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El Guateque · Aug 10, 2026

When summer takes over

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Paloma Herce · El Guateque

Cuando me monto en un coche o conduzco o soy Dj. Puedo presumir de que se me dan bien ambas cosas. Íbamos a la playa el otro día, con el cuerpo humedecido por el calor y las ganas de bañarnos intactas, y yo decidí dejarme guiar por la lista de Spotify de temas de electrónica de los 2000 que saltaba en novedades. When love takes over que pinchaba David Guetta. Siguió la música y me abuchearon y tuve que cambiar, como si le pongo Raffaella Carrà a una sala de la generación Z. Mi cabeza se quedó en aquella pista de baile.

Vi a David Guetta en Barcelona en un extinto festival en la playa en el que también pinchó Avicci. Qué tiempos. Fui con un grupo de amigas que se disolvió como la arena de los pies cuando termina el verano, que ya no se pega tanto como en agosto. Íbamos las cuatro con pantalones cortos vaqueros y blusa blanca. Yo llevaba Converse. No íbamos vestidas como en Coachella. Una de ellas se encontró con un grupo de compañeros del colegio e hicimos plan. Fuimos cinco en mi Nissan Micra desde Madrid. Me lo compré con mis ahorros de becaria para ir a Antena 3 todos los días, porque el verano de 2014 estuve metida en Onda Cero. Grabamos el programa que salía por la web en el que era presentadora —cuando se enteraron de cuál era mi programa me dieron el pésame y por otro lado, que trabajara para el Pulitzer, así que me busqué la vida…—. ¡Total! Que nos fuimos cinco: un amigo de la radio y todas las niñas. Aquí fui piloto, y probablemente Dj también. Aún recuerdo el sufrimiento al estar en reserva y no encontrar ninguna gasolinera en la carretera. Salimos a las siete de la tarde de San Sebastián de los Reyes y a partir de medianoche ya se sabe, no es sencillo encontrar combustible.

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Dormíamos en un hostal en el Eixample, en un edificio clásico de baldosa hidráulica. Un hostal por el que, cómo es la vida, paso siempre que voy a la Ciudad Condal. Bailamos When love takes over como si no hubiera un mañana —es que es un temazo—, me sonrió uno de los chicos del grupo y cuando las cosas solo podían ir a mejor… Llegó el drama. Alguien debió de robarme las llaves del coche en el festival. La habitación del hostal, a la mañana siguiente, estaba inundada de lágrimas. A cualquier otra persona la habrían desheredado, la habrían dejado de hablar, le habría caído la bronca del quince, no sé… Pero mi padre vino, se hizo un selfie conmigo —“para tu madre”, me dijo— y la hora que tenía libre se fue a hacer fotos a un edificio cerca de la estación de Sants. Sí, vino a traerme las llaves en tren desde Madrid. El grupo de amigos del día anterior nos hizo de chófer por la ciudad y se los presenté al señor Herce. La verdad, tengo el mejor padre del mundo y siempre me lo recuerda David Guetta. Le dije que se viniera de vuelta en coche para pasar las seis horas con nosotras pero, no sé por qué, desechó la idea. Con lo bien que conduzco.

Ese verano tuve un love en cada puerto —estaba soltera, cosa rara—, trabajé quince días seguidos varias veces y pernocté por primera y última vez en un camping de Cádiz. Dormía tres horas porque entraba a las siete de la mañana los sábados y me brillaba la piel a pesar de no darme el sol y no dormir. Bendita juventud. No hubo apenas arena ni playa pero lo exprimí tanto que lo recuerdo como uno de los mejores veranos de mi vida. No siempre tiene que haber salitre de por medio para que lo sea.

When love takes over no, when summer takes over. En verano nos sentimos más poderosos, ¿no? O es la misma estación la que nos recuerda la magia. Estábamos viendo el atardecer y he dicho: “¿no os parece increíble que el sol se ponga? Y lo hace cada día”. A veces me hago este tipo de preguntas, asombrándome por la propia naturaleza. Está bien maravillarse por algo que sucede todos los días. Que las jornadas sean más largas ayudan a ello.

El verano es un poco como la juventud. Julio y agosto nos trasladan a esos años. Cuando nos ponemos el traje de baño, cuando nos colocamos la tobillera —de conchitas, por supuesto—, cuando viajamos veinte años atrás por el olor de la crema de Nivea, cuando no nos maquillamos porque no hace falta y se despiertan las facciones infantiles, cuando nos despojamos de los tacones y las corbatas, cuando estamos bronceados… Somos invencibles a pesar de deshacernos de la coraza. Como ese verano que no dormía nada y trabajaba doce horas y aún así tenía ganas de bailar a medianoche con la música de mi Micra, como si la Castellana fuera el reservado VIP de una discoteca en la que solo estábamos mi amiga María y yo. En aquella época Madrid sí era Baden Baden. Aunque el dinero era para gasolina.

Esa canción de David Guetta y otra de Crystal Fighters, que era la sintonía del programa, me llevan a ese verano en el que me dediqué a ayudar a todos los programas de la parrilla y a entrevistar a todos los que se venían del edificio de enfrente. Matías Prats, Cristina Pardo… Los becarios hicimos una panda chulísima. Y tuve grandes conversaciones en las cabinas de la emisora —recuerdo un rato estupendo entrevistando al actor Sergio Peris-Mencheta—. En fin, sentí que me comí el fin del mundo. Que en estos días del calendario todo es posible. Pues eso. Cuando el verano se apodera…

Una mujer tomando el sol desnuda en la piscina de Tom Darlington en Carefree, Arizona. La antítesis a mi verano en la radio y más cercano a mis temporadas estivales actuales. Arizona 1967, Slim Aarons.

Para que hables en el próximo Guateque:

  • La película: Estoy viendo Kokuho. El maestro del kabuki, en Filmin. Acaba de empezar, en cuanto termine la newsletter sigo con ella. Si está en mi plataforma favorita —no me pagan ni es publicidad— será por algo. La próxima que quiero ver es El rayo verde, de Éric Rohmer, Se supone que en Baleares podremos verlo en el eclipse. La película de Rohmer es mi recomendación para las semanas que os dejo huérfanos de newsletter.

  • El libro: Esta semana he leído Mujeres elegantes, de Milena Busquets —gracias Lumen por mandármelo— y La bola, de Daniel Verdú. Siempre había soñado con escribir en Jot Down, ya admiraba la revista cuando nació, estando yo en la carrera. Sus entrevistas con las fotografías en blanco y negro eran míticas, las leía en clase. Con el que estoy ahora es la biografía de Juan Belmonte, de Chaves Nogales. ¿Libros de verano? El bello verano, de Cesare Pavese.

  • El perfume: Precisamente decía Milena que una de las cosas que podemos hacer las mujeres en verano es elegir un perfume. El mío me recuerda a mis agostos en Punta Umbría. Jasmin 17, de Le Labo. Creo que aquel verano utilizaría Narciso Rodríguez, que era el que utilizaba cuando volví de Roma pero cuando era aun más jovencita me dio por un clásico: Light Blue de Dolce & Gabbana.

Me sabe mal despedirme, pero he recibido mensajes preciosos —emails y comentarios— deseándome un buen descanso. La creatividad tiene que airearse, igual que abrimos las ventanas de casa para que entre aire fresco. Estos días trabajaré, y cuando no, me bañaré en el Mediterráneo… Así que si me escribís tendréis respuesta. Pero sabréis de mí en las notas que dejaré por aquí, como si fueran miguitas de pan. Gracias por leerme, gracias por estar ahí y gracias por esperarme. Os deseo, como Pavese, un bello verano.

Feliz lunes y maravillosa semana. El Guateque cierra las puertas hasta dentro de unas semanas pero compartid, alzad la voz, que luego hay sitio para todos. ¡Salud!

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Read the original on elguateque.substack.com

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