No sé cómo estoy logrando no escribir sobre el Mundial, que es de lo único que se habla hace casi un mes. Pero me voy a enfocar en la parte del salir con gente hoy, donde las redes sociales parecen imponer las reglas de principio a fin.
Pensarás: ¿qué tiene de novedoso hablar de esto? Nada, en verdad. Es un tema, quizás, cliché. Del que todos sabemos. Pues, ¿qué no pasa a través de las redes sociales hoy?
Buscamos trabajo por redes sociales. Nos presentamos al mundo por redes sociales. Interactuamos por redes sociales. Organizamos nuestras vidas a través de redes sociales. Y las compartimos, también, por redes sociales. Hasta buscamos el amor por redes sociales.
Aunque hay algo tramposo en las redes: ya no es tan común la espontaneidad. Tampoco la naturalidad. Todo está retocado y pensado. Desde la edición de las fotos hasta el orden de un perfil. Mostramos lo que queremos y construimos personalidades de manera artificial.
Ya nadie se acerca a nadie para conocerlo. Ahora se empiezan a seguir. Se espera hasta que el otro suba algo para poder contestarle. Ya no es la valentía de antes; ahora es una danza de apareamiento virtual que tiene pasos, contrapasos, esperas y plazos. Atrás quedó la valentía de acercarse a alguien y pedirle su teléfono. Ni hablar de sacar a alguien a bailar.
También marca esta era de las redes sociales que mucho de lo que se ve no es. Por la exageración de la artificialidad con la que se construye. Abundan los perfiles vacíos, con contenido que representa vidas que poco tienen que ver con la persona que está detrás. Porque la construcción está pensada para atraer espectadores, no para mostrar lo que uno es en verdad.
Quizás esto haya sido siempre así, pero como es mi primera vez viviéndolo, siento que hay una fiebre por querer ser conocido. Por destacar. Por llamar la atención, sobre todo a nivel virtual. Hay quienes están dispuestos a cualquier cosa con tal de conseguir más visualizaciones y más likes.
Todo es redes y mostrar. Pero poco demostrar. Poco abrirse. Poco, verdaderamente, conectar.
En el marco de todo esto hay una desesperación urgente por sentir amor. Pero ¿cómo se puede amar a alguien sin saber quién es?
Y el problema de esta desesperación por el reconocimiento es que, con tal de conseguirlo, hay quienes están dispuestos a perder la noción de quiénes son.
A✨
No posts

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.