Los millennials ya estamos demodé y, aunque alguno se resiste a mantener su juventud a base de exponer Funkos y Legos en su estantería bien visible para molar, la realidad es que no estamos posicionándonos bien.
Y no hablo del millennial tardío, casi zeta, no. Hablo del millennial de pura cepa, casi X, el que roza con el boomer.
Hay algo que a las nuevas generaciones se les da mejor que a nosotros: hacer negocios en entornos digitales.
Son buenos creando, comunicando y vendiendo. De hecho, han creado puestos para todos esos procesos y se encajan como abejas en un panal a su misión:
Content creators
Influencers
Setters y Closers
Son muy buenos. Son tan buenos creando y comunicando que se nos pasa por alto que todavía muchos de ellos no pueden ni siquiera ser buenos en la materia que ofrecen por el pequeño y nimio detalle de que todavía no tienen la experiencia y el conocimiento que necesitan.
O sí, entre ellos. Es decir, en su propio nicho, el infoproducto que vende casi cualquier cosa, desde programas de fitness hasta cursos para tirar las cartas del tarot.
Pero, cuando llega un profesional de otra generación, hay un gap enorme de jerga, empatía y objetivos.
Vamos a hablar de Enrique, un abogado de 48 años con tres hijos, que empieza a darse cuenta de que sus colegas más jóvenes están comunicando con menos experiencia que él y se le están comiendo la tostada.
¿Qué ve Enrique? Abogados de veintipocos años triunfando en TikTok o en YouTube con millones de visualizaciones y miles de comentarios.
Le pica y le jode porque lo que “JoanFiscal2005” comunica en sus videos, él lo sabe y lo puede corroborar con cientos de casos de éxito y años de tribunales. Es ego profesional y es completamente normal.
Suelta frases como “Joder, con lo que yo sé me podría estar forrando”, “Se me ha pasado la tostada”, “Sé mucho, pero no sé cómo comunicar esto”, “Yo no estoy para grabarme vídeos”, “En mi profesión esto estaría mal visto…”, etc.
El dolor de Enrique está en un nivel de conciencia 3-4, que decimos en marketing. Conoce su problema, es consciente de lo que le pasa y está empezando a gastar tiempo y dinero en ponerle remedio.
Va a conferencias de marketing, sigue a algunos profesionales que le dicen lo que tiene que hacer, se ha grabado ya algún video… pero no tiene claridad.
Y lo más importante, sigue sin verle la utilidad para él, que tiene tres hijos, responsabilidades, prestigio profesional y mucho miedo a todo esto que viene.
Si tú eres un poco Enrique, quiero decirte que te entiendo perfectamente. Pero déjame decirte que estás viendo el panorama desde el ángulo equivocado.
Ellos tienen la capacidad de robar la atención y el tiempo para generar contenido.
Tú, en cambio, tienes algo que a ellos les va a costar muchísimo conseguir, lo mismo de hecho que te ha costado a ti: experiencia, conocimiento y habilidades.
Además, has generado lo que Caleb Ralston llama “tu banco de credibilidad”, la prueba escrita de que lo que haces funciona: clientes, testimonios y hasta tus putas canas en la barba o en el pelo venden sin que tú lo sepas.
Lo único que debes desbloquear ahora son:
El método para conseguirlo.
Las pruebas en otros que atestiguan que “sí se puede”
La creencia de que lo que ya estás haciendo “gratis” a tus clientes se puede empaquetar como producto rentable que te ayuda a vivir mejor
El paradigma profesional ha cambiado para todos. Mientras los más jóvenes ya están encima de la ola haciendo piruetas, nosotros estamos en la orilla tanteando como surfearla. Lo que cambia es la tabla. Ellos necesitan más acrobacias en una tabla más pequeña en busca del aplauso y nosotros tenemos una tabla de esas XXL en la que llevamos montada a toda parentela pero es más segura, de movimiento más lenta y que nos garantiza un viaje más largo y rentable.
No te compares con el que recibe el aplauso y llena las salas; aprende a aprovechar el valor que ya entregas en tu trabajo, transfórmalo para que llegue a más gente y mantenga la misma reputación que ya tienes, pero en un canal diferente.
He aquí mi lección para hoy.
Y, ¿sabes qué? Que esta lección no era para ti, era para mí (como casi todo lo que escribo).
Yo también he tardado años en darme cuenta de que mirar el escaparate de otros me ha distraído de lo que de verdad aporto. He puesto foco en los números equivocados y eso ha distorsionado el objetivo y, por tanto, los esfuerzos.
En unas semanas, los primeros 9 alumnos de marca personal de mi “SummerCamp” acabarán su programa y, por lo que estoy viendo, van a ser 9 casos de éxito.
Son marketers, profesionales de la salud, del deporte y de los negocios. Todos son como tú y yo, millennials tardíos, incluso X o Boomers.
Pero todos están entendiendo que hay una tabla de surf bien gorda para capear esta ola y que si consiguen construirla, llegarán lejos.
En septiembre lanzaré la nueva edición. Estoy muy contento con el resultado, de veras.
Si te has reconocido en Enrique… házmelo saber, porfa.
Gracias por seguir aquí.
Te deseo una buena vida coherente. No tienes que bailar en TikTok para generar negocio de lo que ya sabes hacer mejor que otros.
Solo hay que encontrar eso que haces, entregárselo a las personas correctas y aprender a comunicarlo. No es tanto; hay que ponerle método.
Buen fin de semana.

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