Te escribo desde el fin del mundo otra vez. Y voy a dar un paso atrás. Que, entre tanto escribir de costumbres, relaciones, amor, creo que nos olvidamos a veces de que no toda problemática y desafío de las relaciones se limita a las parejas. Más allá de que es cierto que estas corren con cierta particularidad, hay puntos que se replican en amistades y familia.
Creo que un punto especial de las parejas es que, por la experiencia, aprendemos que estas suelen estar sujetas a un riesgo más alto de terminar. En mi experiencia, al iniciar una amistad, uno ni siquiera considera la posibilidad de que se acabe. Hay amistades, por pocas que sean, que duran una vida, algo que no siempre pasa en las parejas.
Lo que me lleva también a proponer que, a pesar de que esto sea así, no debería tampoco significar que nos tenemos que quedar encerrados en amistades que ya no nos suman. Por mucho que la “perpetuidad” nos atraiga, en esto de relacionarse entre humanos no deja de ser un ideal.
Las personas cambiamos. Cambian nuestros intereses. Nuestra manera de ver el mundo. Lo que ayer queríamos, hoy ya no. Lo que nos atraía de alguien puede hoy distanciarnos. Es lo natural. Cambiar. Cuestionarse. Girar a la izquierda de golpe y tomar una ruta diferente.
Estos cambios son los principales adversarios de toda relación. Porque se construyen en base a esos valores del principio. Al cómo éramos. La pregunta que marca y desafía a todo vínculo es: ¿podemos seguir haciendo que esto funcione?
Pongo la pregunta y remarco que hay dos grandes componentes: por un lado, la voluntad de seguir haciendo que un vínculo funcione y, por otro, un componente fortuito. Porque que esas nuevas versiones en las que nos convertimos sean compatibles no es algo que podamos decidir.
Las vidas de las personas toman giros inesperados. Y por mucho que decidamos sobre lo importante, hay decisiones, giros, actitudes que un poco nos exceden. Que tienen que ver con las consecuencias lejanas de otras que tomamos y que definen un poco la versión en la que nos convertimos. Quizás esos sean los puntos más difíciles de compatibilizar.
Ponemos siempre el ojo y el énfasis en el amor. Como si las parejas fueran la representación de la fidelidad, de la perpetuidad. Dejando de lado a la amistad. Como si esta no supiera más de resiliencia que la otra. Como si no hubiese amistades que se mantienen desde los cinco años hasta el final.
Toda relación requiere de trabajo. Toda relación implica que dos personas se elijan y decidan acompañarse. Las hay de todo tipo y para todas las finalidades. Pero no deberíamos subestimar la fuerza del amor que subyace a una amistad. Esa que hace que dos se elijan, aun sin todo lo que hay detrás de una pareja.
Y, en todas las relaciones, sea cual sea, no deberíamos olvidarnos de lo “idealista” de la idea de la eternidad. Porque es relativo. Porque eterno, en los vínculos, en realidad significa que dure todo lo que tenga que durar.
Una vida.
Años.
Una semana.
O una vez y nada más.
A✨
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