¿No te has dado cuenta de que hay algo intermedio entre la sabiduría y la ignorancia? ¿No es esto amar lo que no se está seguro de poseer, aquello que no se posee aún?
Así comienza su discurso la sacerdotisa Diotima de Mantinea, la voz que Platón escoge para exponer su auténtica doctrina del amor. Según Diotima, el amor, el Eros, no desea morir, puesto que el único objetivo del amor es la inmortalidad.
Existe un hambre de belleza por la inmortalidad, y por eso el amor desata fuerzas terribles, la catástrofe, donde tiene lugar una lucha agónica por alcanzar la Belleza, que es, por definición, irresistible. Esta pugna es el modo en que el amor actúa sobre la belleza. Amar es querer no morir nunca y para siempre.
En El banquete, Platón narra la velada en la que se discursea sobre el amor. Cada ponente va exponiendo su argumento: Fedro cuenta que Eros era el más antiguo de los dioses, pasión y sacrificio. Para Pausanias el amor es una convención social. Erixímaco, que era médico, habla del amor como una armonía física.
Aristófanes, por su parte, usa el mito del andrógino para explicar el amor como una unidad originaria perdida. Según él, en el origen del mundo, los seres humanos eran hombre y mujer al mismo tiempo. Pero debido a su arrogancia, Zeus los tajó en dos mitades, encargando a Apolo su recomposición individual. Cada mitad individualizada se moría de añoranza de la otra, así que Zeus les activó el eros, la sexualidad y la procreación, el amor, la búsqueda del otro.
Cada mitad hacia esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad […] De aquí procede el amor que tenemos naturalmente los unos a los otros; él nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfección.
Esta primera secuencia de discursos constituye una fenomenología del amor, es decir, cada una de las formas en las que se puede manifestar. En el caso del mito del andrógino, no apunta sino al amor como necesidad: la idea de que no estamos completos sin otra persona. Que partimos de una falta original y todo nuestro deseo se inclina a satisfacerla ad infinitum, lo que explica porqué el psicoanálisis del siglo XIX rescatará este concepto de Eros para construir su idea de deseo.
Tras esta polifonía de opiniones, Sócrates invoca la sabiduría de Diotima de Mantinea. Mientras que Platón siempre usa voces masculinas para hablar de las leyes, la política o la retórica, ahora escoge una mujer para desarrollar el punto más importante de uno de sus discursos más importantes.
Y al contrario de lo que muchos pudiera pensar, no lo hace por ser la mujer un ser más sensible o simplemente emocional.
De hecho, Diotima ni siquiera está en la conversación. Solo aparece porque Sócrates la menciona. Platón podría haber omitido este dato y colocar la doctrina de Diotima en boca de su maestro. Sin embargo, decide mencionarlo explícitamente.
Carl Jung hablaba de que todos tenemos en nuestro interior un ánima, una parte femenina que acompaña a nuestro ánimus, la masculina. En este sentido, es la parte femenina de todos nosotros, seamos hombres o mujeres, la que nos brinda esa conexión con lo mágico, con lo desconocido y lo caótico, con los misterios del nacimiento, la regeneración y la muerte. Terrenos en los cuales se asienta el amor.
Quizás Diotima de Mantinea no existiera, y Platón solo la coloca aquí para hacernos ver que quien está hablando no es la voz con la que Sócrates acostumbra a hablar de leyes, ideas y repúblicas. Sócrates está hablando con su voz femenina, su ánima, con la que puede iniciarse en los misterios del amor y sus profundidades.
Diotima dice que el amor no es bello ni feo, no es malo ni bueno; es algo intermedio, y por tanto, ni es un dios, ni un hombre, sino un daemon o daimon, un intermediario entre los mortales y los inmortales.
Eros es hijo de la pobreza y el recurso; busca y pierde, es como la vida, como la muerte y la resurrección. Es como la filosofía, que ama la sabiduría, pero ni es sabia ni ignorante. Simplemente, es un impulso hacia ella.
El amor consiste en querer poseer siempre lo bueno. […] es el deseo de lo que es bueno y nos hace dichosos […] este es el grande y seductor amor que es innato en todos los corazones.
Eros no es algo propio y sustancial, sino que está siempre en falta: desea lo que no tiene, lo ausente. El enamorado está hambriento de belleza. Por eso, al amar, uno es tomado por una fuerza, uno siente que ama por necesidad. La producción y reproducción —la creación— se ejecutan en la belleza, cuna medial de la inmortalidad, por medio del amor. Porque lo que se ama en la creación es, en último término, la inmortalidad.
La Belleza es el medio del amor para llevarnos al Bien. Es aquí donde aparece la metáfora de la escalera de Diotima:
Debe […] comenzar a buscar los cuerpos bellos […] después […] la belleza del alma […] después […] la belleza […] en las leyes […] en las ciencias […] hasta […] lanzado en el océano de la belleza […] percibir […] la belleza en sí.
Conforme la consciencia del hombre se eleva, va pasando de amar los cuerpos, el sexo, los objetos sensibles, a poco a poco amar las ideas y la sensibilidad de las almas. Por último lugar, alcanzará la contemplación de la propia idea de Belleza, lo que en tradiciones posteriores —pasando por la adaptación del platonismo al cristianismo por San Agustín— dará lugar a la contemplación de la idea de Dios: el Amado con quien ansía encontrarse el Amante, como querría San Juan de la Cruz.
Percibirá entonces […] una belleza maravillosa […] eterna, increada e imperecible […] que no es […] corporal […] sino que existe eterna y absolutamente por sí misma […] de ella participan todas las demás bellezas […]
Si por algo tiene mérito esta vida, es por la contemplación de la belleza absoluta […] podrá crear […] virtudes verdaderas […] y […] será amado por Dios; y si algún hombre debe ser inmortal, es seguramente este.
Y es que el enamorado no quiere morir, y por eso ama, porque solo a través de lo bello se accede a la inmortalidad. Es gracias a la belleza que el amor adquiere entidad y deja de no ser. El amor a la belleza es una aspiración a ser, a poseer una entidad verdadera. Y la Belleza, el medio del amor para conducirnos, a través de esta escalera, hacia la inmortalidad.
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