RSS Amplifier

Lo pensé y lo escribí · Feb 14, 2025

La crisis de los 20's

0
Sign in to vote or save

Frida Toríz · Lo pensé y lo escribí

Lo único constante es el cambio.

Es una de mis frases favoritas, la escuché por primera vez en mi primer semestre de universidad, específicamente en mi clase de “Historia y Filosofía de la Ciencia”, mi maestro la dijo mientras hablaba sobre la evolución, y desde entonces creo que puede aplicarse a prácticamente todos los aspectos de nuestra existencia. Cuando no estamos cambiando de forma externa, digamos todos los procesos físicos que nos ocurren, como crecer, envejecer, madurar, etc. Estamos cambiando de manera interna, cambian nuestros puntos de vista, nuestras emociones, nuestra definición de nosotros mismos, la percepción que tenemos hacia la vida misma, por mencionar algunos.

Hoy vengo a hablarles específicamente de esos cambios internos, los cuales sabemos que no ocurren de la noche a la mañana y que a menudo desatan una que otra crisis existencial, pero estas crisis son necesarias para seguir madurando y acercarnos a la persona que queremos ser.

Todos hablan de estas crisis, que casi como reloj aparecen cada década a partir de los 20’s siendo esta la crisis inaugural de nuestra vida adulta. Recuerdo que antes de cumplir 20 me imaginaba que cuando ese día llegara ya sería 100% una adulta independiente, que tendría claro qué quería hacer con mi vida y hasta que saldría de fiesta cada viernes, nada podría estar más lejos de la verdad.

Cumplí 20 y no me sentí diferente, me seguía sintiendo con incertidumbre sobre el futuro pero al mismo tiempo, seguía estudiando la carrera así que literal dejé eso para mi futura yo. A los 21 dije “yay! ya soy mayor de edad en todo el mundo” como si en verdad tuviera un viaje internacional planeado, ese año sentí que ahora sí mi vida iba a empezar, tenía más amistades, me sentía con ganas de explorar el mundo, las posibilidades eran infinitas…

Hasta que la nación del fuego (COVID) atacó.

Se frenó el mundo, ciudades enteras pararon, las escuelas mudaron sus aulas a la virtualidad (0 de 10 la experiencia de clases en línea a mi parecer) y por un momento todo se detuvo, todo, excepto el tiempo.

Mis cumpleaños 22 fue en plena cuarentena y cuando fue el 23, como que ya sabíamos las reglas del juego pero igual no nos arriesgamos, y aunque yo era consciente de que habían pasado dos años el tiempo se sentía como un sueño difuso, discontinuo, envuelto en niebla. Honestamente, no poseo muchos recuerdos de ese lapso, me encontraba como en piloto automático y no retuve memoria alguna. Es desolador.

Sin embargo, aún con todo eso, nunca me sentí en crisis por mi edad. “Todavía tengo toda una vida por delante, mis 20’s apenas van empezando” pero entonces…llegaron mis 24.

A diferencia de los años anteriores, mi cumpleaños 24 estuvo lleno de celebraciones y personas que me importaban, fue muy bello.

El tiempo por fin podía avanzar otra vez.

Y lo hizo.

Al soplar las velas del pastel sentí su peso cayendo sobre mí, tenía 24 años, en 6 años cumplía 30 y yo no había logrado nada con mi vida.

Me paralicé.

“Bueno, la pandemia me quitó dos años” me decía para tranquilizarme y al principio funcionó. Poco a poco iba rearmando mi vida pero, al mismo tiempo me sentía estancada. Si bien terminé los créditos de la carrera, al hacerlo no sentí satisfacción alguna, sólo la constante inquietud de que aún tenía que titularme, y que me estaba quedando sin tiempo.

¿Sin tiempo de qué? ¿quién sabe? Pero el mío se iba agotando, mi cuenta atrás imaginaria se acercaba a cero y entonces ¿qué? Habría fracasado.

Y así fue. De alguna forma llegué a los 25 en las mismas condiciones en las que había cumplido 24, sin dirección, sin tesis (pero ahora con otro tema y en otro laboratorio) sin aspiraciones (no tenía ganas de hacer una maestría ni nada por el estilo) sin trabajo, nada, no tenía nada.

Y para empeorar las cosas todos a mi alrededor seguían avanzando, unos amixes se titularon, otros consiguieron trabajo, otros más empezaron una maestría. Yo sólo podía ver la decepción en los ojos de mi madre y también en los míos cada que me miraba al espejo.

Ahora tengo 26 y sigo más o menos en las mismas, sin embargo, no todo es tan gris como parece, mi lóbulo frontal terminó de desarrollarse y ahora veo todo con más claridad nocierto o sea, no fue tan así pero definitivamente algo hizo click en mí y como que ya le estoy agarrando la onda a la vida.

Eso no quita la disonancia cognitiva que hay entre las exigencias autoimpuestas por presión sociocultural, aquellas que dicen que si a los 22 no tienes casa propia no eres exitoso, y los aprendizajes que te da la vida. Que si bien me encuentro en paz por como está mi vida en este momento aún a pesar que no es nada como solía imaginarla, hay días en los que me siento como un total fracaso por no haber cumplido dichas expectativas.

Pero si algo he aprendido en estos años es:

“No pasa nada, la vida sigue y no importa cómo avances, lo que importa es que no te estanques.”

Para concluir, realmente uno nunca sabe cuando ni como va a pegar la crisis de los 20’s, es inútil intentar prepararte. Lo único que puedes hacer es agarrarte fuerte cuando llegue la ola y empezar a nadar siguiendo la corriente. Cuesta trabajo dejarse llevar, pero resistirse, es peor.

Read the original on fridatorz.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.