Dicen que los mejores amantes son aquellos que obtienen su placer de dar placer, es decir, de observar en la cara y la voz de otra persona los efectos turbadores que provocan sus artes amatorias. Al cocinero Santi Ríos, alias Piper, le pasa lo mismo con sus clientes. Nada parece darle más placer que comprobar cómo una cococha a la plancha ilumina las caras con gestos de disfrute y produce gemidos golosos en los comensales. Parece que es él quien saborea lo que uno tiene en su boca.
Piper vive en el asombro perpetuo que le causan los productos que entran en su pequeña cocina, y donde otros chefs vienen a interrumpir la conversación con un relato preparado sobre la elaboración de un plato estrella, él aparece para decirte: «¿Has visto qué pedazo de salmonete?». Observa cada animal marino como si fuera la primera vez que lo viera. Y no es fácil encontrar piezas como las que este hombretón de Ondárroa maneja en Piperren Txokoa, el restaurante con hechuras de txoko que acaba de trasplantar …

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