Nada es perfecto. Ahora estás leyendo esto y puede que estés pensando en eso que no te gusta de esa persona, de tu trabajo o de tus relaciones. Pero, ¿qué impacto real tiene eso en tu vida? Crees que si no es perfecto al 100 % no es realmente perfecto y ¿si no tiene por qué serlo?
Seguro que alguna vez te has planteado cambiar de trabajo. Una situación puntual con tu jefa o con un compañero, o la carga de trabajo ha hecho que se te haya pasado por la mente dejarlo y escapar. Tu percepción de felicidad en el trabajo estaría basada en ese momento puntual y no en todo el conjunto. No estás valorando qué es lo bueno que te aporta.
A esto se le conoce como la teoría del 90/10. En ocasiones tomamos decisiones (y en muchos casos importantes) basándonos solo en una pequeña parte de lo que no nos gusta o que nos hace sentir incómodos y obviamos el resto, que puede ser mucho más.
Es un mecanismo natural y humano. Nuestro cerebro tiene que sentir que todo encaja, que todo es correcto. En cuanto hay algo que no termina de cuadrar deja todo lo demás para enfocarse en eso que le incomoda. De ahí que tendamos a sobrepensar y a dar un peso excesivo a ese 10 % que no nos gusta, que no es lo que habíamos deseado o que hace que esa situación no sea todo lo buena que hubiésemos querido.
Por esto, nos obsesionamos en busca de la perfección en algo que nunca va a ser perfecto. Tu cerebro siempre está al acecho en busca de la imperfección, de lo que no le encaja. Si te dejas guiar por ese 10 % puedes perder ese 90 % que tanto te gusta.
No sacrifiques el 90% de una buena vida por el 10 % que no lo es tanto.
Veamos algún ejemplo:
Tu pareja te aporta estabilidad, amor, apoyo y cariño; en cambio, no te gustan ciertas cosas de ella que en otras personas no tolerarías. ¿Es suficiente para romper la relación? ¿La incomodidad es más fuerte que lo que representa el resto de la relación?
Vives en una ciudad o en un pueblo que te ofrece una buena calidad de vida, amigos y cierta tranquilidad, pero puede que allí no tengas todas las oportunidades que pensabas.
Estás trabajando en algo que te apasiona, un proyecto ideal, pero que requiere de tareas que no te gustan pero que son necesarias para que avance.
Quizá tengas problemas personales sin resolver, pero en general tu vida sea buena o muy buena.
Podemos encontrar decenas de ejemplos en los que esta regla podría aplicarse; en realidad, forma parte, de manera significativa, de lo que vivimos cada día. Tenemos que tomar decisiones en base al conocimiento, sensaciones y motivaciones. Saber que no todo va a ser perfecto te va a quitar muchos dolores de cabeza.
Podemos trabajar en ser más flexibles en nuestras relaciones o en nuestro día a día. Las preguntas adecuadas serían:
¿Es mayor el valor que me aporta que la incomodidad que puedo soportar?
¿En qué me estoy basando para tomar esta decisión, en el 90 % o en el 10 %?
Haz una lista. Por un lado, indica ese 90 % que te hace seguir adelante y, por otro, ese 10 % que te está frenando o que te está llevando a tomar esa decisión. Sé honesto u honesta contigo.
¿Es algo temporal? ¿Es real? ¿Podría ser algo imaginario?
¿Estoy reaccionando de manera excesiva?
¿Estoy estresado o estresada y está influyendo en mi percepción de la situación?
Recuerda que toda relación, toda situación tendrá ese 10 % de incomodidad. ¿Estás dispuesto a aceptarla?
Uno de los mayores errores que cometemos es pensar que si no es perfecto, debería serlo. Una relación, un trabajo, una situación… y eso genera un desasosiego constante que repercute en la vida de manera profunda.
La perfección es una fantasía, una utopía idílica que no nos deja continuar apreciando el bienestar con el que ya convivimos.
En la mayoría de las ocasiones ya estás viviendo en ese 90 %; no lo tires por la borda. En cuanto empieces a valorar lo que ya tienes por encima de lo que deseas, empezará una vida con más sentido y gozo.
Una mente sabia sabe reconocer que todo lo valioso siempre viene acompañado de algún tipo de incomodidad o limitación frente a lo que sería lo ideal.
¿Qué estás dispuesto o dispuesta a aceptar para conservar eso que es valioso?
Un abrazo.
Carlos.
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El Metodo Slow es una ‘newsletter’ sencilla para leer tranquilamente. Está escrita desde mi cabeza y mi corazón para aportar valor a tu vida. Son pequeñas píldoras semanales sobre todo lo que he aprendido y lo que he sigo aprendiendo para lograr una vida mejor. Un complemento a lo que escribo en el blog para que lo consumas con calma. Quiero que te aporte valor. Pequeños conceptos pero muy valiosos. Además, he seleccionado cuidadosamente los recursos que te propondré teniendo en cuenta la calidad y el grado de valor. No me gusta perder el tiempo con cosas que no aportan nada.
Cero ruido.
Menos es más.

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