RSS Amplifier

Honos · Aug 23, 2026

Honos 308. Seguir el hilo

0
Sign in to vote or save

Honos · Honos

La Reflexión

La semana pasada estuve construyendo con IA un pequeño juego para el proyecto de Ideas Afines. Algo tonto y solo por diversión. Gala, mi hija, se acercó, miró la pantalla y me preguntó: «Papá, ¿qué haces?». Tiene trece años, así que sus preguntas contienen a veces una mezcla difícil de distinguir entre la curiosidad y la fiscalización. Le expliqué el juego y por qué lo hacía y al poco estaba sentada a mi lado. Lo probamos juntos, encontramos errores, añadimos interacciones, discutimos mejoras. Con cada cambio se abría una posibilidad nueva y también, de vez en cuando, rompíamos algo que, hasta ese momento, funcionaba perfectamente. Gala asumió enseguida la tarea de ir señalando todo cuanto no funcionaba, que es una responsabilidad para la que los hijos parecen venir especialmente preparados. Cuando nos pareció que estaba lo suficientemente listo, lo publicamos. Unos días después, me pidió ayuda para hacer su propia aplicación.

La idea le ha venido porque hace poco le regalamos una máquina de coser y ahora vive bajo esa forma de entusiasmo que trueca en irrelevante todo lo demás. La aplicación que quiere construir le ayudará a trazar patrones. Ahora habla (yo soy más de escribir, pero ella ve más natural lo de la voz) con una inteligencia artificial mientras, a sus pies, el pedal de la máquina pone en marcha el traqueteo de la aguja y el hilo se le desenhebra por enésima vez. La tecnología más puntera en sintonía con otra que tiene ya doscientos años.

Para quienes crecimos en los años ochenta y noventa, la televisión era el gran lugar de consumo donde nos sentábamos a esperar que la realidad nos entrara por los ojos. La programación, palabra que entonces designaba la parrilla televisiva, decidía qué podíamos ver y a qué hora. La tele emitía y nosotros recibíamos. Esto fue así hasta que la aparición del ordenador propuso una relación distinta con la tecnología. Mi primo mayor tenía un ZX Spectrum y compraba MicroHobby, una revista que publicaba pequeños juegos en forma de largas columnas de código. Los dos, mano a mano, copiábamos línea tras línea esperanzados en que, cuando termináramos, aquello cobraría vida en la pantalla. Si nos equivocábamos en alguna letra, aquel gólem digital no echaría a andar y habría que empezar desde el principio con una nueva recarga de Colacao y galletas. Años después llegó internet, que no hizo más que potenciar aquella sensación de que todo estaba por hacer. A las primeras páginas webs que hacíamos se le veían las costuras por todos lados. Pocas imágenes, muchas tablas y contadores que celebraban la visita de catorce internautas. Internet era aún un lugar de glasilla, pero en el que uno podía apreciar el cariño, la dedicación y la labor.

La generación de Gala se ha encontrado con un mundo digital muy distinto. Para ellas, lo que hay tras la pantalla ya no es tanto un quehacer como un consumir. En La Salvación de lo Bello, Byung-Chul Han reconoce en el concepto de lo pulido uno de los rasgos de esta generación. En lo pulido nada sobresale, raspa, o interrumpe la suave caricia de la yema del dedo por el cristal del dispositivo o por la ingle brasileña (sic). Tras el cristal —añado yo— sucede lo mismo: las interfaces se han pulido de igual modo. Sus costuras se han ocultado tras una sucesión de sistemas de diseño funcionales, sencillos, pero tremendamente planos, monótonos, amables y bruñidos. El éxito de esta interfaz ha consistido en borrar cualquier rastro de su manufactura. Es cierto que esta generación no solo ha consumido. Ha generado vídeos, memes, mundos en Minecraft y Roblox, pero lo ha hecho siempre dentro de los muros levantados por otros. Quizá, ahora, la inteligencia artificial haya abierto una grieta en esos muros o al menos arrugado la superficie pulida del cristal mostrando un nuevo lugar por hacer, un nuevo mundo por crear. La arruga puede ser bella también en lo digital.

Gala y yo escribimos lo que deseamos que se haga realidad y, como si fuera un conjuro, como si los actos de habla lo fueran más que nunca, algo se hace patente en el mundo: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad.” Pero que algo se haga evidente, que aparezca en el mundo, no significa que esté acabado, terminado. Durante la creación de nuestro juego hemos probado, juzgado, corregido e iterado soluciones. Todo ello devolvió esa rugosidad, esa arruga al mundo digital de mi hija. Sospecho que esa ha sido la verdadera revelación para Gala: descubrir que el mundo digital, que las aplicaciones son artefactos —actos de arte— y que, al contrario que la lluvia, los lunes o la tarea de recoger su habitación, no pertenecen a un mundo previo a su acción sobre él. Ya no se pregunta únicamente qué aplicación podría descargar, también cuál le gustaría construir.

La observo trabajar. Alterna entre el portátil y la máquina de coser. En uno construye la aplicación, en la otra confecciona una prenda. Entonces recuerdo las tardes en que ayudaba a mi madre con los patrones de Burda. Aquellas hojas estaban recorridas por una maraña de líneas superpuestas entre las que había que reconocer la que nos interesaba, calcarla y trasladarla después a la tela. También recuerdo las líneas de código de MicroHobby que copiaba con mi primo para que algo apareciera en el Spectrum. He tardado muchos años en advertir cuánto se parecían ambas escenas. En las dos había un deseo, una máquina y la confianza en que, siguiendo las instrucciones, algo terminaría por formarse.

En su tarea, Gala hilvana con naturalidad aquellas dos escenas de mi pasado sin haber estado presente en ninguna. En su pantalla reaparecen las líneas que copiaba con mi primo y, sobre su papel de seda, las que calcaba con mi madre. Desde la habitación contigua donde escribo esto escucho el traqueteo de su máquina. De vez en cuando se detiene. El hilo ha vuelto a desenhebrarse.

Habitar la pregunta, ahondar en los conceptos, es justo lo que hacemos en «Filosofía como ventaja táctica». En el encuentro entre dos conceptos que se rozan, quedarnos lo suficiente para que de esa fricción salte una chispa.

Tiempo y Cambio. Amor y Felicidad. Pensamiento y Lenguaje. Técnica y Tecnología. Estos son los conceptos sobre los que leeremos, dialogaremos y aprenderemos en esta edición. En otoño. En Barcelona y en Madrid.

Somos 5625 y 10 subscriptores de pago. Si te está gustando y quieres contribuir para que pueda seguir escribiendo, puedes actualizar tu plan de suscripción.

Gracias a las 202 personas que me apoyáis en Ko-fi. Me habéis invitado ya a 678 cafés y amontillados ¡Me va a dar algo!

El número #308 de Honos ha sido escrito mientras escuchaba:
Orate — Diego del Morao


Se despide con una sonrisa honesta, Máximo, diseñador, aprendiz de newslettero y volviendo a la actividad tras un verano en paz.

¡Salud y diseño!

Read the original on honosbyomixam.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.