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El Patio Político · Jun 18, 2026

NUESTRO PROBLEMA CON LA DEMOCRACIA.

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El Patio Político, Jesús Rebollo Cubero · El Patio Político

Tengo por costumbre intentar empezar mis artículos con un título provocador. Este no lo es menos. Desde hace algún tiempo, y más aún desde que empecé mi máster en Comunicación Política en la UCM, no ha dejado de rondar en mi cabeza la idea de si estamos cerca de vivir una caída de la democracia liberal similar a la del primer tercio del siglo XX. Cierto es, que hay muchas razones para pensarlo, la emergencia de líderes con tintes claramente autoritarios como Trump o Bukele, o ver como países teóricamente democráticos como Israel llegan a cometer genocidios sin que las demás potencias democráticas puedan (o quieran) ponerle freno. Por otro lado, los medios de comunicación se esfuerzan en decirnos que los jóvenes españoles estamos empezando a inclinarnos o a no ver con tan malos ojos la implantación de regímenes autoritarios a cambio de unas buenas condiciones de vida, aunque, si miramos los datos, resulte que los jóvenes seamos el grupo de edad con menores “inclinaciones autoritarias”. En resumen, es cierto que tenemos muchas razones para estar enfadados con el funcionamiento del sistema. Ahora bien, la pregunta es: ¿Nuestro enfado es con la democracia o con la gestión de la misma?

La manera en que se organizan las sociedades es un tema que lleva preocupando a filósofos, sociólogos y economistas desde la antigüedad. Hemos conocido multitud de sistemas diferentes: aristocracias, dictaduras, democracias… así como varios tipos de cada una. Actualmente todos estamos de acuerdo en que en España vivimos en una democracia, pero, ¿Sabemos exactamente qué es nuestra democracia?

En primer lugar, nuestra democracia es una democracia parlamentaria, no presidencialista. Esto quiere decir que los ciudadanos no elegimos ni al presidente del Gobierno ni al Gobierno mismo. Nosotros elegimos a los diputados y diputadas, así como senadores y senadoras que serán quienes ocupen el poder legislativo. Los diputados serán los encargados de elegir al presidente del Gobierno. Con esto, quiero señalar que quedar como primera fuerza política en las elecciones no te asegura ocupar la presidencia del Gobierno, a no ser que se obtenga la mayoría necesaria de 176 diputados. En caso contrario, es necesario negociar con las demás fuerzas políticas. Es importante aclarar esto, el Gobierno actual no es un gobierno ilegítimo por no haber logrado ser la primera fuerza en las elecciones de 2023, simplemente es el que obtuvo la mayoría de investidura. El Partido Popular, pese a haber quedado como primera fuerza, no fue capaz de armar esa mayoría. En conclusión, el único resultado que garantiza que el candidato a la presidencia del Gobierno va a ser, efectivamente, presidente del Gobierno, es la mayoría absoluta de 176 diputados. Esta es la auténtica victoria en las elecciones generales.

Por otro lado, respecto al control de la ciudadanía hacia los políticos. Actualmente, vivimos en lo que llamamos una “democracia de audiencias”. Esto significa, que nosotros tenemos la oportunidad cada 4 años de elegir a nuestros representantes. Con la victoria que nosotros le otorgamos, tienen permiso para hacer y deshacer lo que ellos consideren durante toda la legislatura, siempre, claro está en el marco de la ley. A cambio, nosotros tenemos el derecho a opinar libremente de su gestión, y este es el único control que podemos ejercer. El programa electoral no es un contrato de lo que se va a realizar si gobiernan, es únicamente una orientación sobre lo que ellos te dicen que harán si gobiernan con el objetivo de que tú deposites tu confianza en ellos. Es por ello, que no existe el cumplimiento obligatorio del programa electoral. También, claro está, porque las circunstancias son cambiantes, y un programa que se diseñe en una época de bonanza económica y sea muy adecuado para la misma, quizá fuera desastroso en el caso de que se desatase una crisis económica en medio de la legislatura.

Hasta aquí, hemos establecido el marco de nuestra democracia y, en resumen, podemos decir que lo mejor que nos ofrece la misma es el llamado “régimen de opinión”. Tenemos libertad de opinión, de reunión, de asociación, podemos leer lo que nos dé la gana, ver lo que nos dé la gana, amar a quien nos dé la gana… Sin embargo, nuestra democracia no nos garantiza a día de hoy bienestar material. Es cierto que en España tenemos educación pública, sanidad pública, pensiones… Pero actualmente nos encontramos en una situación en la que la cesta de la compra no para de subir, la vivienda está por las nubes, los jóvenes no podemos emanciparnos. Con lo cual, es totalmente razonable la pregunta de ¿Y si hubiera otra salida?

La democracia ha sido considerado históricamente como una de las peores opciones posibles, ¿Qué es eso de que el pueblo elija?, ¿Qué es eso de que el pueblo se gobierne? La masa es irracional, darle el poder es abocarnos al desastre. Por tanto, ante esa idea, ¿Cuál es la opción más razonable? Evidentemente, que gobiernen los mejores, que gobiernen los más aptos.

La idea del gobierno de los más aptos, a priori, es una idea que suena escandalosamente bien, y es una idea que se ha defendido desde los tiempos de Platón. Que cada puesto en la sociedad esté ocupado por la persona más preparada. Desde el presidente del Gobierno hasta el maestro de escuela. Desde el juez del Tribunal Supremo hasta el camarero del bar de la esquina. ¿Qué podría salir mal? Seguro que ese presidente o esa presidenta tecnócrata solucionaría el problema de la vivienda, seguro que solucionaría la inflación. Es cierto que renunciaríamos a ciertas libertades, pero ganaríamos muchísimo en bienestar, y al final, poder leer un libro que te hable de democracia y libertad o ver cualquier programa de televisión no es tan importante, igual merece la pena correr el riesgo.

La pregunta es: ¿Cómo garantizamos que las personas que ocupen esos puestos son las mejores?, ¿Quién decide cuáles son las habilidades necesarias para ocupar estos puestos?, ¿Por qué esas habilidades y no otras?, ¿Cómo sabemos que lo que deciden esos expertos es lo mejor para la ciudadanía?, ¿Cómo se controla a esos expertos? Si asumimos que son la élite social absoluta, ¿Cómo se iban a equivocar?

A día de hoy, tampoco tenemos manera de garantizar nada de esto en democracia, a la vista están los numerosos casos de corrupción que han salido, que siguen saliendo y que seguirán saliendo. Ni tampoco podemos obligar al Gobierno de turno a tomar decisiones en favor de la ciudadanía. Sin embargo, sí podemos provocar cambios de gobierno. Parece una tontería viendo todos los problemas que tenemos hoy en día, sin embargo, la oportunidad de elegir, en todas las facetas de la vida, tiene un valor incalculable.

No vengo a dar un discurso moralista, ni a decir que nuestra democracia sea perfecta, porque no lo pienso. De hecho, creo que la democracia ha demostrado que nos puede ofrecer, y nos ofrece, un régimen de libertades como el que no hemos tenido en la historia. Sin embargo, la democracia española actual, y los acuerdos a los que se llegaron en la Transición no pueden, y no deben, considerarse como un punto y final en nuestra historia política, sino como un punto de partida. Creo que podemos, y debemos, aspirar a más y uno de los retos que tiene nuestra democracia es demostrar que no sólo puede ofrecernos un régimen de libertades, sino que también puede ofrecernos unos buenos niveles de bienestar material. Hay que demostrar que la democracia puede ayudar a que te puedas pagar una casa, que la democracia ayuda a que tengas una vida en dignidad, que la democracia ayuda a que puedas tener una alimentación sana y equilibrada sin tener que dilapidar tu sueldo, y hay que demostrar que la democracia te ayuda a crecer y desarrollarte como persona sin importar tu condición.

Como conclusión, nuestro problema con la democracia es que quizá por una falta de educación democrática, y por la desinformación que difunden algunos de nuestros representantes públicos, no acabamos de entenderla. Sin embargo, aún entendiéndola, sabemos que, como demócratas convencidos, debemos, y tenemos que aspirar a más.

Read the original on elpatiopoltico.substack.com

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