. Berlín pide ahora que se tomen medidas contra el poder industrial chino, pero cuando este afectó en los años 2000 a las economías del sur de Europa, la respuesta alemana fue que estas debían adaptarse a la globalización.

La posición alemana nos puede parecer oportunista. Pero las consecuencias de que la primera economía europea entrara en crisis serían muy reales y perjudiciales para toda Europa. El sector del automóvil dominado por los alemanes sigue siendo el principal motor industrial del continente. El 10% de las exportaciones españolas van al mercado alemán. Una caída económica tendría consecuencias políticas. La extrema derecha de Alemania ha crecido en las zonas más deprimidas del país y un proceso de desindustrialización todavía le daría más fuerza. Si la AfD ganara el poder, esto generaría una ola que irradiaría al resto de estados de la Unión Europea. Nos guste o no, nuestro futuro está muy ligado al de Alemania.

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