6
No moriré mientras tú vivas1.
Desesperadamente2
Eres agua y te busco5.
Me revuelco6 como un pez en la tierra7
cuando tú pasas8.
1 Una tensión atraviesa los poemas de Pez en la tierra: la que Margarita Ferreras plantea entre la vida y la muerte. Ambos términos, ambas experiencias, se enfrentan de maneras distintas: unas veces recurre a la antítesis con su contraposición de ideas que se complementan, otras al oxímoron que en su choque genera un sentido nuevo. En el poema segundo del libro se equipara la «blanca risa inerte / de los agonizantes y los recién nacidos»; en el decimosegundo desea «la muerte / por amor a la vida». El primero de los romances lo pueblan sombras «color cuchillo», una «blanca Muerte [que] pasea / con la guadaña en el hombro / y en la boca una azucena», pero también el amor y los cánticos festivos. En este poema, en el poema sexto, la oposición se basa en un juego múltiple: la dependencia del sujeto, que fragmentándose —lo olvidaba: paradoja— se multiplica, con ese “yo” existiendo porque existe el “tú”, con esa vida propia que se sustenta en la vida ajena; aquí ya no la vida contra la muerte, sino la vida por la vida misma. Entiendo Pez en la tierra no como un libro de memoria, sino como un libro en el que los recuerdos no se invocan o evocan, sino que se forjan, están forjándose: más tarde regresaré a esa sensación de que en la obra de Margarita Ferreras las raíces se conjugan en presente.
2 Abandono por un momento la obra ‘estricta’ de Margarita Ferreras para detenerme en sus circunstancias biográficas. Ninguna obra se aísla del contexto en el que se ha desarrollado: por mucho que quien escribe proclame su aislamiento de la realidad, lo que sucede se filtra —inevitable— en eso que ha escrito. Todo texto —todo buen texto— posee un significado propio, desgajado de la biografía de su autora o su autor, y debe ofrecer una experiencia de lectura al margen de las conexiones biográficas, pero todo texto —todo buen texto, sobre todo— se enriquece si sabemos algo más.
Algo más, por ejemplo: de los poemas de Pez en la tierra me ha interesado siempre la importancia de la cuestión escénica, por así decirlo; el peso que Ferreras otorga a la descripción de espacios, a la construcción misma de atmósferas, a la conciencia casi matérica —física— del poema. Esto vale por sí mismo, pero se comprende mejor al tener noticia del bagaje teatral de la autora, de su carrera breve como actriz; también de su experiencia como conferenciante y recitadora, en la que debía llevar las palabras a escena. Sin embargo, en muchas ocasiones este peso de la biografía logra el efecto contrario: algunas vidas ensombrecen de manera injusta los libros de quienes las vivieron. Creo que es el caso de Ferreras, cuyos muchos misterios —de su nacimiento a su muerte, sus amores, sus problemas de salud mental, su desaparición durante la dictadura— difuminan la modernidad de su obra. Si nos referimos a la vanguardia, es inmensa la altura del trabajo con la metáfora de Ferreras; tiene una exactitud francesa, elegantísima, sensorial. Si nos referimos a la temática, su propuesta entronca con una tradición en la que el cuerpo se reivindica como espacio de la vida, que se identifica con el deseo, que se identifica con el tiempo, con la particularidad histórica de que se trata de una mujer deseante —ya no deseada— en los años treinta del siglo pasado.
Esto debería bastar.
3 Pero no basta.
4 Ocurre así: las raíces se conjugan en presente.
5 Me refería a una exactitud ‘francesa’ en esa labor formal de Ferreras, en los poemas de Pez en la tierra. Me explicaré: creo que el respeto de Margarita Ferreras por el lenguaje tiene que ver con la actitud del simbolismo, con la búsqueda tan fina del significado más allá del significado; vaciemos la palabra, a ver qué tiene dentro. Lo que tiene dentro es el sentido, la lógica, la posición en el mundo, también la percepción por parte de quien lee; tiene dentro la forma en la que suena, la mirada que expone y que propone, hasta la caricia y la fragancia, la permanencia en la lengua. Las palabras que utiliza Margarita Ferreras tienen dentro el enigma delicadísimo de Mallarmé.
6 ¿Sobre qué escribe Margarita Ferreras? En los poemas de Pez en la tierra —los que conocemos de su autora: cuántos se perderían, escritos antes o después—, el deseo vertebra su discurso. El deseo evidente, el sexual, el del cuerpo que se posiciona y que reclama otro cuerpo. La voz de estos versos quiere «ser en amor», quiere al otro «abierto en luz / como una flor de cielo», pero también plantea otros deseos del espíritu: ansía conocer el mundo, recorrerlo y descubrir, que otras existencias posibles se le muestren. Qué altura la de sus descripciones, tan plásticas; qué vivos sus paisajes.
¿Cómo se recibe hoy un libro de poemas eróticos escrito por una mujer? Con naturalidad, de manera evidente; la tradición de contar el deseo en femenino se remonta a Safo y su escuela, e incluso en los poemas de Enheduanna se alude —cuarenta y tres siglos atrás— a la lujuria ajena que una mujer padece contra su voluntad. Sin embargo, ¿cómo se recibió en 1932 la publicación de Pez en la tierra? Se conservan testimonios escasos, no se menciona a Ferreras en los recuentos personales de quienes coincidieron con ella en actividades y proyectos editoriales —salvo Manuel Altolaguirre, que confunde su apellido: Cañedo, en lugar de Ferreras—, en esa época comenzaron los ingresos de la autora en centros psiquiátricos, y por lo tanto su desconexión progresiva del sistema literario al que había logrado acceder.
7 Una mujer que desea en la España de 1932. Un pez en la tierra: un animal fuera de su elemento, intentando desenvolverse en un entorno hostil. La expresión pública de sus deseos, y este plural incluye el contenido de sus poemas, también sus comentarios desencajando con la moralidad de la época —incluso en los entornos artísticos, al fin y al cabo de clase alta, conservadores en lo social incluso pese a sus militancias ideológicas—, también sus decisiones de vida —la relación con sus amantes, la estigmatización por su frágil salud mental—, influyó quizá no en la recepción inmediata de la poesía de Margarita Ferreras, sí desde luego en la forma en la que su poesía dejó de contar en ciertos ámbitos. Pero la calidad se impone, y la contemporaneidad de Pez en la tierra se mantiene: «La plaza / de un dorado caliente / (…) mira al cielo / por el único ojo / de un estanque».
8 La interlocución es otro de los recursos habituales de Pez en la tierra: la recreación de alguien aparte de la voz que escuchamos, de alguien que ocupa otro lugar. «Fruto y flor para ti», leemos; y en el siguiente poema: «Tú eres silencio / y yo armonía». ¿A quién se dirige Ferreras? ¿Quién aguarda al otro lado? ¿Qué función cumple? Leo «tú», y me interpela: a través de los años, las raíces de la poesía de Margarita Ferreras han quebrado la piel de la tierra desde la tierra misma, se extienden por la superficie, a nuestra vista.
Quisiera pensar que la escritora que defendió su obra, que luchó por ocupar los espacios que merecía su talento, habría recibido con satisfacción la noticia de que su trabajo se admira y reivindica casi un siglo después de publicarse. Existen testimonios de la ambición de Ferreras, y de la de algunas de sus coetáneas: muchos textos de Carmen Conde —pienso en Cartas a Katherine Mansfield—, y reflexiones en obras autobiográficas como las memorias dictadas por Concha Méndez a su nieta o los diarios de Rosa Chacel. Ferreras formó parte de una generación que partía en muchos casos de una desigualdad fortísima con respecto a sus compañeros —la familia de Méndez la agredió al enterarse de que había asistido como oyente a la universidad—, en la que esa voluntad de ser escuchadas se penalizó con más silencio. En el caso de Ferreras, una mujer independiente y profundamente libre, cuyos poemas hablaban sobre el deseo —no solo—, el estigma caló más hondo todavía.
Leemos por motivos muy diversos, con intenciones que varían según el momento o el libro al que nos enfrentemos. Leemos por curiosidad, por aprendizaje; leemos por entretenimiento, por aburrimiento. Para ahondar y para quedarnos en la superficie. Me gustaría pensar que leer, y compartirlo, se percibe en algunos casos como un acto de justicia. Con Margarita Ferreras, sea.
📸 Detalle de la página del diario Ahora en la que se reseñó Pez en la tierra (6 de agosto de 1932). En margaritaferreras.com.
🔥 Este texto se publicó en Ávida llama. Voces para una antología sinfónica, un libro-homenaje a Margarita Ferreras coordinado por Dolores Fidalgo Estévez y publicado por Eolas.
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🍀 Te deseo mucha salud, alegría y tiempo para leer buenos libros.

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