Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
¡Sacrado! Ahí está el sonido.
¡Vámonos! Transmitiendo desde Durango, capital, la perla del Guadiana, llega a tus oídos una vez más, otra emisión de este tu programa únicamente para personas altamente sofisticadas.
Les habla a su oído su todopoderoso dios Sol, tigre vikingo, estoico, y me hago acompañar por el mítico Argonauta.
Buenas noches, calurosas noches ya, ¿verdad? Sí, calurosas.
Bueno, está ahí escurriendo el lito de sudor, lo siento yo, güey.
Ya vamos a tener que entrar el... ¿qué es ese sonido? El ventilador.
¿Qué es ese ruido, güey? ¿Qué es ese ruido? ¡Ching! Yo creo que es bueno unas vacaciones, ¿no, güey? Para...
Sí, güey.
Mientras pase el calor, güey, nomás.
El calor.
¡Ah! Ya no hay bar, cabrones.
Ya no voy al bar.
Ah, ¿noticias del imperio? Sí, sí.
¿Cómo andas? Bien, ¿verdad? Bien.
Sí, es que como tengo ya proyectos más elevados, ya no puedo juntar con la chula.
Vos echale los saludos.
Quiero saludar en este bonito podcast puntual, tan puntual como bueno en sus formas e inclusivo.
Quiero saludar a Chelly, quiero saludar a Valle.
¿Qué es el nuevo saludo del hambre, güey? Pinche chismoso hijo de la chingada.
¡Oh! A ver.
Va la furia.
A ver, aquí hay peligro.
A ver, ropa afuera.
¿Cómo no va a haber saludos? Y claro que estén ahí.
¿Va a haber o va a haber? Lord Purco, Vainer y Saúl van para afuera.
Sí, sácanlos.
No, no, estos pinches cargados.
Han sido expulsados.
A ver, vamos a ver la mano inclemente e implacable.
Vámonos para afuera, güey.
La pincina.
Ya, no.
La Saúl, güey.
Para afuera.
Formugrosos.
Formugrientos, güey.
Atascados.
Bueno, quiero saludar, además, ya no voy a saludar ni al Saúl ni al Porcupine, no importa que sea mi huésped.
Pinches mugrosos, güey.
Quiero saludar al Binomo de Oro, el Isaac Guerra Fuentes.
No, güey, otra vez ya los confundí.
Salvador Guerra Fuentes, César Ramírez Castillo.
Los estoy haciendo un ente único como el pinche flaco del alien, cabrón.
Es como una cosa masapotesca, güey.
Ay, qué horrible, güey.
Ya voy a ser oficial, güey.
Y luego quiero saludar a Limuris, que hoy le otorgo su armadura cimeriana por hacer el paro de hacerme mi loguito de la batalla cultural, güey.
Y luego quiero saludar también a mis guerreros sagrados, a todos mis huéspedes.
Quiero saludar a Carlitos Pérez Chávez, al Sergio Scott, que ya no faltan mis oraciones.
Lo mismo que la Alexandra Castroba.
Y luego quiero saludar al Cheo Simon, güey, que también siempre soporta chido.
Quiero saludar al Enrique Alturi y al Osiris.
Por supuesto que a David Cruz, que nosotros sí nos mensajeamos uno como con otros.
Quiero saludar a Frank Grotesque, que hoy se reportó, ya me enseñó el diseño, el avance, el proyecto de precisamente el flaco este maníaco de alien.
Romulus.
Romulus.
¿Quién más se mezcló por allí? Bueno, pues quiero saludar a mi amigo Rubén, a su novia Sara, a mi amiga Bárbara, que me hizo el favor de visitarme.
A Bárbara.
A Bárbara, la Barbie Báfumet, cabrón.
¿De dónde es esa? De ahí del bar, güey. Llegó y me regañó. Me dijo, ¿cómo quedan sos en la barra? No, le dije, acá ando en el Beer Saloon de Domingo Arrieta.
La princesa me dice, pues ahí en Domingo Arrieta, Quintana Madre, por la CEP.
Por Pizali, güey, es que todo está por allí siempre, Simón.
¿Es el que está arriba? No, está adelante de la placita, en un localito único.
Está a gusto, pues yo quise irse precisamente porque está tranquilo, güey.
Y luego me dijo, ¿y a qué hora sales de trabajar, la inocente? No, ¿a cuál pinche de trabajar? Si aquí estoy de borracho.
Y ni tarda ni perezoso fue alcanzarme hasta allá. Muchas gracias por el tiempo y la atención.
Y luego quiero saludar, aquí no hay falta nadie, ¿verdad? Aparentemente.
Yo creo que no.
A veces no la cagué.
El Mike Cervantes que ya estaba en mis huéspedes. Y ya, vas tú.
Vámonos con los saludos reglamentarios del día de hoy.
A Marianita, ¿cómo no? Saludos a don Sergio Scott, que ahí tengo unos textos de él no leídos.
Seguramente es alguna misiva que leeremos en la sección de los saludos de la perrada.
A don Osiris y a todos sus discípulos de su templo zen, que conmigo.

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