Hay una escena en Una historia del Bronx, la película de De Niro, en la que el chaval protagonista llora porque su ídolo, Mickey Mantle, ha perdido.
Y le dicen:
“¿Mickey Mantle? Ese tío gana cien mil dólares al año. Si tu padre no puede pagar el alquiler, ve a pedírselo a él. Ya verás lo que te da.”
No soy muy mitómano, pero mi Mickey Mantle es Nadal.
Dicho esto, sé que Nadal nunca pagará mi hipoteca. Ni falta que hace porque creo que los mejores ejemplos los tenemos cerca: en la familia, en los amigos, en las personas que vemos a diario.
Pero los ejemplos públicos tienen una ventaja: los conocemos todos, así que nos entendemos rápido.
Y el tenis, en particular, me parece un espejo preciso de la vida:
La repetición constante del gesto.
La importancia brutal del diálogo interior.
El hecho de que el rival más grande siempre eres tú mismo.
Y que incluso los mejores pierden más de lo que parece: Federer, con todo lo que ganó, perdió el 46% de los puntos que disputó a lo largo de su carrera.
Con esto en mente, lleva días en Netflix el documental sobre Nadal. Vale la pena verlo, pero lo más interesante no es repasar su biografía de lesiones y éxitos, sino cómo trabajó su mentalidad y hábitos para hacerla posible.
Porque lo que más me ha emocionado siempre de Nadal no es lo que ganó, sino cómo lo ganó. Y hay tres hábitos que pueden ayudarte mucho en tu viaje de salud con propósito.
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Antes de entrar en materia, quiero ser claro en algo.
Nadal fue un privilegiado. Alguien con una habilidad inmensa en algo que se paga muy bien, que además tuvo en casa a un familiar que lo asesoró como nadie y que empezó a trabajar en ello desde los siete años.
Nada que ver con la mayoría.
Pero no recurro a él como modelo de persona, sino por un puñado de hábitos que validó con su carrera. Porque esas creencias que salieron victoriosas de la duda son las que nos ayudan a mantener nuestras propias historias de conquista personal y de salud.
Y elegir bien tus motores de inspiración es tan importante como el propio hábito.
En la final de Wimbledon de 2008 contra Federer, la más larga de la historia del torneo y considerada por muchos como el mejor partido de tenis de todos los tiempos, Nadal ganó 9-7 en el quinto set con la pista casi a oscuras.
En el documental, cuando habla de ese partido, aparece una frase que se repite de distintas formas a lo largo de su carrera:
“Yo no voy a perder este partido.”
No dice “voy a ganar”. Dice que no va a perder.
La diferencia es una forma de entenderse a uno mismo que te protege del resultado y te devuelve al proceso. Como él mismo ha repetido en varias ocasiones:
“Yo no soy un ganador, yo soy un competidor.”
Me he tragado durante años sus ruedas de prensa, y si algo me queda claro es que lo que siempre ha buscado no es tanto la victoria como la sensación de haberse dado una oportunidad en el partido y haberse sentido competitivo.
Luego el sol ya saldrá por Antequera, pero al menos él se iba tranquilo al locker room, aunque hubiera perdido.
Y esto es muy importante, porque al final lo único que está realmente en nuestra mano es ganarnos esa serenidad, que se construye de varias formas:
Sacar a la luz esa confianza que tantas veces se nos hunde.
Estar presentes en cada punto.
Hablarnos en positivo.
Haberlo dado todo.
Como dice Topuria, muchas veces perdemos el combate antes de salir a pelear porque ya lo hemos reproducido demasiadas veces en nuestra cabeza… y la cabeza no siempre nos muestra el resultado más exitoso.
De esto ya hablé con más profundidad en otra newsletter (una de las más leídas), donde proponía el hábito de Darse Una Oportunidad a través de un mantra que podemos repetirnos:
DUO.
Me da igual en qué estés trabajando o qué objetivo de salud tengas. La vida constantemente nos pone a prueba.
Y es muy difícil salir ganando muchas veces seguidas, pero lo que sí puedes controlar es si compites hasta el final.
En vez de decirte “tengo que volver a comer bien”, prueba a cambiar el marco:
Hoy no voy a perder la comida de la oficina.
Hoy no voy a perder el día aunque haya empezado fatal.
Hoy no voy a perder el entrenamiento aunque solo pueda ir 25 minutos.
Prueba a elegir solo dos días esta semana donde involucres comida y entrenamiento con esta mentalidad. No hace falta que sea toda la semana. Solo dos días.
Verás cómo cambia el resultado.
En 2015 Nadal se hundió en la miseria.
Perdía en las primeras rondas de los Grand Slams y apenas llegaba a cuartos en los torneos ATP.
Era ansiedad acumulada tras años en lo más alto.
El documental muestra que se planteó seriamente parar una temporada. Y si no lo hizo fue porque su tío Toni le dijo:
“Vamos a ver, no conozco a nadie que haya mejorado descansando”.
Después de más de una década estudiando hábitos, hay algo que he observado que a muchos nos cuesta aceptar: cuando todo va bien, la tendencia natural es relajarse.
Cuando algo empieza a funcionar, bajamos la guardia. Y cuando acumulamos periodos en los que nada sale bien, pasa lo mismo: la tentación es retirarse a descansar.
Parar una temporada.
Es justo ahí donde se pierde la ventaja que tanto costó construir.
Toni no le recomendó redoblar esfuerzos en su momento más bajo porque fuera masoquista, sino porque entendía el problema así: la ansiedad que produce el esfuerzo sostenido, bien gestionada, te hace más fuerte que el descanso prematuro.
Porque de la nada, nada sale.
Usar el estrés y los contratiempos como mecanismo fortalecedor es lo que Taleb llamó “antifragilidad”.
Elige conscientemente un momento en el que normalmente bajarías el listón y mantenlo igual (o incluso un poco más alto) durante unos días más:
Llevas tres semanas yendo al gimnasio consistentemente → esta semana añade una serie más en el último ejercicio del día (aunque te cueste).
Has estado comiendo bien entre semana → el viernes por la noche, en vez de “me lo merezco todo”, elige una sola comida en la que mantienes el estándar (y el resto del fin de semana abres el abanico un poco).
Llevas tiempo durmiendo mejor → esta semana, aunque estés cansado, te acuestas 15 minutos antes de lo que te apetece.
Has tenido una semana muy estresante en el trabajo y sientes que “ya no merece la pena” cuidarte → esta semana mantienes al menos dos entrenamientos aunque sean más cortos o menos intensos de lo habitual.
Llevas varios días comiendo peor de lo que te gustaría (por estrés, viajes o lo que sea) → elige un solo día esta semana en el que vuelves a comer con intención, aunque no sea perfecto.
El hábito aquí no es sufrir.
Es demostrarle a tu cerebro que tu identidad no se negocia cuando la falta de respuestas aparece. Esa es la diferencia entre “me mantengo” y “me hago más fuerte”.
La carrera de Nadal podría haber sido muy distinta en muchos momentos.
Lesiones graves, recaídas constantes y temporadas enteras perdidas. En varias ocasiones tuvo la oportunidad de parar o de volver más tarde.
Pero no lo hizo.
Lo que más llama la atención no es que llegara al límite, sino que hubo límites que decidió cruzar. En muchos partidos importantes, siendo claramente inferior al rival, fabricó situaciones improbables para darse una oportunidad, anular al contrario y forzar un escenario en el que, de pronto, el otro ya no era tan superior.
Y hay más.
Según cuenta en el documental, ese tipo de decisiones no le dieron uno o dos Grand Slams. Le dieron diez o doce.
Su preparador físico contaba que a veces Nadal quería someterse a ese sufrimiento, porque le gustaba vivirlo para después salir victorioso de él. No se trataba de aguantar por aguantar, sino de explorar dónde estaban realmente sus límites… y luego ir más allá.
Como recogía Ander Izaguirre en Plomo en los bolsillos:
“A veces, la gesta más loca es la gesta más bella.”
Nadal, con toda su carrera, parece haber firmado ese hábito.
¿Cuántas veces en la vida elegimos lo razonable cuando lo que necesitamos es lo irracional?
Lo razonable es pensar que con la edad es normal ganar peso y perder el físico de los 30.
Lo razonable es que con hijos es imposible cuidarse bien.
Lo razonable es que entrenar fuerza es para cuando tienes tiempo libre de verdad.
Lo razonable es que una lesión o un dolor crónico te define para siempre.
Lo razonable es que aspirar a un cambio profesional a los 40 no tiene sentido con tu experiencia o tu edad.
Estas opciones parecen sensatas. Y son exactamente lo que jamás te haría conocer tus límites.
Como leía el otro día en la newsletter de Justin Welsh:
“A lo largo de los últimos veinte años de mi vida, mis decisiones aparentemente irracionales han sido las responsables de casi todo lo bueno que me ha ocurrido.”
Coge un papel o una nota del móvil y haz esto (te llevará 3 minutos):
Escribe la decisión “razonable” que llevas tiempo tomando sobre tu salud o tu cuerpo.
Justo debajo, escribe la versión “irracional” que te da un poco de miedo o vergüenza.
Ejemplos reales que he visto:
Razonable: “Con 43 años y dos hijos ya no voy a volver a tener el cuerpo que tenía.”
Irracional: “Voy a entrenar fuerza 3 veces por semana aunque tenga que levantarme a las 6:30.”
Razonable: “Ahora que estoy en la menopausia es normal haber engordado 6 kilos.”
Irracional: “Voy a volver a cuidar más que nunca mi alimentación y ejercicio aunque me cueste más que antes.”
Razonable: “Con mi trabajo es imposible comer bien entre semana.”
Irracional: “Voy a preparar los domingos y lunes por la noche la comida de los tres días siguientes aunque me dé pereza.”
A veces basta con verlas una al lado de la otra para que algo empiece a moverse.
Nadal fue un privilegiado con un talento excepcional, un gran entrenador que lo tenía en casa y que tuvo claro su forma de aportar valor al mundo desde los siete años.
Claramente no es el camino de la mayoría, pero aun así, hay 3 hábitos que él encarnó y que no necesitan genética, ni tío entrenador para ser ciertos:
Darte una oportunidad aunque el resultado parezca improbable.
Elegir el camino exigente cuando la comodidad está disponible.
Apostar por lo irracional y borrar tus límites cuando lo razonable te frena.
Esto es todo por esta semana.
Nos vemos el próximo sábado.
PD — Si mientras leías esto has pensado que “elegir lo razonable” es justo lo que llevas haciendo demasiado tiempo con tu salud, probablemente no es casualidad.
En Traje Definido no te pedimos que hagas locuras de golpe.
Lo que hacemos es sentarnos contigo, entender tu semana real, tus circunstancias y ayudarte a detectar dónde estás eligiendo lo razonable cuando en realidad necesitas algo un poco más irracional.
Si quieres que valoremos juntos tu situación y veamos si tiene sentido trabajar juntos, tres minutos en este formulario:

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