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Lo pensé y lo escribí · Nov 9, 2023

Desmenuzando el Fenómeno de la Impostora

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Frida Toríz · Lo pensé y lo escribí

¡Hola, holaaa!

Octubre personalmente fue un mes bastante ocupado entre cumpleaños, eclipses, disfraces y más, por lo que dejé un poco de lado este blog. Sin embargo, durante este tiempo hubo un tema recurrente en mi vida “El síndrome del impostor” y es por ello que decidí escribir al respecto.

Originalmente había planeado que fuera un gran artículo, pero la verdad estaba inmenso (considerando que es un blog chiquito), así que decidí separarlo en una publicación en tres partes, siendo esta la primera.

Desmenuzando el Fenómeno de la Impostora

  1. ¿Cuándo y por qué empieza?

  2. ¿Cómo le damos cuerda?

  3. El arte de echarnos porras a nosotras mismas

Les prometo que tendrán nombres más interesantes

En una de las pláticas que tuve acerca del tema, una amiga mía se refirió a esta problemática como “fenómeno de la impostora” ya que desde la primera vez que se reportó ante la comunidad científica (1978) se notó que es un fenómeno que afecta mayormente a mujeres debido a las cargas y expectativas socioculturales que nos son impuestas desde la infancia. Honestamente, aprender esto me sorprendió mucho ya que nunca lo había pensado como un problema de género y ahora, bajo esta nueva lente puedo entenderlo más profundamente y hacerle frente de una manera más efectiva.

Pero antes de seguir quiero que estemos en la misma página

¿Qué es el “Síndrome del Impostor”?

El “Síndrome del Impostor” es una ocurrencia psicológica que hace dudar de sus capacidades, conocimientos, habilidades e incluso logros alcanzados a quien lo padece, además de inducir un temor a ser expuesta como un fraude. Todo esto, a pesar de tener evidencia externa que avala el éxito y las habilidades de la persona.

Quienes padecen este síndrome suelen subestimarse y desestimar sus logros adjudicándolos a la suerte o a que quienes las rodean las han sobrestimado lo que a largo plazo impide que alcancen su máximo potencial en su área de interés.

¿Por qué llamarlo fenómeno en vez de síndrome?

Porque la definición de síndrome se refiere al conjunto de síntomas característicos de una enfermedad y según la OMS una enfermedad es “la alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible.”

Y el “síndrome del impostor” no concuerda con ello. Mientras que un fenómeno es “Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de una persona y aparece como objeto de su percepción” en palabras menos rimbombantes, es todo aquello que percibimos de manera consciente.

¿Y por qué “de la impostora”?

Porque como ya mencioné antes, es un fenómeno que se ha reportado mayormente en mujeres, ya que se nos ha hecho creer que no somos lo suficientemente buenas a comparación de los hombres, o que hay trabajos inaccesibles para nosotras y es por ello que tenemos que esforzarnos el doble y hasta el triple que ellos para “alcanzarlos” y “pertenecer” entonces, desde que nos reconocemos como mujeres se nos impone esta carga social junto con diversas expectativas como hijas, estudiantes, parejas y/o cualquier otro rol que tomemos.

Aprovecho el meme de Arenita para contarles sobre el dichoso artículo que he estado referenciado: titulado “The impostor phenomenon in high achieving women: dynamics and therapeutic intervention”1 (dicho en español “El fenómeno de la impostora en mujeres exitosas: dinámicas e intervención terapéutica”), fue publicado en 1978 por Pauline Rose Clance y Suzanne Ament Imes, dos investigadoras de la Universidad de Georgia, quienes notaron que tanto sus colegas como ellas mismas, en ocasiones sentían que no daban el ancho para la posición en la que se encontraban (estudiantes de licenciatura o posgrado) y por lo mismo se etiquetaban como fraudes, demeritando sus conocimientos y el esfuerzo que habían realizado para forjar sus trayectorias académicas.

Causas del fenómeno

En su investigación (que duró cinco años), Pauline y Suzanne reconocen dos posibles orígenes de este fenómeno, ambos desde los años formativos de las mujeres que formaron parte de su estudio. En el primer caso, la hija es considerada por su familia como una “gran promesa” constantemente elogian que siempre tiene buenas calificaciones sin esforzarse y la utilizan como buen ejemplo ante sus familiares, esto genera la carga de siempre ser perfecta y la necesidad de medir sus logros mediante la validación externa, sobre todo de figuras de autoridad (padres, docentes, etc.). Por otra parte, está el caso donde las hijas son “promedio” y la familia no espera nada de ellas, ya sea porque el puesto de “gran promesa” ya está ocupado o porque simplemente no se les considera capaces, como consecuencia, las niñas se autoimponen la necesidad de destacar para demostrar su valía junto con la creencia de que requieren hacer algo extraordinario para que su familia las tome en serio.

Un factor secundario, pero siempre presente, en estas mujeres era el deseo de no caer dentro del estereotipo de que una mujer inteligente y destacada en su ámbito laboral es sinónimo de una mujer poco femenina y por consiguiente considerada poco atractiva, molesta y engreída —siendo que a los hombres con las mismas características son alabados y considerados un buen partido— teniendo como resultado que las mujeres no exaltaran sus logros o los minimizaran frente a sus colegas para no incomodar y porque “no es para tanto”

Es importante mencionar que el origen del fenómeno es una mezcla de múltiples factores y condiciones que dependen del contexto de cada persona por lo que lo anterior no significa que estas sean las únicas maneras de desarrollarlo, sino que fueron las razones más comunes encontradas dentro de la población en la que se realizó la investigación.

Entonces… ¿es algo exclusivo de las mujeres?

De hecho, esa fue la pregunta que motivó la investigación de las doctoras Clance e Imes y la respuesta corta es que no, los hombres también pueden padecer este fenómeno pero no son tan propensos como las mujeres, ya que por las diferencias en la socialización ellos suelen atribuir su éxito a alguna cualidad inherente a su persona y no a la suerte o al esfuerzo.

Y aunque no ahonda en el tema, el artículo menciona que cuando este fenómeno se presenta en hombres, no se presenta con tanta intensidad como en las mujeres, sin embargo eso no le resta importancia y es algo que igualmente debería investigarse.

En conclusión

El fenómeno de la impostora es un tema que debe abordarse con perspectiva de género porque de esta forma las mujeres podemos distinguir que sus orígenes no son solamente internos, sino que la manera en la que somos socializadas también influye y así, podremos trabajar desde ese frente cuestionándonos y reflexionando las razones por las cuales nos sentimos insuficientes e incapaces para finalmente, desaprender todas aquellas conductas que derivaron en dicho fenómeno.

Gracias por leer The Friderin Tuk Today. Si les pareció interesante o tienen una amiga a la que le interesaría el tema, no duden en compartirlo

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En fin, en este artículo vimos una breve introducción al fenómeno de la impostora y sus posibles orígenes, manténganse al pendiente para recibir las otras partes en donde profundizaremos y posteriormente, combatiremos con nosotras mismas.

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Si les interesa leer el artículo (en inglés), dejen un comentario y yo se los haré llegar en pdf a sus correos.

Read the original on fridatorz.substack.com

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