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Fausto Giudice · Aug 18, 2026

Huckabee condenó el «terror de los colonos», pero estaba defendiendo a Trump, no a los palestinos

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Fausto Giudice · Fausto Giudice

Amira Hass, Haaretz, 14 de agosto de 2026

La preocupación del embajador de USA por un ciudadano usamericano en Qusra, y la conmoción ante las informaciones aparecidas en los medios internacionales, palidecen en comparación con el hecho de que el ejército israelí vuelve una vez más a castigar a los palestinos que fueron atacados por los colonos.

Mike Huckabee, con gafas de sol y una chaqueta oscura, fotografiado de perfil ante un gran cartel rojo con el lema «Build Israel Great Again», variante local del MAGA (Make America Great Again), acuñada en 2018 por los colonos «oficiales» del Yesha Council (Consejo de «Judea y Samaria»).
Mike Huckabee durante un acto de apoyo a los colonos israelíes, ante un cartel con el lema «Build Israel Great Again», variante local del MAGA (Make America Great Again), acuñada en 2018 por los colonos «oficiales» del Yesha Council (Consejo de «Judea y Samaria»).

Poco antes de las 7 de la mañana del jueves, el embajador de USA en Israel, Mike Huckabee, honró al mundo con una publicación en X sobre los acontecimientos en Qusra. Huckabee afirmó que soldados y agentes de policía israelíes habían expulsado antes del amanecer, a petición de su embajada, a los «terroristas israelíes», como los llamó.

Sea verdadera o falsa esa afirmación, la publicación causó revuelo en Israel. Al fin y al cabo, Huckabee, baptista, es un conocido partidario del proyecto de asentamientos judíos en Cisjordania, y su nombramiento fue visto como una prueba del apoyo sin límites del presidente Donald Trump a un Israel favorable a los asentamientos.

La citada publicación también recuerda que Huckabee tiene que tomar en consideración a los simpatizantes de su partido en USA y que es consciente del cambio que están experimentando los votantes republicanos y los cristianos devotos en relación con Israel. En un inglés poco pulido, Huckabee escribió que «las acciones de quienes llevaron a cabo este horrible acto de terror destinado a intimidar y acosar a esta familia son repugnantes».

Pese a la redacción confusa y a los detalles vagos, el embajador sabe claramente que una de las viviendas sitiadas pertenece a un ciudadano usamericano que vive en USA y que ha sido entrevistado por medios estadounidenses. Después de todo, no se le oyó cuando los colonos sitiaron una casa en Jalud y expulsaron de ella a la familia Tubasi.

También puede concluirse de esa publicación que Huckabee se apresuró a defender a la Casa Blanca —es decir, a su presidente, Donald Trump— y que respondía a las críticas por el hecho de que Trump no hubiera intervenido.

A juzgar por lo que publicó tres horas más tarde, también puede concluirse que recibió varios comentarios sobre su elección de palabras. En la segunda publicación ya no escribió «terroristas», sino «intrusos ilegales que estaban allí para intimidar a residentes palestinos». Tampoco repitió su afirmación de que USA debía recibir el mérito por la «expulsión» de esos intrusos, sino que se limitó a insistir en que «simplemente no es exacto decir que @Israel ni @usembassyjlm hicieron nada para proteger a propietarios palestinos/ciudadanos estadounidenses».

Los «colonos» no son el problema en Judea/Samaria. Los «des-colonos» sí lo son. Una minoría muy pequeña que causa grandes daños a las familias palestinas y a Israel. Colonos de verdad como Ysrael Ganz, gobernador de Judea/Samaria, condenan las acciones de unos pocos. Esperemos que los medios presten atención a esto y equilibren sus historias. «Este no es nuestro camino»: dirigentes de los colonos condenan la violencia en Kusra | The Jerusalem Post

La verdad es que sería completamente exacto decir precisamente eso. Ni Israel ni USA se han molestado en proteger a miles de ciudadanos estadounidenses que también son palestinos y propietarios de viviendas en Cisjordania y que, desde antes incluso del 7 de octubre de 2023, sufren ataques organizados por granjas de colonos, puestos de avanzada de asentamientos y sus satélites, así como una toma hostil de sus tierras.

Las principales víctimas son los habitantes de aldeas de la zona de Ramala, por ejemplo Mukhmas, Turmus Ayya, Deir Dibwan y Al-Mazra’a al-Sharqiya. Personal de la embajada de USA los visitó en ocasiones. Huckabee realizó una visita muy publicitada a Taybeh, la única aldea de Cisjordania cuya población es enteramente cristiana. Jack Khoury informó el jueves en Haaretz de que, bajo la presión de los ataques y el hostigamiento, 15 familias y decenas de jóvenes habían abandonado la localidad en los últimos años.

Ahora, de vuelta a la realidad desde el mundo de las publicaciones en línea. A primera hora de la tarde del jueves, los colonos seguían deambulando por Qusra y sembrando el terror entre sus habitantes, según las actualizaciones periódicas de los periodistas de Haaretz Matan Golan y Rawan Suleiman.

Durante esas horas quedó claro que el ejército volvía a hacer lo que hace automáticamente desde hace décadas: castigar a los palestinos a quienes los colonos atacaron y siguen atacando. Con un cinismo que alcanzó nuevas cotas, el ejército ordenó a las familias palestinas de Qusra que abandonaran sus viviendas, incluidas las que estaban sitiadas, por una razón operativa u otra.

Además del impacto de verse obligados a abandonar sus casas por un período de tiempo desconocido, los residentes tienen otra razón muy concreta para preocuparse. Durante los últimos tres años, el ejército se ha apoderado de decenas de viviendas en Cisjordania y las ha convertido durante algún tiempo, a veces más y a veces menos, en bases o centros de interrogatorio.

Los soldados dejaron tras de sí destrucción y suciedad, y los residentes y propietarios palestinos tuvieron que gastar mucho dinero para limpiar y reparar los daños. En muchos casos también denunciaron que faltaban objetos. Y quejarse ante el ejército no mejoró la situación.

Mientras se escribían estas líneas, las actualizaciones no dejaban de llegar. El ejército había renunciado a expulsar a más familias de sus casas y se conformaría con utilizar aquellas cuyos residentes ya habían sido obligados a salir. Y después llegó otra actualización: el ejército israelí dijo que los residentes podrían regresar a sus viviendas ese mismo día, es decir, el jueves. Alguien en el ejército aparentemente comprendió que aquella demostración de cinismo señorial no daba buena imagen.

Pero pasaron las horas y, según informes palestinos, los colonos seguían deambulando por Qusra —así como por Jalud, donde se supone que debe ser evacuado el puesto de avanzada que se apoderó de la vivienda de la familia Tubasi— pese a la gran afluencia de soldados y a las bases que el ejército instaló en esas viviendas privadas «vacías».

La veracidad de todas estas aclaraciones quedará clara más adelante. Pero incluso si es cierto que el puesto de avanzada de Tel Talpiot y sus satélites han sido retirados, e incluso si el ejército permite de hecho que los residentes palestinos regresen a sus hogares en Qusra y Jalud, eso no significa que masas de colonos no vayan a volver allí mañana o pasado mañana, ni que no vayan a apoderarse de viviendas en otras aldeas palestinas de manera similar.

Y el ejército y la policía no aparecerán, o bien llegarán con demasiado poco personal y se quedarán de brazos cruzados, porque no tienen órdenes del gobierno para actuar de otro modo.

La centralidad del proyecto de asentamientos en Cisjordania, por orden de todos los gobiernos israelíes, ha envuelto a los colonos entre algodones durante generaciones y sigue haciéndolo. El principal compromiso del ejército es proteger a los residentes judíos, incluso cuando estos dejan al descubierto su debilidad.

Según la tradición de gobierno que Israel ha desarrollado entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, los palestinos son mercancía sobrante, una población innecesaria cuyos derechos y cuya existencia continuada en esta tierra son negados constantemente. Y en cualquier momento es posible deshacerse de ellos de una manera u otra: mediante matanzas masivas como las que Israel perpetró en la Franja de Gaza, mediante la expulsión o encarcelándolos, ya sea en enclaves tras puertas de acero cerradas o en prisiones.

Por eso resulta tan natural exigir que los palestinos abandonen sus casas por el bien de alguna operación militar, o para llevar a cabo lo que presumiblemente será una evacuación temporal de los colonos. Por eso parece lógico que los soldados disparen contra palestinos a quienes los colonos atacan o detienen, y por eso resulta tan fácil para los jueces del Tribunal Supremo permitir que el ejército siga impidiendo a los palestinos acceder a sus tierras agrícolas.

La visión de los palestinos como superfluos se ha arraigado profundamente en todos los sectores de la sociedad israelí. Y en la visión militar del mundo, inculcada a todos los nuevos oficiales por sus comandantes, la vida de los palestinos es una variable derivada de los dispositivos de seguridad necesarios para proteger a los residentes judíos, es decir, el proyecto de asentamientos. Por ahora, esta tradición es más fuerte que cualquier conmoción provocada por las informaciones de los medios estadounidenses e internacionales sobre la libertad de acción que Israel concede a alborotadores judíos para expulsar a palestinos de sus hogares.

Por consiguiente, quien haya concluido con júbilo, a partir de las publicaciones de Huckabee, que ahora USA hará el trabajo por nosotros se alegró demasiado pronto.

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