Sobre el personaje
El budista del linóleo, nace en Bello, Antioquia en el año 1953 y muere en el año 2000 con apenas 47 años, dos hijos, una esposa y una gran obra. Su vida estuvo al servicio del arte, a crear su propio mundo en medio de una Colombia en guerra. Su creación está dedicada al misterio, a la relación con los sueños, el surrealismo, la búsqueda poética personal y la creación de obras en tensión con lo innombrable.
Sus hermanas Lucero y María Victoria cuentan que desde temprana edad mostró interés por las artes plásticas, un gusto influenciado por su padre. A pesar de dibujar, y utilizar diferentes técnicas como la pintura e incluso la cerámica, su interés estuvo en el grabado. En su obra, podemos observar un mundo onírico y una utilización de la técnica compleja para la época: fue capaz de utilizar más de tres colores en la composición de sus obras, lo que para el momento era sumamente complicado. Elena Castaño, su esposa, comenta que a su vez la fotografía fue una herramienta utilizada en todo momento, tal vez para calibrar la mirada y captar momentos que utilizaría en sus grabados.
Presenciar las obras de Rendón genera un sentido estético amplio. Su composición neobarroca permite preguntarnos: ¿cuál era su búsqueda? Seguramente nadie lo sabe puesto que la imaginación es la capacidad de nombrar y crear cosas más allá de la razón; sin embargo, hay quienes recuerdan a Fabián de una manera distinta a lo que ofrece en sus grabados. Gustavo Zuluaga Herrera conocido como “El Hamaquero” menciona que, en su labor de librero, conoció a un Fabián joven y universitario, influenciado por libros como Dogma y ritual de alta magia de Eliphas Lévi y El ocultismo y la creación poética de Eduardo Azcuy. En ese sentido, podríamos empezar a nombrar la obra del budista como influenciada por la mística y el ocultismo, características conceptuales que abarcan toda su creación.
En el documental «Mapa de un mundo imaginario» realizado por la Universidad EAFIT en memoria de Fabián, El Hamaquero agrega que el traslado de Rendón a Bogotá supuso un momento difícil en la vida del grabadista y su familia, pues afirma que el primer año tuvo que sobrevivir realizando cerámicas.
Aun así, la vida de Fabián tuvo cosas importantes como la relación de amistad que formó con Juan Manuel Roca, el poeta, narrador y ensayista colombiano. Esta amistad empezó con charlas sobre poesía, y con el tiempo, se convirtió en un vínculo fraterno y de mutua admiración. Roca lo recuerda por su forma particular de crear mundos oníricos y figuras abstractas y, sobre todo, por su virtuosismo en los grabados; cuenta además cómo Augusto Rendón, otro grabador colombiano, era admirador de la utilización de los colores en su obra. No en vano, en 1990, podemos ver una gran producción de obras por parte de Fabián. Se vuelve uno de los mejores ilustradores del Magazín de El Espectador, dirigido por Roca, y crean en conjunto libros de grabados y poemas como: Lunario Circence y Cuaderno de mapas, con el cual obtuvo el 1er puesto en la XI Bienal de Grabado Latinoamericano y del Caribe, Puerto Rico, 1995.
Colombia. Banco de la República de Colombia. Jardín secreto. Medellín: Red Cultural del Banco de la República. (1994) Digital.
La técnica es un legado
La obra de Fabián Rendón Tobón está impregnada de alegría. Sus bestiarios, los acróbatas, los músicos, la noche, la fiesta, el juego, la música, los jardines, el fuego y el diablo producen un mundo colorido y mágico. Toda esta fantasía la produce desde el grabado con la técnica del linóleo, y representa una forma de preferir la lentitud y la calma, antes que la reproducción rápida, siendo esta una técnica que requiere de paciencia.
Su particular forma de creación se observa en las primeras obras como Expreso del hielo, utilizada como afiche principal del famoso tren que recorría las vías abandonadas que conectan a Santa Marta con Bogotá (que albergó a diferentes artistas, entre ellos, Manu Chao). En esta obra podemos ver la influencia del circo como construcción de sus personajes, y la utilización de colores como rojo y amarillo, que serán frecuentes a lo largo de su obra, igual que el verde y el azul cobre como base.
La pregunta por la vida y el mundo, forma predilecta de la creación, son aspectos que suceden en la obra de Rendón, él mismo lo afirmaba:
«Llevo 15 años trabajando esta técnica» y, además, cuando le preguntan: «¿cuáles son tus intereses hablando visualmente y en cuestión de tu arte?» él responde: «Pues, ante todo, encontrarme a mí mismo (…) y explorar mucho el reino de la imaginación» (Rendón, Teleantioquia).
Esto quiere decir que, para la época, el giro que tiene el arte en general es muy drástico y permite ese reencuentro de cada artista con el Yo. En su forma de construir sus grabados transmite esa realidad desde la imaginación, encontrando matices y varios significados, uno de ellos: un mundo y una posibilidad diferente a la realidad colombiana de los años 90s: una disrupción a nuestra materialidad.
Colombia. Banco de la República de Colombia. Vientos. Medellín: Red Cultural del Banco de la República. (1994) Digital.
Si transmitimos esto a la época de los 90s encontramos personas con formas de pensar y sentir distinto sobre la problemática colombiana del momento, donde algunos artistas prefirieron buscar en la imaginación una salida al conflicto, pese a la proliferación de arte con sentido social y político. Es en dicho contexto cuando se produce la obra de Rendón, mediada por la guerra, pero dirigida hacia la imaginación, lo onírico y los sueños.
Otros artistas no se apartaron de ello, por ejemplo, Óscar Muñoz representa Los narcisos «Son unos contenedores en los cuales un tamiz sostiene, por poco tiempo, unos rostros dibujados con polvo de carboncillo, que poco a poco va cayendo en el agua y desapareciendo sobre el periódico con las noticias del día, siempre violentas» (Gutiérrez, p. 114). Entonces, comienzan a verse producciones artísticas que no se desligan de estas situaciones «coyunturales»; así aparece Víctor Laignelet en el VII Salón Regional de 1995: «Construye con bloques de ladrillo burdo, de los usados en los barrios populares, un corredor estrecho para colgarlas dentro de él» con esta obra llamada «durante la construcción, la leche y la miel son dos grandes alimentos de la naturaleza», según Gutiérrez: «Tal vez al ocultar, se logre escuchar lo que está detrás del muro» y viene algo importante: el verbo «ocultar», algo tan vital en la obra de Rendón y algunos de sus contemporáneos.
Este punto de vista al cual hago mención, se vincula con esta frase «La pintura se funda en las posibilidades de la ilusión y el escenario, y está integrado por un punto de vista» (Citado en Gutiérrez, p. 118). Es decir, que la obra de Rendón convierte los cuerpos en algo más reflexivo que representativo, lo cual se explica en las obras que traemos de ejemplo, construidas desde la evocación para liberarnos de la tiranía de la cultura, en este caso, de la situación política y social de los años 90s.
Antes de concluir, expondré dos ideas importantes para este ensayo: 1) «Los noventa son el fin de la creencia en una sola y sagrada interpretación de la historia» (Gutiérrez, p. 126) y 2) Gutiérrez citando a Roland Barthes: «La mejor arma contra el mito impuesto por el poder, es producir uno artificial, y este mito reconstituido se convertirá de hecho en mitología» (Citado en Gutiérrez, 126). Cabe resaltar que el artista en ningún momento representa la realidad colombiana con sus obras, sino que crea un mundo mitológico donde se desvincula de la tradición de la guerra colombiana.
Colombia. Banco de la República de Colombia. Jardín Secreto. Medellín: Red Cultural del Banco de la República. (1994) Digital.
La representación de los cuerpos en la obra de Fabián Rendón Tobón tiene una especie de anarquismo, una forma de romper con la lógica estructurada de representar algo específico; su intención de creación es una exploración de la imagen del cuerpo que va ligada con lo disruptivo. Así, por ejemplo, Rendón va a manifestar una relación muy directa con el surrealismo, puesto que siempre parte de la imaginación para darle significado a sus obras; integrando el sueño con la vigilia, debido a que no era una transcripción de sus sueños sino de la imaginación del momento.
A la memoria de Fabián.
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