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Objetivo: Libertad financiera · Aug 9, 2026

La CARTERA PERMANENTE: qué es, cómo se comporta y cuándo tiene sentido en tu estrategia

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Objetivo: Libertad financiera · Objetivo: Libertad financiera

Hoy esta edición se publica con el apoyo de Finizens, que patrocina este espacio porque creemos en lo mismo: educación, transparencia y finanzas al alcance de todos.

Hay una idea de inversión que suena ¿demasiado bien? para ser verdad, una cartera capaz de funcionar en cualquier escenario.

Esa es la propuesta de Harry Browne, la cartera permanente.

Antes de nos emocionemos vamos a entenderla bien, a ver cómo se ha comportado en comparación con otras estrategias y sobre todo, a cuestionarla.

Es una estrategia de inversión que está diseñada para proteger tu capital en cualquier escenario económico al estar distribuido en partes iguales entre cuatro vehículos. Según Browne, hay cuatro escenarios con los que podamos encontrarnos y cada activo, está pensado en cubrir cada uno de ellos:

  • Crecimiento económico (25% acciones). Si la economía crece, las empresas ganan dinero; y aquí es donde entran en juego las acciones; la renta variable.

  • Inflación (25% oro). Cuando el dinero pierde valor, o hay desconfianza, el oro protege (y que nos lo digan en los tiempos que corren…).

  • Deflación (25% bonos a largo plazo). Si los precios caen, la demanda se contrae y el crédito se vuelve más barato; por lo tanto, los bonos se revalorizan.

  • Recesión (25% liquidez). Disponer de efectivo permite protegerse ante caídas y nos brinda la oportunidad de aprovechar estos momentos, además que nos evita perder en los peores momentos. Ojo, aquí un vehículo podrían ser los fondos monetarios, no parado en la cuenta del banco.

La idea es clara: no intentar adivinar el futuro, sino estar preparado para cualquier escenario económico.

Hasta aquí todo suena muy bonito pero tenemos que cuestionar lo siguiente (antes de entrar en números):

  1. Rentabilidad limitada. Ya que históricamente la cartera ha sido estable pero no ha sido espectacular. Aquí entra en juego lo que busca el inversor: Si buscas maximizar crecimiento y rentabilidad, no es tu cartera; pero si tienes un enfoque que busca estabilidad y resistencia a cualquier entorno económico; puedes seguir indagando porque podría ser para tí.

  2. Coste de oportunidad. Muy relacionado con lo anterior; no dejamos de tener un 25% en liquidez y un 25% en oro (en los últimos 20 años es cierto que ha tenido una rentabilidad media anual superior al 9%; pero no ha sido siempre así y ha estado lateral muchos años).

  3. Psicología de la inversión. Mantener una cartera de este estilo es “muy sencillo” pero implica ver durante muchos años como las acciones rinden muchísimo más que tu cartera (dependiendo obviamente del momento), o el oro no hace nada (aunque esto nos pueda resultar ahora imposible); y aún así seguir el plan, hacer DCA y no tocar absolutamente nada.

  4. Dependencia de los bonos de largo plazo. Los bonos a largo plazo, ya no son considerados el “mismo seguro” para el inversor. Nos encontramos en un entorno de elevada deuda pública a nivel global, donde los estados necesitan financiarse constantemente, lo que puede presionar al alza los tipos de interés. Y aquí está el problema: si los tipos suben o se mantienen elevados, los bonos a largo plazo pueden dejar de cumplir ese papel protector que históricamente han tenido.

Ahora veamos cómo se ha comportado y para ello, voy a hacer el ejercicio de comparar la cartera permanente con el $IWDA (replica el índice MSCI World) y con el $VWCE (replica el índice FTSE All-World).

Sé que lo primero que quieres ver es su evolución (comparto cómo se han comportado en los últimos 20 años); pero no te quedes solo con la superficie: la cartera permanente ha ofrecido una rentabilidad inferior a la renta variable global.

Ahora bien, quedarse únicamente con ese dato sería un error. Vamos a analizar qué hay detrás.

La tasa de crecimiento anual compuesto (en estos últimos 20 años) de la cartera permanente ha sido de casi 50 puntos porcentuales menor; pero por el contrario tiene un ratio de sharpe superior (es decir, que ha tenido un rendimiento mejor ajustado al riesgo).

La psicología de la inversión, es DEMASIADO IMPORTANTE, y tener estómago o no tenerlo, marca la diferencia a largo plazo; y de ahí, la imagen que te voy a mostrar ahora, que es el drawdown histórico de la cartera permanente frente a estos dos ETFs que aparentemente parecen “mejor opción” simplemente porque han tenido una rentabilidad superior.

La Cartera Permanente no compite en rentabilidad, compite en supervivencia.

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Ahora quiero hacerte una pregunta:

En crisis como 2008, la renta variable llegó a caer cerca de un 50% ¿Cómo te hubieras comportado? ¿Prefieres una cartera estable con un 7,57% de rentabilidad anual o una mucho más volátil por 50 o 60 puntos porcentuales más?

Aunque recuerda que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Que una inversión haya tenido buenos resultados en el pasado no significa que vaya a tenerlos en el futuro.

La pregunta no es qué vehículo es mejor, si no, ¿qué tipo de inversor eres tú?

Llegados a este punto, puede que te estés preguntando: ¿Cómo se construye una cartera permanente en la práctica?

Puedes hacerlo por tu cuenta (la versión más pura… y también la más exigente), eligiendo los distintos vehículos:

  • ETF de renta variable global (para minimizar las comisiones al máximo)

  • Bonos gubernamentales de alta calidad a largo plazo

  • ETC respaldado por oro

  • Fondos monetarios

Y, sobre todo, rebalanceando de forma periódica. Puede parecer sencillo en teoría, pero no tanto en la práctica.

El fondo clásico es el Permanent Porfolio Fund, que sigue la filosofía original; pero para sorpresa de nadie, no se puede comprar directamente desde Europa.

Lo más parecido que tenemos (aunque no es exactamente la cartera de Browne) es el fondo MyInvestor Cartera Permanente, que nace de la fusión de Icaria Cartera Permanente y MyInvestor Cartera Permanente.

Es importante entender que no se está replicando la cartera original, si no creando una adaptación.

Se trata de un fondo de autor gestionado por Rafael Ortega y Carlos Santiso, con unos costes del 0,50% de gestión y 0,10% de depositaria, que replica la esencia de la estrategia, pero que introduce una capa más: Diversificación también a nivel geográfico, implementando la estrategia en distintas regiones (buscando que EEUU condicione el comportamiento de toda la cartera).

Hasta ahora hemos visto cómo ha funcionado la cartera permanente a largo plazo. Pero también es interesante bajar a tierra y ver qué ha pasado en un periodo reciente, en un entorno muy distinto al de las últimas décadas.

Si cogemos este gráfico extraído de la carta del segundo semestre del año pasado del propio fondo; vemos que ha logrado una rentabilidad acumulada cercana al 25%, frente a aproximadamente un 8% de su categoría de referencia*. Es decir, no solo ha cumplido su objetivo de estabilidad, sino que además ha superado claramente a otras estrategias conservadoras.

Como probablemente te lo estés preguntando, con quien se está comparando el fondo es con el MSAAEATE, que es un índice de Morningstar de la categoría “Allocation EUR Conservative, que representa el comportamiento medio de los fondos conservadores y con baja volatilidad (en euros).

Recuerda que no es un benchmark perfecto, cada fondo dentro del índice es distinto, y no es la misma filosofía.

El fondo MyInvestor cartera permanente no está batiendo al mercado, está abatiendo a otras “formas” de ser conservador.

No existe la cartera perfecta.

La Cartera Permanente no es mejor ni peor. Es distinta.

Invertir no solo va de números, va de psicología, de cómo reaccionas cuando el mercado cae y de si eres capaz de mantener el plan cuando todo invita a abandonarlo.

La pregunta no es, ¿Qué cartera es mejor?

La pregunta es otra, ¿Qué tipo de inversor eres tú?

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