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PROyekt · Jun 16, 2026

#12 Unikornios precarios

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Ferran Esteve · PROyekt

Por poco que os gusten las librerías, es probable que alguna vez os hayáis cruzado con un título de Bartlebooth. Se trata de una pequeña editorial independiente que publica ensayos con una línea de contenidos y un diseño muy cuidados, que tratan sobre arte, urbanismo, teoría contemporánea y, desde hace algunos años, cultura digital; un ámbito al que parece que cada vez prestan más atención.

Hace algún tiempo que compré una de sus publicaciones sobre digital, pero no había encontrado el tiempo de leerla y comentarla con calma. Se trata de Unikornios precarios, el tercer volumen de Atlas Menor, una serie de libritos experimentales, similares a fanzines, que combinan textos teóricos con imágenes, a modo de ensayos visuales. Todo lo que me gusta, junto 🙂

Este número Atlas Menor está editado por Diego Morera y Sebastián Lambert, y reúne textos de diversos autores para construir una crítica de la economía digital como sistema que facilita la especulación, produce desigualdades y, al mismo tiempo, defiende formas de vida concretas.

De entre los textos que componen Atlas Menor vale la pena mencionar ‘La caza del unicornio, nuevamente’, en el que Morera y Lambert recuperan la iconografía medieval de las supuestas cacerías de unicornios, para establecer un paralelismo con el rol de las startup en el capitalismo tecnológico actual.

Es de sobras conocido, pero en Silicon Valley se denomina unicornios a las empresas valoradas en más de mil millones de dólares antes de salir a bolsa. Estas compañías se convierten en el objeto de deseo de los fondos de inversión, porque condensan promesas de crecimiento acelerado y beneficios rápidos.

Los autores recuerdan que el uso del término surgió para describir casos excepcionales, pero con el tiempo se han multiplicado de forma exponencial, y hoy existen más de 1.700 unicornios en todo el mundo. Esta inflación sugiere que, en realidad, la valorización de las empresas tiene que ver con un proceso especulativo: el valor de una compañía se hincha para copar el mercado y eliminar la competencia.

Atlas Menor salió a la venta en 2023. Leído hoy, parte de su diagnóstico parece haberse confirmado. En 2024, la revista Fortune, que una década atrás había dedicado una portada a los unicornios, rebautizaba a algunas de estas empresas millonarias como “unicadáveres”, para reflejar cómo muchas habían acabado por no cumplir las expectativas.

Más que una anomalía, este fenómeno ilustra una dinámica recurrente de la economía digital: crear ciclos de expectativas y generar relatos de éxito mucho antes de que las empresas hayan demostrado su viabilidad económica.

Uno de los aspectos más interesantes del ensayo de Morera y Lambert, compartido por otros textos de Atlas Menor, es su análisis de la ideología que acompaña a la cultura empresarial y emprendedora exportada por Silicon Valley.

La inflación de los unicornios no afecta solo al capital. También tiene su reflejo en el plano cultural, reforzando imaginarios sobre cómo se debe vivir, trabajar y entender el éxito profesional. Más allá del socorrido futbolín en la oficina, la ideología de Silicon Valley exporta, a menudo de forma sutil, modelos que abarcan desde la organización de los espacios de trabajo (véase la propia idea del coworking), hasta determinados ideales de productividad personal, o incluso a las formas de alimentación y ejercicio asociadas a estos entornos.

Esta influencia se hace especialmente visible en la figura del emprendedor, presentada durante décadas como una alternativa moralmente superior al trabajador asalariado. Es una cuestión que aparece también en ‘Subjetividad subcontratada’, el texto y proyecto de Bruno Baietto sobre Fiverr, la conocida plataforma global de servicios freelance.

En su texto, Baietto expone cómo el trabajo en muchas plataformas digitales se articula mediante sistemas de puntuación basados en el volumen de ventas, la rapidez de respuesta y las valoraciones de los clientes. Estas métricas funcionan como mecanismos de control que incentivan la disponibilidad permanente y la autoexplotación. Al mismo tiempo, pese a la promesa de un mercado laboral global, el caso de Fiverr reproduce una geografía desigual en la que la demanda se concentra en países del Norte y la oferta en el Sur. Los trabajadores de esos países terminan convertidos en perfiles intercambiables, evaluados y remunerados con los mismos criterios, independientemente de su realidad económica y social.

Lo que en Morera y Lambert aparece como lógica de inversión, y en Baietto como disciplina laboral, se amplía en otros textos de Atlas Menor hacia una cuestión igualmente central en la economía digital: la producción de datos.

En ‘La dimensión productiva, reproductiva e improductiva de los cuerpos de datos’, Alejandra López Gabrielidis sugiere un paralelismo entre la invisibilización de los cuidados y la supuesta “inmaterialidad” de los datos. Al igual que ocurre con el trabajo reproductivo, las infraestructuras digitales se perciben como etéreas cuando, en realidad, dependen de redes materiales, energéticas y humanas.

Apoyándose en el trabajo de Antonio Casilli, la autora distingue tres formas de precariedad digital. La primera es el trabajo bajo demanda de plataformas como Glovo o Uber, donde los trabajadores son casi invisibilizados mientras se les monitoriza de forma constante. La segunda es la “tareización”, que fragmenta el trabajo en pequeñas tareas externalizadas globalmente, como sucede en Fiverr. La tercera es el “trabajo social en red”, mediante el cual los propios usuarios generamos datos de forma continua, que las empresas transforman en valor.

A partir de ahí la autora se hace una pregunta: si el trabajo de cuidados tiene dimensiones reproductivas que no pueden traducirse a una lógica estrictamente económica, ¿ocurre algo parecido con los datos? Quizá parte de nuestra actividad en internet esté vinculada al cuidado, la relación social o el ocio, y deberíamos encontrar maneras de que no quede completamente subordinada a los mecanismos de extracción de valor que dominan la economía digital.

Los textos reunidos en Atlas Menor #3 amplían las herramientas con las que pensar la tecnología contemporánea. Frente a los relatos que presentan la innovación como una fuerza inevitable, muestran que el desarrollo tecnológico no está exento de conflictos vinculados al trabajo y a la extracción de valor.

Detrás de los unicornios, las plataformas y los datos reaparecen cuestiones menos novedosas de lo que parece: quién trabaja, quién obtiene beneficios y bajo qué condiciones se produce esa relación. Plantear el debate en esos términos permite entender la tecnología no como un destino inevitable, sino como un espacio que se construye socialmente. Y desde ahí resulta más fácil buscar soluciones e imaginar alternativas a los discursos dominantes sobre el rol de la tecnología y la innovación.

Read the original on ferranesteve.substack.com

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