¿Cómo le explicas a alguien que lo has soñado toda tu vida?
No se lo dije. Obvio. No quería espantarlo. Pensaría que estoy loca.
Y tal vez, pero no se lo tenía que confirmar tan pronto.
La conversación continuó en la misma línea de todas las entrevistas: una serie de preguntas, y una tensión inconfesable.
Fernando parecía no estar interesado. El pobre tipo ni siquiera intentaba esconder su desinterés.
Y en cuanto a Rodrigo...
Me pareció imposible no notar cómo todo a su alrededor se iluminaba cuando hablaba. Con esa misma energía, me arrastraba sin querer.
En ese momento, me di cuenta de cómo una presencia, una voz, era capaz de trastocar todo mi mundo.
Podría casi jurar que él sintió lo mismo. Pero no le dije nada. Pero, claro, no iba a decirle nada, porque imaginé —con bastante lógica— que no lo volvería a ver.
Salí del edificio.
Pasaron unos días.
Hasta que sonó el teléfono.
—¿Bueno?
—¿Hola? ¿Con Mara? —dijo una voz femenina, demasiado entusiasta.
—Sí, ella habla.
—¡Hola, Mara! Soy Alexandra Valvidia, jefa de la unidad de preparación. Quiero felicitarte… fuiste seleccionada para formar parte del programa de Trainees.
Hubo un silencio breve.
—¿En serio?
—Sí, ¿podrías presentarte a las 11:00 a.m. para firmar papelería y comenzar la capacitación?
—Claro… sí, claro que sí. ¡Gracias!
Corté.
No pregunté cuánto pagaban.
Era pandemia.
El desempleo era alto.
No pregunté condiciones, no negocié nada. Ni siquiera se me ocurrió. Era torpe en esas cosas, no sabía ponerme un precio.
Cualquier cosa que me diera la oportunidad de dejar atrás el colchón inflable y comer algo que no fuera pan con mermelada, estaba más que bien.
Miré el celular. Era 19 de agosto, mi cumpleaños.
Lo tomé como una señal, un regalo, un inicio. Como si el universo me hubiera hecho un pequeño guiño cómplice: lo iba a ver de nuevo. El tipo que entró tarde, despeinado, y con los ojos de mis sueños.
⌛💖
Te pareces a alguien que amé
Capítulo 1: "Guiño cómplice".
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