Y no, la respuesta no es dormir más. Lo que pasa es que llevas años creyendo que descansar y dormir son lo mismo. Y no lo son.
Existen siete tipos de descanso, de acuerdo con la doctora Saundra Dalton-Smith, y la mayoría solo conocemos uno.
Dentro de ti no hay una sola batería, por decirlo así. Hay varios tanques de energía: el físico, el mental, el emocional, el de tu sistema nervioso, que cuando vive en alerta se vacía sin que te des cuenta, el social y otros más.
Cuando te “cuidas” o cuando te consientes —digamos, con un baño, una siesta o una serie de Netflix por la noche— muchas veces solo llenas un tanque: el físico. Mientras tanto, los otros siguen a la mitad, si bien te va.
Por eso hay un cansancio que no se quita durmiendo, porque no está en el cuerpo; está más adentro.
Te paso la lista para ver cuál te resuena y que quizá no habías considerado realmente:
1. Físico. El del cuerpo. Dormir, pero también estirarte, caminar o recibir un masaje. Lo necesitas si dependes del café para arrancar las mañanas.
2. Mental. Cuando la mente no se apaga y todo está confuso, no te enfocas y te sientes lleno de ruido mental. Este tanque se llena con pausas cortas, escribiendo lo que traes dando vueltas y reduciendo el uso del celular y las redes sociales.
3. Emocional. Se llena dándote permiso de sentir sin fingir que estás bien. Lo necesitas si te sientes desconectado o, por el contrario, muy sensible o irritable.
4. Social. Es cuando te sientes solo en medio de la gente. Se recupera pasando tiempo a solas y con personas con las que no sientes que tienes que actuar. Este tanque se recarga con amistades seguras.
5. Sensorial. Actualmente, tantas pantallas, ruidos, luces y notificaciones nos llenan de estímulos sensoriales. Recibimos demasiada información al mismo tiempo. Aquí nos recargamos apagando todo: estando en silencio, con luz tenue o en contacto con la naturaleza.
6. Creativo. Cuando nada te inspira. Curiosamente, se llena dejando de exigirte crear: arte, música o jugar sin un propósito.
7. Espiritual. Ese vacío de sentir que nada tiene sentido. Se recupera reconectando con algo más grande que tú: el silencio, la comunidad, un propósito, la naturaleza o la creencia que tú practiques.
Pero lo más importante es que, para que el descanso realmente funcione, necesita cuatro cosas:
Seguridad. Tu sistema nervioso no descansa si se siente en peligro, hagas lo que hagas.
Conexión con lo que te nutre. Personas que te hagan bien, belleza, naturaleza y tu parte más auténtica.
Límites con lo que te drena. Soltar, aunque sea por un rato, aquello que te vacía.
Conexión honesta. Contigo y con los demás. Ahí sucede el descanso más profundo.
Sentirnos seguros siendo nosotros mismos, expresándonos, platicando, conviviendo o haciendo lo que sea, siempre que nos sintamos seguros, es lo que verdaderamente nos permite descansar y salir del modo de lucha o huida.
Hazte una sola pregunta hoy:
¿Cuál de mis tanques está más vacío?
Califica cada uno del 0 al 10, donde 0 significa “totalmente vacío” y 10, “recargado y descansado”.
Enfócate esta semana en ese tanque, no en los siete. Solo en uno: el que más lo pida y lo necesite. Haz algo por él hoy, por más pequeño que sea.
Porque descansar no es un premio que te ganas cuando terminas todo. Es una de las formas más honestas de autocuidado real.
Gracias por leerme.
Valeria Lozano
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