Hay duelos que todos temen y nadie quiere.
La mirada compasiva nos conecta con el Amor grande.
El espíritu salvaje nos abre a la fuerza del coraje.
En momentos vitales, lo sencillo se torna indispensable.
Son muchos los años que hemos dedicado a aprender y sostener para garantizar la permanencia de un círculo confiable, en forma de relación duradera, o de trabajo estable, o de lugar para vivir o de amistades que nos acompañen.
Con los años también aprendemos a aceptar con humildad que la vida se transforma y en esa mutación permanente, somos nobles en la medida en que honramos el cambio como parte del viaje: el día y la noche, la primavera y el invierno, la vida y la muerte.
A veces, seguir caminando es un camino de héroes.
A veces, no entendemos nada y al asomarnos al vacío de la nada empezamos a conectar con lo profundo, lo sólido, lo determinante.
A veces, cuando soltamos el control es cuando empezamos a gozar de una libertad inigualable.
Sea como fuere, no desesperes. Que el árbol no te impida ver el bosque.
Mira con humildad el camino recorrido y honra cada pisada, cada pausa y cada avance.
Los pequeños placeres nos devuelven a la esencia.
Escucha tus emociones y respira con calma la ola que las envuelve.
Activa los sentidos y visualízate despierto, atento, capaz y libre.
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Pies enraizados. Aguas cristalinas. Alas al viento. Fuego que calienta y permanece.
Tu alma está creciendo, superando obstáculos, aprendiendo a abrirse en el crujido de los temblores. Los desafíos de la vida solo vienen a mostrarte lo grande que ya eres.
Mucho valor y mucho amor, para transitar la incertidumbre.

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