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Remembrance Capital · Aug 12, 2026

El IPC estadounidense tiene hoy la última palabra

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Samuel Izquierdo Pina · Remembrance Capital

Hoy toda la atención está puesta en Estados Unidos y, concretamente, en el IPC de julio. El mercado llega a esta referencia en una posición delicada: por un lado, el enfriamiento del mercado laboral estadounidense ha aumentado las expectativas de una política monetaria menos restrictiva; por otro, el repunte del petróleo provocado por la tensión entre Estados Unidos e Irán amenaza con complicar precisamente el proceso de desinflación que necesita la Reserva Federal para poder plantearse una bajada de tipos.

Y esta es, en mi opinión, la clave de fondo de la jornada. El mercado necesita inflación moderándose al mismo tiempo que la economía pierde algo de fuerza, pero sin entrar en recesión. Es el famoso escenario de aterrizaje suave. El problema es que el petróleo vuelve a introducir una variable que puede alterar esa ecuación.

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La situación en Oriente Medio vuelve a deteriorarse. Las expectativas de alcanzar un acuerdo entre Washington y Teherán se han reducido después de nuevos ataques sobre el tráfico marítimo en zonas próximas al estrecho de Ormuz y al mar Rojo. Irán mantiene que Ormuz permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos acepte sus condiciones, mientras los hutíes, aliados de Teherán, continúan atacando objetivos relacionados con el transporte marítimo.

El mercado ha reaccionado rápidamente. El Brent se sitúa ya alrededor de los 89-90 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense supera los 83 dólares. Lo importante no es solamente el precio actual, sino la dirección del movimiento y, sobre todo, cuánto tiempo puede mantenerse esta situación.

Ormuz es una de las arterias energéticas más importantes del planeta. Si la interrupción del tráfico se prolonga, el problema deja de ser exclusivamente geopolítico y pasa a convertirse en un problema macroeconómico. Un petróleo más caro significa mayores costes de transporte, energía y producción y, en última instancia, mayor presión sobre la inflación.

Y aquí aparece la contradicción que está empezando a preocupar al mercado: la economía estadounidense está dando señales de desaceleración al mismo tiempo que el petróleo vuelve a generar presión inflacionista.

Es un escenario mucho menos cómodo para la Fed que el que teníamos hace unas semanas.

El consenso espera que el IPC estadounidense avance un 0,1% mensual en julio, después de haber caído un 0,4% en junio, mientras que la tasa interanual se situaría en el 3,4%, frente al 3,5% anterior.

La inflación subyacente es todavía más importante. El mercado espera un incremento mensual del 0,2% y una tasa interanual del 2,5%.

Si estas cifras se cumplen, la lectura sería razonablemente positiva. No estaríamos ante una inflación completamente controlada, pero sí ante una economía en la que las presiones subyacentes continúan moderándose. Y eso daría argumentos a quienes esperan que la Reserva Federal pueda mantener una política monetaria menos restrictiva.

Además, hay un dato interesante detrás de estas previsiones: la gasolina estadounidense bajó en julio hasta una media de 4,064 dólares por galón, desde los 4,184 dólares de junio. Esa caída habría ayudado a contener el IPC.

El problema es que lo que funcionó a favor de la inflación en julio podría empezar a funcionar en sentido contrario en los próximos meses si el petróleo continúa subiendo.

Y aquí es donde creo que debemos mirar más allá del dato de hoy. Un IPC del 3,4% sería una buena noticia, pero no necesariamente suficiente para cerrar el debate sobre los tipos. La Fed tendrá que decidir si el repunte del petróleo es un fenómeno temporal provocado por la geopolítica o si puede terminar trasladándose de forma más persistente al resto de precios.

En Europa conoceremos también los datos finales de inflación armonizada de Alemania e Italia, con previsiones del 2,8% y 2,9% interanual, respectivamente.

La situación europea es diferente a la estadounidense. El crecimiento continúa siendo más débil y el BCE tiene, en principio, más margen para adoptar una política monetaria acomodaticia si la inflación lo permite. Pero una escalada prolongada del petróleo sería una mala noticia también para Europa, especialmente porque la región es mucho más vulnerable a las importaciones energéticas.

Por eso, aunque el mercado europeo hoy permanezca prácticamente plano, el petróleo puede acabar siendo mucho más importante para la renta variable europea que el propio dato de inflación estadounidense.

En Asia hemos visto una fotografía bastante desigual. El Kospi surcoreano se dispara un 3,68%, impulsado principalmente por las compañías tecnológicas, mientras el Nikkei japonés avanza un 0,83%.

Japón continúa siendo especialmente interesante porque el mercado está empezando a contemplar con mayor intensidad una subida de tipos del Banco de Japón. El yen se mueve alrededor de 159,38 por dólar, mientras los rendimientos de la deuda pública japonesa alcanzan máximos de varias décadas.

Esto supone un cambio importante respecto al escenario que hemos tenido durante años. Japón está dejando atrás progresivamente el mundo de los tipos cero y eso puede tener consecuencias no solamente domésticas, sino también internacionales.

En China, el comportamiento es más moderado: el CSI 300 sube un 0,60% y el Shanghai Composite un 0,31%, mientras Hong Kong cae un 1,05%.

Y todo esto ocurre mientras Corea del Norte vuelve a lanzar un misil balístico y aumentan las tensiones en Asia antes de las maniobras militares conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur. A ello se suman las tensiones entre China, Indonesia y Taiwán.

La conclusión es bastante sencilla: el mercado está teniendo que incorporar simultáneamente varios focos geopolíticos, y eso explica que el oro y el petróleo estén ganando protagonismo como activos refugio.

Wall Street tampoco consiguió mantener el optimismo de las últimas sesiones. Los principales índices cerraron ayer a la baja ante la pérdida de expectativas sobre un acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la preocupación por el cierre de Ormuz.

Amazon y Alphabet estuvieron entre los grandes lastres de la sesión, mientras compañías como Apollo y Blackstone registraron fuertes avances.

Pero hay un dato que me parece especialmente interesante: las llamadas Siete Magníficas acumulan una subida aproximada del 10,1% en 2026, frente al 16,4% del resto del S&P 500.

Es una diferencia relevante porque demuestra que el liderazgo del mercado estadounidense está empezando a ser algo más amplio. Durante mucho tiempo la evolución de Wall Street dependió de un grupo muy reducido de compañías tecnológicas. Ahora, si el resto del índice empieza a tomar el relevo, el mercado puede tener una estructura algo más saludable.

Eso no significa que las grandes tecnológicas hayan dejado de ser importantes. Simplemente significa que el mercado está empezando a valorar otras partes de la economía.

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Y ahí aparece otra cuestión: las valoraciones siguen siendo exigentes y cualquier decepción en resultados puede provocar movimientos importantes. El ejemplo de On, que cayó un 20,3% después de presentar unas ventas inferiores a lo esperado, demuestra hasta qué punto el mercado está penalizando las sorpresas negativas.

En el frente empresarial europeo, los resultados de E.ON han sido ligeramente mejores de lo esperado. El EBITDA del primer semestre creció un 1,3% interanual hasta los 5.404 millones de euros, apoyado principalmente por el negocio de redes y Energy Infrastructure Solutions.

La compañía ha mantenido sus previsiones para el conjunto del ejercicio y también sus objetivos para 2030. Es una señal positiva porque demuestra que el negocio regulado de redes continúa ofreciendo cierta visibilidad en un entorno económico que sigue siendo complicado.

Vestas, por su parte, ha protagonizado probablemente la sorpresa empresarial más positiva de la jornada. El EBIT ajustado del segundo trimestre alcanzó los 446 millones de euros, frente a los 205 millones esperados.

La compañía ha reaccionado elevando su previsión de margen EBIT para el conjunto del ejercicio hasta el 7%-9%, desde el 6%-8% anterior, y además ha anunciado un nuevo programa de recompra de acciones de 400 millones de euros.

Es exactamente el tipo de combinación que gusta al mercado: mejora de resultados, aumento de previsiones y remuneración adicional al accionista.

La otra cara de la moneda la encontramos en Douglas. El EBITDA trimestral cayó un 19,4% hasta los 127,5 millones de euros, por debajo de los 131,5 millones previstos. La compañía reconoce que el consumidor europeo continúa mostrando una elevada sensibilidad al precio.

Y este dato es importante porque nos proporciona una pequeña fotografía de la economía real: el consumidor europeo sigue siendo prudente.

No estamos necesariamente ante un desplome del consumo, pero sí ante un consumidor que compara precios, reduce gastos y se muestra mucho más selectivo. Es una señal que debemos seguir especialmente de cerca porque el consumo es uno de los principales motores del crecimiento europeo.

Si tuviera que resumir todo lo que está ocurriendo hoy en una sola ecuación, sería esta:

petróleo → inflación → tipos → valoración de los activos.

Si el IPC estadounidense confirma la moderación esperada, el mercado probablemente respirará aliviado. Si además la inflación subyacente se mantiene en el 2,5%, aumentará la confianza en que la Fed puede empezar a adoptar una postura menos restrictiva.

Pero si el dato sorprende al alza, el petróleo alrededor de 90 dólares puede convertirse en un problema mucho mayor. En ese caso, las expectativas de recortes de tipos podrían retrasarse y las rentabilidades de los bonos volverían a subir, ejerciendo presión sobre las valoraciones bursátiles.

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Y lo interesante es que el dato de inflación de hoy no debe analizarse de forma aislada. Hay que observarlo junto al mercado laboral. Estados Unidos ya ha empezado a mostrar señales de enfriamiento en el empleo. Si ahora la inflación confirma la moderación, el escenario de aterrizaje suave gana credibilidad. Si, por el contrario, la inflación permanece elevada mientras el empleo se debilita, la situación se vuelve mucho más complicada. Ese es probablemente el escenario que más debería preocupar al inversor.

Porque las bolsas pueden convivir con una inflación del 3,5%, con tipos elevados o incluso con un petróleo cercano a 90 dólares. Lo que resulta mucho más difícil de digerir es una combinación de crecimiento débil, inflación elevada y bancos centrales sin margen para responder.

Por ahora, todavía no estamos ahí. Pero la tensión geopolítica ha conseguido recordarnos que el escenario macroeconómico puede cambiar bastante rápido.

Y por eso hoy no me preocuparía demasiado por si el Euro Stoxx abre subiendo o bajando unas décimas. La verdadera información llegará a las 14:30, cuando conozcamos el IPC estadounidense. Ese dato será el que determine si el mercado puede seguir descontando una progresiva relajación monetaria o si el petróleo y la geopolítica empiezan a complicar nuevamente la historia de desinflación.

Mientras tanto, los resultados empresariales siguen dando una señal razonablemente positiva en Europa, especialmente en compañías industriales como Vestas y negocios regulados como E.ON. La economía real, sin embargo, sigue mostrando una fotografía mucho más prudente, como refleja Douglas.

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